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Expansión y contracción de la renta

marzo 24, 2008

Brown celebra el 1-0 del Manchester United ante el Liverpool.

No. A pesar de lo que pueda parecer por el titular del artículo, no, no nos vamos a dedicar a explicar cómo se realiza la llamada declaración de la renta, ni tampoco de cómo lograr estirar nuestro salario. No. Hablamos de las rentas o ventajas de puntos que tienen los líderes de los tres principales campeonatos ligueros europeos. Es decir, hablamos de la Premiere League, del Scudetto y de nuestra Liga. Y si hablamos de líderes, lo hacemos de Manchester United, Inter de Milán y Real Madrid. La última jornada de competición doméstica ha dejado al ManU más líder que en cualquier otro momento de la temporada y paradójicamente, también ha dejado a Inter y Real Madrid más débiles que en cualquier otro instante del presente curso futbolístico.

La Premiere League ha sido la liga más reñida de las tres grandes. Al menos lo ha sido hasta este mes de marzo. Pero los pinchazos del Arsenal han facilitado que el Manchester United coja una ventaja de cinco puntos sobre el segundo, posición que los gunners han cedido al Chelsea tras su último enfrentamiento, y seis sobre el cuadro que dirige Arsene Wenger.  Y todo ha sucedido en la última jornada de campeonato. Una jornada especial dentro del fútbol inglés. El llamado super sunday o grand slam sunday. Domingo en el que se produce un doble enfrentamiento en la cima del fúbol inglés. Por un lado, el clásico de la Premiere entre los dos clubes más laureados del país: Manchester United y Liverpool. Por el otro, el duelo entre los dos mejores equipos de la capital, es decir, entre Chelsea y Arsenal. Una jornada que la Premiere diseña para que se produzca dos veces por temporada y que hace que los espectadores globales nos sentemos en nuestro sillón de casa para ver de manera consecutiva estos dos apetitosos encuentros en los que se miden cuatro de los ocho clubes europeos que disputarán los próximos cuartos de final de la Liga de Campeones.

El primero de ellos fue el Manchester United-Liverpool que se disputó ayer en Old Tratford. El encuentro se resolvió de manera favorable para los diablos rojos. 3-0. El conjunto de Alex Ferguson sacó partido de la expulsión del argentino Mascherano. Aunque antes ya se había adelantado el United gracias a un gol logrado por Brown en un desajuste defensivo de los reds. Rafa Benítez, entrenador del Liverpool, se ha cansado de decir que su equipo se maneja mejor en la Champions League que en la Premiere. Su motivo es claro. El técnico español piensa que en Europa los partidos son más tácticos mientras que en la Premiere el gol puede llegar en cualquier balón colgado al área. Así llegó el primer tanto. Un balón en largo que parecía que se iba a perder por una banda fue recuperado por Rooney, el único de los 22 que tuvo la fe de buscar el cuero. El ex del Everton puso un centro al área donde, sorpresa, sorpresa, apareció un central para enviar el balón a la red de Reina sin oposición de la zaga red.

Después llegó la jaimitada de Mascherano. El argentino se enzarzó en unas protestas estériles con el colegiado del encuentro, que acaba de mostrar una amarilla a Fernando Torres por protestar, y vio la segunda cartulina del encuentro por lo que fue expulsado. El Liverpool quedó a merced del United y éste sentenció el encuentro con los goles de Cristiano Ronaldo y Nani.

Media hora después de la conclusión del duelo de Old Tratford dio comienzo el partido de Stamford Bridge. El derbi londinense entre Chelsea y Arsenal. El conjunto de Arsène Wenger parece haber perdido el norte en la Premiere después de su visita a Birmingham y tras la lesión de Eduardo Silva. Los gunners se presentaban en el feudo del Chelsea con la necesidad de romper con la racha de cuatro partidos empatados que había enlazado. Por su parte, el Chelsea tenía la primera ocasión de la temporada de superar al Arsenal en la clasificación de la Premiere. Además jugaba en Stamford Bridge, donde llevaba más de cuatro años sin ceder una derrota en Premiere. De hecho, el último verdugo liguero precisamente había sido el Arsenal que logró un 1-2 el 21 de febrero de 2004. De los diez últimos enfrentamientos en Stamford Bridge, siete habían sido empates, dos victorias del Chelsea y otra del Arsenal.

Sagna adelantó a los gunners al inicio del segundo tiempo. Paracía que el Arsenal podía romper la imbatibilidad como local del Chelsea pero apareció Drogba que con dos tantos propició la remontada blue. Tres puntos importantes para el Chelsea de Avram Graham que asciende al segundo puesto y se sitúa a cinco puntos del líder pero tiene un as bajo la manga, el enfrentamiento ante el Manchester United en Stamford Bridge en el último fin de semana de abril, a falta de tres partidos para la conclusión del campeonato.

Rescaca europea
A mediados de febrero, antes de que se disputasen los partidos de ida de la Liga de Campeones, Inter de Milán y Real Madrid no sólo eran los favoritos a ganar su respectivos campeonatos domésticos, sino que además eran los únicos candidatos. Los interistas adelantaban en 11 puntos a la Roma, mientras que los madridistas mantenían cinco puntos de ventaja sobre el FC Barcelona. Renta que una semana después iba a ampliar hasta los ocho.

Tras la disputa de las eliminatorias de octavos de final, en la que tanto el Inter como el Real Madrid fueron apeados de la máxima competición continental de clubes, neroazurros y blancos han entrado en barrena en su campeonato local. La resaca europea se extiende a la liga. En la Seria A, el Inter, que no había perdido ningún partido durante la temporada, ha sido derrotado en dos ocasiones y además tan sólo ha ganado dos de los últimos siete encuentros. Por su parte, la Roma, que desperdició una gran ocasión de acercarse al Inter en su duelo directo en San Siro, también está afectada por la resaca europea. Pero en este caso, la afección es positiva. Ha ganado cinco de los últimos siete partidos, ha perdido uno [el derbi romano] y ha cedido otro empate. Tras ganar al Siena gracias a un gol de Panucci y la derrota del Inter en San Siro ante la Juve, los de Spalletti se han situado a cuatro puntos del Inter.

Restan ocho jornadas para la finalización del Scudetto. El Inter tiene un calendario más complicado que la Roma. Deberá jugar ante los dos equipos que pugnan por la cuarta plaza del campeonato: Fiorentina y Milan. Por su parte la Roma no va a tener que enfrentarse a ninguno de los seis primeros clasificados. Tendrá que verse las caras con Udinese, Sampdoria y Génova que están en plena contienda por un puesto en la Copa de la Uefa. El resto de rivales serán de la zona media y baja de la tabla: Cagliari, Livorno, Torino, Atalanta y Catania.

El Inter ya sabe lo que es perder una Liga que tenía prácticamente ganada. Fue en la y temporada 2001-2002. El conjunto que por entonces entrenaba Héctor Cúper era el gran favorito al título pero no pudo resolver su victoria antes de la última jornada de campeonato. Tras sus pasos estaban la Juventus y la Roma que también llegaron con opciones a la última jornada. El Inter visitaba el Olímpico de Roma para medirse al Lazio que se jugaba entrar en la Uefa. Se adelantó en el marcador y cuando todo pintaba a su favor, llegó la reacción del Lazio y el hundimiento interista. Al final, 4-2 y título para la Juventus. De hecho, la derrota ante el Lazio también impidó que los neroazurri quedasen segundos ya que la Roma ganó su partido y obtuvo el subcampeonato.

Nueve derrotas
La última jornada de 2007 dejó al Real Madrid con siete puntos de ventaja sobre el FC Barcelona. El conjunto que dirige Bernd Schuster había ganado por 0-1 en el Camp Nou gracias a un gol de Batista y a un gran rendimiento colectivo y defensivo del once madridista. Una victoria importante a efectos clasificatorios y psicológicos. Tras el segundo partido de la segunda vuelta, el Real Madrid ampliaba su renta a nueve puntos gracias a su triunfo sobre el Villarreal y al empate del Barça en San Mamés. La Liga estaba sentenciada, o eso se pensaba, y el Real Madrid comenzaba a pensar en su asalto a la Liga de Campeones, en el trébol, etc… Pero lo cierto es que tras perder nueve de los 15 encuentros disputados por el Real Madrid en 2008, la Liga se ha vuelto a abrir.

Las derrotas ante el Betis y el Getafe acercaron al Barça a dos puntos del liderato. Pero los culés pincharon en su desplazamiento al Vicente Calderón y en el Camp Nou ante el Villarreal. Pinchazos que estuvieron acompañados por triunfos madridistas en Huelva y en el Santiago Bernabéu ante el Español. La renta se expandía de nuevo hasta los ocho puntos. Todo parecía decidido pero el Real Madrid se ha empeñado en dar vida a sus perseguidores cayendo en La Coruña y perdiendo en el último minuto ante el peor Valencia CF de la última década. Ahora, cuatro son los puntos de ventaja sobre el FC Barcelona y seis sobre el Villarreal. La ventaja para el Real Madrid es que no tendrá que alternar la liga con la exigencia de la Liga de Campeones, en la que sí está el Barça, y que a falta de tres jornadas para la conclusión recibe en el Santiago Bernabéu al conjunto de Rijkaard. Todo parece indicar que la Liga se decidirá en ese partido, aunque la irregularidad que están mostrando los dos grandes del fútbol español hace difícil pronóstico. Pero ninguno de los dos debe descuidarse si no quieren lamentar que el tercero en discordia, el Villarreal, se lleve el título a Castellón.

Sporting-Real Sociedad: Tiempos mejores

marzo 21, 2008

Zamora, celebrando su gol en El Molinón.

Mañana sábado 22 de marzo, a partir de las 18.30 horas y retransmitido por ETB-1, Telemadrid/La Otra, Televisión Asturiana, TVG y Televisión de Murcia, el estadio gijonés de El Molinón acogerá un encuentro entre dos de los clubes más clásicos del fútbol español: Sporting de Gijón y Real Sociedad. Dos equipos que pelean por el tercer puesto de Segunda División, o Liga BBVA como en realidad se llama la categoría de plata del fútbol nacional, que les permita regresar a la élite del balompié hispano. Un punto es la mínima renta que tiene el cuadro vasco sobre el asturiano. A falta de 13 jornadas para la conclusión del campeonato en Segunda, el encuentro no será decisivo, ni una final, pero sí que servirá para respaldar el anhelo de ascenso de uno de los dos ya que los dos primeros puestos, ocupados por Numancia y Málaga, están muy lejos de ambos -doce y ocho puntos- y el Elche está a poco más de un partido de alcanzar esta privilegiada posición. En la primera vuelta, el Sporting venció en Anoeta por 0-1.

Hablar de un Sporting de Gijón-Real Sociedad en El Molinón hace recordar a los aficionados al fútbol aquella tarde dominical de un 26 de abril de 1981. La Liga, la de Primera, estaba en juego en el feudo rojiblanco. La Real Sociedad de Alberto Ormaetxea tenía una cita con la historia. Si ganaba se proclamaba campeón de Liga. Una Liga que ya se había burlado del cuadro txuri urdin un año antes. Con la derrota en Sevilla, única de la campaña liguera, que sirvió el título en bandeja al Real Madrid. Ese 26 de abril, como un año antes, el rival de los donostiarras era el conjunto capitalino. Un conjunto capitalino que jugaba en Zorrilla ante el Real Valladolid y en el que uno de sus jugadores más importantes, el carismático Juan Gómez ‘Juanito’, había prometido recorrer el césped pucelano de rodillas si su equipo se alzaba con el campeonato.

A la Real Sociedad le valía el empate ya que tenía ganado el gol-average al Real Madrid gracias al 3-1 logrado semanas antes en Atocha en un encuentro que no parecía  importante para el devenir de la Liga. Importante no fue. Fue decisivo, como se demostró en la última jornada. La Real no estaba convenciendo con su juego y supuestamente no aspiraba al título. Un título que iba a estar entre Atlético de Madrid, FC Barcelona y Real Madrid. El Atleti sufrió una gran pájara en la segunda vuelta y se desfondó; el Barça se despistó debido al secuestro de Quini, que provocó una serie de malos resultados que le costaron el título; y el Real Madrid aspiraba a un doblete histórico: Liga y Copa de Europa. Ante pájaras, despistes y devaneos europeos, la Real Sociedad se fue aproximando a la cabeza con sumo sigilo. Inesperandamente consiguió una gran racha en el último tercio de campeonato. En los nueve partidos anteriores a la última jornada, la Real de Ormaetxea volvió a ser el equipo compacto del curso anterior, ganó ocho encuentros, entre ellos el ya citado 3-1 al Real Madrid el 8 de marzo de 1981, y empató uno. Ello le valió llegar de líder a la última jornada de campeonato.

El tercero en discordia en esta historia fue el Sporting de Gijón. El cuadro asturiano estaba viviendo los mejores momentos de su historia. El brujo y sus 27 dianas habían llevado al Sporting a Primera en 1977. En su primera campaña, los rojiblancos lograron una meritoria quinta plaza que les dio derecho a jugar la Copa de la Uefa. Al siguiente curso, llegó un inesperado subcampeonato de Liga tras acabar en segundo puesto, por detrás del Real Madrid del que quedó a cuatro puntos En la 1979/80 se clasificó en tercera posición, por detrás de Real Madrid -campeón- y Real Sociedad -subcampeón-. En esta campaña, de nuevo, Quini logró el pichichi gracias a los 24 goles que facturó. El registro goleador del delantero asturiano le llevaron a fichar por el FC Barcelona que abonó un cifra récord para la época: 83 millones de pesetas.

A pesar de no contar con Quini, el Sporting de Gijón no realizó una mala campaña en la temporada 1980/81. En Liga no había estado al nivel de las dos temporadas precedentes. Llegaba al partido sin jugarse nada. Estaba a tres puntos de Valencia CF y FC Barcelona, que respectivamente ocupaban los puestos cuarto y quinto con 40 puntos y cerraban los puestos que daban derecho a jugar la Copa de la Uefa. En Europa había caído en primera ronda ante el Bohemians. 3-1 lejos de El Molinón y un 2-1 insuficiente en Asturias. 

El leonés Abel Díaz y el argentino Enzo Ferrero habían tomado el relevo de Quini en la delantera sportinguista. El primero logró 13 goles en 33 partidos y el segundo hizo 15 en 31. En la zaga estaban históricos sportinguistas como Cundi o Maceda. El entramado defensivo astur se vio reforzado esta temporada por la irrupción de Jiménez, que disputó los 34 encuentros. En la medular tenía a un gran volante en Joaquín, que es el jugador que en más ocasiones ha vestido la zamarra rojiblanca, y también contaba con Mesa.

La temporada gijonesa se iba a salvar en la Copa del Rey, en la que alcanzaría la final tras eliminar sucesivamente a Ponferradina [1-0 y 2-8], Levante [o-2 y 0-3], Real Madrid [1-1 y 3-2] y Sevilla [2-0 y 0-0]. El Sporting terminaría alcanzando la final que se disputó en el Vicente Calderón el 18 de junio de 1981. Una final que terminaría ganando el Barça gracias a la contribución estelar de Quini, que con once dianas se convirtió en el máximo Pero en el momento en el Sporting de Gijón recibía a la Real Sociedad todavía no se había disputado las últimas rondas del torneo del K.O. por excelencia.

Vicente Miera, por entonces inquilino del banquillo del Sporting de Gijón que años después terminaría siendo seleccionador absoluto por un breve periodo de tiempo aunque el suficiente como para ganar el oro olímpico en Barcelona’92 con los sub-23, dispuso para recibir a la Real Sociedad el siguiente once inicial: Castro, Redondo, Maceda, Jiménez, Cundi, Uría, Joaquín, Mesa, Ciriaco Cano, Abel Díaz y Enzo Ferrero. Por su parte, Alberto Ormaetxea elegió el siguiente equipo inicial: Arconada, Celayeta, Kortabarría, Górriz, Olaizola, Diego Álvarez, Perico Alonso, Zamora, Idígoras, Satrústegui y López Ufarte. El colegiado de la contienda fue Enríquez Negreira.

El choque no puedo comenzar de manera mejor para la Real Sociedad. A los siete minutos de partido el colegiado señaló un penalti que el capitán Kortabarría se encargó de transformar. El cuadro txuri urdin estaba más cerca de la Liga. Todo cambió al borde del descanso. En Zorrilla, en el minuto 43, Santillana adelantaba al Real Madrid. Hecho que unido al gol que el sportinguista Mesa lograba en el 44′ de la primera mitad hacía que la Liga estuviese más cerca del Bernabéu que de Atocha. Un título que se vistió totalmente de blanco al minuto de la reanudación. El Sporting se adelantaba en el marcador gracias a otro gol de Mesa. El 2-1 de El Molinón unido al 0-1 de Zorrilla daban el título al Real Madrid de Vujadin Boskov. Pepe Moré equilibró el duelo en Pucela en el minuto 57 pero Santillana -72′- y Stielike -84′- lograron dos tantos más que daban el triunfo al Real Madrid. El partido de Valladolid concluyó antes que el de Gijón. Juanito estaba cumpliendo su promesa cuando, en el descuento,  Zamora cogió un rechace en el área del Sporting e hizo el 2-2 fina. Un gol que daba a la Real Sociedad el punto que necesitaba para ganar el su primera Liga e inaugurar el periodo de las cuatro ligas vascas.

Seguramente mañana sobre El Molinón planeará el recuerdo de este partido por muy diferentes que sean las circustancias de ambas entidades. Los dos desean regresar a la élite nacional. El Sporting de Gijón lleva fuera de ella desde 1998 y la Real Sociedad desde el curso pasado. Dos históricos y un destino: el ascenso a Primera. Destino que tan sólo podrá alcanzar uno.

Datos del artículo:

Autor: Carlos A.S.
Fecha: 21 de marzo de 2008.
Fuentes: Sporting de Gijón, Real Sociedad de San Sebastián, Liga de Fútbol Profesional, Uefa, Wikipedia, Corazón Txuri Urdin y Futbolme.com.
Hilo musical: Duffy: Rockferry [Polydor, 2008] y Expressos: Promises & Ties [WEA, 1981].

Copas en blanco y negro

marzo 14, 2008

La Copa de 1913.

La memoria y el fútbol no suelen caminar de la mano. Más si hablamos de la historia futbolística anterior a la Segunda Guerra Mundial. Habitualmente se tiende a pensar que el periodo que precedió a la contienda forma parte de la prehistoria del fútbol. Pero, prehistoria o no, al fin y al cabo es historia. En esos días en los que el balompié comenzaba a profesionalizarse en nuestro país y en los que los aficionados ya seguían con interés este deporte fue cuando brilló el Real Unión de Irún. Club guipuzcoano que con esa denominación ganó tres Copas o Campeonatos de España que lucen en sus vitrinas junto con la lograda en 1913 por el Racing Club, entidad que se fusionó con el Sporting Club para crear un único equipo en la ciudad fronteriza. Fueron los tiempos de ilustres futbolistas de la época como René Petit, Egiazabal, Vázquez, Arabolaza, Patxi Gamborenea, Luis Regueiro, Elicegui o Sagarzazu.

LOS PRIMEROS PASOS. La llegada del fútbol a España se produjo de varias maneras. La más conocida es la de los trabajadores ingleses de las minas de Río Tinto. Otra fue la que llevó el fútbol a Irún y al País Vasco. La situación estratégica de Irún en la frontera con Francia favoreció que los irundarras entraran en contacto con este deporte. El balompié se introdujo y difundió antes por tierras galas que por las peninsulares. El primer club que se fundó en la población fue el Irun Football Club en 1902. Cinco años más tarde cambiaría su denominación por la de Sporting Club de Irún. La armonía no iba a durar mucho en la entidad y en 1908 se produjo una escisión que dio lugar al nacimiento del Racing Club.  

Un once inicial del Irún Sporting Club.La existencia de dos clubes en una localidad de 10.000 habitantes hizo que Irún se dividiese en dos mitades que iban a rivalizar, y mucho, durante el siguiente lustro. El primero de los dos que quiso medir fuerzas con el resto de equipos del país fue el Sporting Club. Se inscribió en el Campeonato de España de 1910, aunque finalmente no participó, y en el de 1912, donde cayó en semifinales por 2-1 ante la Sociedad Gimnástica Española.  

En 1913 llegó el turno para el Racing de Irún. En este año, al igual que había sucedido en 1910, hubo dos Campeonatos de España. La Copa oficial organizada por la Federación y otra en la que únicamente participaron los conjuntos adscritos a la Unión Española de Clubes. En ésta última competición, el FC Barcelona se impuso a la Real Sociedad aunque sufrió ya que se disputaron tres encuentros para dilucidar el nombre del campeón. En el torneo oficial, el Racing de Irún se deshizo en semifinales del España de Barcelona –primer nombre del RCD Espanyol de Barcelona- por 1-0. En la final se iba a ver las caras con el Athletic de Bilbao, que había eliminado al Real Madrid y que aspiraba a su quinto título. El primer partido registró un empate [2-2] tras la prórroga, por lo que fue necesario la disputa de otro encuentro de desempate. En la repetición, el Racing de Irún ganó gracias a un tanto de San Bartolomé.

Once inicial del Racing Irún en la final de Copa de 1913.LA UNIÓN. La celebración del título provocó un acercamiento entre el Sporting y el Racing. La leyenda dice que fue el monarca de la época –Alfonso XII- el que medió entre los dirigentes de ambas entidades para que acabasen con la división y formasen un único club en Irún. Las conversaciones llegaron a buen puerto el 9 de mayo de 1915. Los dos clubes se fusionaron dando lugar al Unión de Irún que posteriormente terminaría añadiendo el ‘Real’ debido a la mediación de Alfonso XIII. El equipo adoptó los colores del Racing, es decir, camiseta blanca y calzón negro, en lugar de los del Sporting, que vestía una indumentaria rojiblanca con una disposición similar a la del Feyenoord holandés.  El primer encuentro que disputó el Real Unión fue ante la Real Sociedad de San Sebastián. Este partido también significó el nacimiento de una rivalidad que sustituyó a la que mantenían Racing y Sporting. Real Unión y Real Sociedad durante dos décadas pugnaron por la supremacía del fútbol guipuzcoano, cuestión nada trivial ya que desde 1914 para participar en la Copa había que ganar el torneo regional. Primero fue el llamado ‘Campeonato del Norte’ en el que los conjuntos vascos dilucidaban su representante en la fase final de la Copa. En esta fase previa, además de Real Unión y Real Sociedad, estaban dos potentes clubes vizcaínos que también rivalizaban entre sí: Athletic Club de Bilbao y Arenas de Getxo. La primera vez que el Real Unión logró ganar el Campeonato del Norte fue en 1918. Se clasificó para la fase final de la Copa que se iba a disputar en Madrid. El Real Unión se deshizo consecutivamente de Sporting de Gijón y Fortuna de Vigo por sendos 4-1. En la final se iba a enfrentar al Real Madrid en el campo de O’Donnell, que era donde el Atlético de Madrid disputaba sus partidos como local.  

El Real Madrid defendía el título que había logrado en 1917 ante el Arenas de Getxo. En aquella final había deslumbrado un joven francés: René Petit. Fue el encargado de igualar el resultado gracias a una extraordinaria jugada en la que las crónicas de la época relataban que dribló a cuatro defensores del Arenas de Getxo antes de hacer el 1-1. Después, Álvarez haría el 2-1 final. René Petit era de padre francés y madre madrileña. Nació por casualidad en tierras francesas ya que su padre residía en Irún porque era el jefe de Tráfico de la Compañía del Norte de España. A pesar de su residencia en Irún, posteriormente marchó a Madrid para estudiar Ingeniería de Caminos. En la capital se enroló en las filas del Real Madrid. Formaba de delantero junto con Santiago Bernabéu. Se dice que fue uno de los primeros jugadores totales de la historia del fútbol. Gracias a su capacidad física podía desenvolverse en varias posiciones aunque él siempre formó con el ‘9’ a sus espalda. Un jugador que combinaba su potencia física con dosis de calidad para tocar, pasar y marcar goles. Jugó 30 partidos como madridista en los que anotó 13 goles.

Llegó a Irún y con él despegó el Real Unión. Fue un jugador fundamental en los años dorados de la entidad, aunque no lució en exceso en la final de 1918 ante su ex equipo. Los plumillas madrileños admitieron la superioridad irundarra, pero se quejaron amargamente del primer tanto del Real Unión obra de Legarreta. Se dice que fue un gol fantasma, que no llegó a entrar, pero que fue concedido por el árbitro. Al final, el Real Unión ganó su primera Copa por 2-0.  

LOS FELICES AÑOS 20. A la década de los años 20 se les suele llamar como la de los ‘felices años 20’ debido a la bonanza económica que se vivió tras la conclusión de la Primera Guerra Mundial. Más felices fueron en Irún si hablamos exclusivamente en términos futbolísticos. Esta década también iba a ver cómo se enconaba la rivalidad entre el Real Unión y la Real Sociedad. El factor clave se produjo en la temporada 1918-19, en la que el Campeonato del Norte se dividió en los campeonatos de Vizcaya y Guipúzcoa. El torneo guipuzcoano iba a ser una mano a mano permanente entre irundarras y donostiarras. Y la rivalidad iba a empezar a gestarse desde la primera edición del torneo provincial. El campeón fue la Real Sociedad pero el Real Unión no perdió ningún partido. En el último encuentro se enfrentaron en San Sebastián la Real Sociedad y el Real Unión con el título en juego. El Real Unión se retiró del partido al considerar que el árbitro estaba actuando con parcialidad y favoreciendo a la Real Sociedad. Los txuri-urdines iban a caer en cuartos de final ante el FC Barcelona, que le ganó en los dos partidos y que alcanzó una final que iba a perder ante el Arenas de Getxo.  

El inicio de la década también significó el principio de la historia de la selección española. Fue con motivo de los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920. Los jugadores del Real Unión Eguiazábal, Joaquín Vázquez y Patricio Arabolaza fueron convocados. Eguiazábal y Arabolaza formaron de titulares en el primer once de la selección y éste último fue el autor del primer tanto del combinado nacional. Ellos inauguraron un camino que durante los años 20 y 30 iban a seguir otros estandartes del Real Unión como: Patxi Gamborena, Echeveste, Errazquin, Sagarzazu, Luis Regueiro, Pedro Regueiro y Elícegui.

 

La década de los 20 deparó seis campeonatos guipuzcoanos para el Real Unión y cuatro para la Real Sociedad. Las tres siguientes ediciones al campeonato de 1919 fueron para el Real Unión y, por ello, disputó la Copa. En 1920 y 1921 cayó en semifinales ante FC Barcelona y Athletic de Madrid –actual Atlético de Madrid- respectivamente. En 1922 iba alcanzar la final tras eliminar al Real Madrid en semifinales. El rival fue el FC Barcelona, del que se dice que era el mejor equipo español de la época y lo demostró en la final ganando por 5-1 al Real Unión. La final fue bronca. Tras el descanso, al que se había llegado con 1-1 en el marcador, llegaron dos goles del Barça y una tangana que comenzaron Patricio y Surroca acabó en la suspensión del encuentro por más de media hora. Tras la reanudación, dos nuevos goles del FC Barcelona.

La Real Sociedad participó en la Copa de 1923, pero el Real Unión volvió a esta competición un año después. En cuartos eliminó al Sevilla, en semifinales al Barça en tres partidos y en la final iba a verse, de nuevo, las caras con el Real Madrid. El escenario iba a ser el campo donostiarra de Atocha, feudo de su máximo rival, la Real Sociedad. El Real Unión se impuso por 1-0 gracias al gol logrado por el extremo Echeveste. La Copa de 1924 iba a Irún.

Once inicial del Real Unión de Irún ante Boca Júniors en 1925.EL PARTIDO CONTRA BOCA. El campeonato guipuzcoano de 1925 fue para la Real Sociedad. Por lo tanto el Real Unión no pudo defender su corona nacional. Pero sí que disputó una final. Ante Boca Júniors. El club argentino era el equipo amateur más importante de Argentina. Había ganado los campeonatos de 1919, 1920, 1923 y 1924. La entidad bonaerense decidió hacer una gira por Europa. Disputó un total de 19 partidos, de los que ganó 15, perdió tres y empató uno. En España se enfrentó a Real Madrid, FC Barcelona, Ahtletic de Bilbao, Atlético de Madrid, Real Deportivo, Osasuna, Español, Celta de Vigo y Selección Catalana, pero el club xeneize quería medirse al campeón de España. No fue fácil conseguirlo. Hubo dos grandes obstáculos: el día de juego y el caché de Boca. El campo de Amute –donde jugó el Real Unión hasta que en 1926 se inauguró el Stadium – no podía acoger el partido durante un domingo ya que se estaban disputando las eliminatorias de clasificación para la disputa de la Copa. Se solucionó pasando el encuentro a un día laborable. Y se cedió a Boca Júniors el 70% de la taquilla para sufragar los gastos de desplazamiento del plantel argentino.

Para Boca Júniors jugar ante el Real Unión era una cuestión de orgullo. No podían regresar de Europa sin enfrentarse al vigente campeón español. El encuentro se disputó el 2 de abril de 1925. Días antes Boca había ganado por 1-0 a la Real Sociedad y al siguiente fin de semana visitaba San Mamés para enfrentarse al Athletic. El encuentro despertó una expectación inusitada en Irún. No sólo en las almas de los 14.000 irundarras, no, sino en las de la provincia, comunidad e incluso más allá de la propia frontera. Según narran las crónicas a Irún llegaron muchos aficionados galos al balompié procedentes de localidades cercanas como San Juan de Luz, Bayona o Burdeos. Se esperaba que Boca demostrase su potencial como lo había hecho ante Real Madrid, Atlético de Madrid o Real Sociedad. Además, tres de los mejores hombres del Real Unión se encontraban lesionados: Echeveste, Luis Regueiro y René Petit. Por ello, el osasunista Gurrucharri formó en las filas del Real Unión.

Los aficionados esperaban que Boca barriese al Real Unión. Fue todo lo contrario. Juanito Errazquin fue la pesadilla xeneize al anotar los cuatro goles del partido. Tres en la primera mitad y otro más en la segunda. Patxi Gamborenea también fue fundamental en este triunfo sobre Boca. El llevó la manija del juego guipuzcoano y entrelíneas surtió de buenos pases a los delanteros irundarras. La Nación de Buenos Aires título la crónica del choque con un rotundo: “El David vasco venció al Golliat argentino, demasiado engreído de su poderío”.

LA ÚLTIMA COPA. En septiembre de 1926 se inauguró el Stadium Gal donde hoy en día sigue jugando el Real Unión de Irún. Fue el inicio de la última gran temporada del conjunto fronterizo. A pesar de que no ganó el Campeonato de Guipúzcoa, que evidentemente acabó en las vitrinas de la Real Sociedad, participó en el Campeonato de España al lograr el subcampeonato. En su camino a la final eliminó a Zaragoza y Athletic de Bilbao en la fase de grupos. Necesitó de un duelo de desempate ante los leones que acabó con 2-1 favorable a los irundarras. En cuartos de final ganó dos de los tres partidos que le enfrentaron al Sporting de Gijón. En semifinales volvió a jugar ante el Real Madrid al que eliminó al vencerle por 1-0. En la otra semifinal el Arenas de Getxo eliminó al FC Barcelona tras batirle por 4-3 en un espectacular encuentro en el que destacó el hat-trick logrado por el delantero arenero Yermo.


El Arenas de Getxo llegaba a su cuarta final de Copa. Había ganado la de 1919 al FC Barcelona y perdido las de 1917 –ante Real Madrid- y 1922 -FC Barcelona-. También era la cuarta final para el Real Unión. Había ganado dos -1918 y 1924- y perdido una –1922-. El partido fue muy igualado. Sin goles. Se llegó a la prórroga. En ella, de nuevo el extremo Echeveste fue el hombre decisivo marcando, al igual que en 1924, el único tanto del partido. El gol que daba su tercer campeonato de España al Real Unión, cuarto si contamos el logrado por el Racing en 1913. Curiosamente esta final fue la última a la que llegaron tanto Real Unión como Arenas de Getxo. Dos clubes históricos en el arranque del fútbol en nuestro país que en la actualidad no viven sus mejores días.

 

LA CREACIÓN DE LA LIGA Y EL DECLIVE. En 1928 se decidió crear el Campeonato Nacional de Liga. Diez fueron los clubes fundadores. La creación de esta competición no fue ni mucho menos fácil. En el origen estuvo una propuesta de José María de Acha, presidente del Arenas de Getxo, que quería crear una competición al estilo inglés, es decir, todos contra todos a dos vueltas. Pero Acha quería que el campeonato tan sólo lo disputasen los seis equipos que había ganado el Campeonato de España de Clubes. Es decir, Athletic de Bilbao, Real Madrid, FC Barcelona, Real Unión de Irún, Arenas de Getxo y Real Sociedad, que había heredado el título logrado por el Ciclista San Sebastián en 1909. Esta propuesta provocó gran tensión entre los clubes ya que había otras entidades que también quería formar parte de este campeonato. Esta división originó la creación de dos campeonatos de la regularidad en 1928. Ninguno de ellos llegó a concluirse. La Federación y Alfonso XIII mediaron en la situación. Al final, el campeonato se creó con diez equipos. A los seis ganadores de la Copa –nombre con el que se iba a conocer desde entonces al Campeonato de España- se les unieron Atlético de Madrid, Español y Europa. El décimo equipo en tomar parte de la primera edición de la liga fue el Racing de Santander, que logró su plaza tras vencer al Sevilla en el Torneo de Clasificación. La creación de la Liga iba a provocar un cambio de denominación en el Campeonato de España, que pasó a llamarse Copa, y una disminución progresiva de la importancia de los campeonatos regionales, que iban a desaparecer a finales de la década de los años 30. 

 

El Real Unión también tiene un hueco en la historia de la Liga. El primer partido que se disputó fue el que le enfrentó al Español en Barcelona. El guardameta del cuadro irundarra Emery también entró en la historia de la Liga. Fue el primero en encajar un gol, obra del delantero perico Prat. La llegada de la Liga y la implantación definitiva del profesionalismo jugaron en contra de los intereses del Real Unión. El conjunto fronterizo tenía menos aficionados que el resto de rivales ligueros y, por ello, menos recursos económicos para mantener a sus jugadores fuertes. Esta inferioridad económica unido al hecho de que las primeras participaciones el Real Unión en la Liga no se saldaron con grandes éxitos, en realidad era un asiduo de la zona baja de la tabla, le fueron restando importancia. En la década de los 30 comenzó la diáspora irundarra. Garmendia se marchó en 1930 a la Real Sociedad, Luis Regueiro, probablemente el mejor jugador del cuadro fronterizo, en 1931 fichó por el Real Madrid y otras piezas clave del gran conjunto de los años 20, como René Petit o Patxi Gamboreanea, alcanzaron la treintena y bajaron su rendimiento.  

Antes del declive final que llegó con la pérdida de la plaza en Primera División en 1932, el Real Unión de Irún se adjudicó sus dos últimos campeonatos de Guipúzcoa en 1930 y 1931. Fue el último canto para un cisne que mañana sábado visitará el campo del equipo de mi ciudad, el Deportivo Guadalajara, para jugarse el cuarto puesto que da derecho a pelear por el ascenso a Segunda. Los del Stadium Gal anhelan el ascenso y el reverdecer viejos laureles, pero ya saben lo que es no poder competir por escasez de recursos. Fueron los primeros, junto con el Arenas de Getxo, en sufrir el rigor del fútbol profesional pero, a pesar de ello, tiene un lugar destacado en la historia, que no prehistoria, del fútbol patrio. Cuatro Copas lo atestiguan.  

Datos del artículo: 
Autor: Carlos A.S.
Fecha: 14 de marzo de 2008. 
Fuentes: Marca, Diario Vasco, Real Unión, Arenas de Getxo, Wikipedia, Enciclopedia del Deporte e Informe Xeneize.  
Fotografías: Real Unión, Diario Vasco e Informe Xeneize. 
Videos: Daily Motion.  
Hilo musical: Toots & The Maytals: Sweet & Dandy [Sanctuary,  2002] y VV.AA.: Trojan Records Ska Box Set [Trojan Records, 2000].

Duelo generacional

marzo 3, 2008

Imagen del partido de ida de los octavos de la final de la Liga de Campeones entre el Arsenal FC y el AC Milan.

Aproximadamente a las 22.40 de la noche del martes 4 de marzo conoceremos el nombre de los primeros cuatro equipos que se despiden de la presente edición de la Liga de Campeones en los octavos de final. El FC Barcelona tiene pie y medio en cuartos de final ya que recibe al Celtic desde la cómoda posición que le da el 2-3 logrado en Glasgow; el Manchester United también cosechó un buen resultado en tierras francesas (1-1) pero deberá evitar que el Olympique de Lyon dé la sorpresa en Old Tratford; mientras que el Sevilla tiene que remontar el 3-2 adverso cosechado en el feudo del Fenerbahçe. Tres eliminatorias que parecen que tienen un favorito claro, otra cosa es que se cumplan los pronósticos, y otra que está abierta: Milan-Arsenal. Los gunners no pudieron en Londres con el actual Campeón de Europa y ahora no pueden perder en San Siro para seguir en la lucha por la corona continental que se le escapó en el 2006. El Guiseppe Meazza lombardo será el escenario donde se represente el segundo y último acto de este duelo generacional que enfrenta a un AC Milan veterano y experimentado en esta suertes europeas ante el bisoño proyecto del Arsenal de Arsène Wenger.

DIFERENCIA JERÁRGICA. El AC Milan de Carlo Ancelotti nunca ha sido un equipo que haya brillado en la liga italiana. Ni mucho menos. De hecho ésta es su séptima campaña en el banquillo rossonero y tan sólo ha ganado un Scudetto (2003-04). Pero, por el contrario, su competición ha sido la Liga de Campeones. El AC Milan, al igual que otros grandes de Europa como Real Madrid, Liverpool o Bayern de Múnich, sufre una fascinación con la máxima competición continental de clubes. Siete Copas de Europa, dos de ellas con Carlo Ancelotti en el banquillo (2002-03 y 2006-07), son el bagaje histórico del club lombardo. Pero a estos siete entorchados hay que sumarle cuatro finales perdidas (1958, 1993, 1995 y 2005). Ancelotti tan sólo ha probado una vez el sinsabor de la derrota en la final de finales. Fue hace casi tres años en Estambul, pero en el curso pasado se tomó venganza deportiva ante el mismo rival –Liverpool- y en el mismo marco –final de la Liga de Campeones-.

Desde que el de Reggiolo se hiciese cargo del equipo milanista los números son bastante elocuentes. En sus cinco participaciones en Liga de Campeones ha alcanzado las semifinales en todas a excepción de en la temporada 2003-04 en la que cayó en cuartos de final ante el Deportivo de la Coruña. Tres finales, con dos títulos, y una semifinal, en la que cayó con polémica en el partido de vuelta ante el a la postre campeón: el Barça. No es difícil de entender. Un plantel veterano que muestra su competitividad y experiencia en los torneos que requieren esfuerzos a corto plazo. Y más si es la última posibilidad de salvar la temporada, como ocurrió en el curso pasado y como está ocurriendo en el presente. La última jornada de la Seria A no fue propicia para el Milan. Un empate a 1-1 en casa ante el Lazio combinado con el triunfo de la Fiorentina ante la Juventus han hecho que el cuadro viola coja cuatro puntos de ventaja sobre los rossoneri en la lucha por el cuarto puesto. Distancia recuperable para los de Ancelotti pero el mensaje del técnico ante el Lazio fue claro. Descanso para su guardia pretoriana. A excepción de Seedorf, que además se lesionó en el transcurso del partido, Gattuso y Pato, el resto eran suplentes habituales. El 0-0 siempre es un resultado peligroso para el encuentro de vuelta en casa y Ancelotti lo sabe, como todo buen conocedor de las competiciones europeas de clubes, por ello quiso dar descanso a sus pilares. 

La diferencia jerárquica en Europa entre AC Milan y Arsenal FC es notable. Mientras lo rossoneri han ganado todas las competiciones internacionales de clubes, los gunners tan sólo pueden sacar pecho con la Recopa de 1994 y, siendo benévolos, con la Copa de Ferias de 1970. Su historial europeo es muy pobre. Y además de pobre de mal recuerdo para los aficionados del Arsenal que han visto como su equipo en poco más de una década ha perdido tres finales: la Recopa de 1995, la Copa de la Uefa de 2000 y la Liga de Campeones de 2006. Europa es la asignatura pendiente tanto del Arsenal como del propio Arsène Wenger. Asignatura pendiente más acusable si hablamos de Copa de Europa o Liga de Campeones. La entidad londinense disputó en dos ocasiones la vieja Copa de Europa. Pudo hacerlo una tercera pero su título liguero de 1989 coincidió con la vigencia de la sanción a los equipos ingleses. En su primera incursión fue apeado en cuartos de final por un Ajax de Ámsterdam que iba lanzado hacia su segundo título consecutivo. En la segunda, primera en la que hubo una fase de grupos después de dos rondas previas aunque a la competición no se la conocía como Liga de Campeones, fue en la temporada 1991-92. En segunda ronda fue eliminado por el Benfica.

Ya con Arsène Wenger en el banquillo y dentro del marco de la Liga de Campeones el Arsenal tampoco ha brillado. No ha sido un habitual de las últimas rondas. Excepto en el 2006, año en el que perdió la final ante el FC Barcelona, las decepciones europeas han sido tónica habitual en Highbury. Tan sólo en dos ocasiones ha alcanzado los cuartos de final. En 2001 perdió ante el Valencia y en 2004 ante el Chelsea. Además en cuatro de nueve participaciones no consiguió pasar de la fase de grupos.

NUEVOS AIRES. Esta falta de brillo en los torneos continentales y, sobre todo, las derrotas en las finales europeas han creado una cierta aura de perdedor o eterno aspirante alrededor del Arsenal. Prácticamente es el único de los grandes de Inglaterra que no ha vivido sus días de vino y rosas en Europa. Liverpool, Manchester United, Aston Villa,Tottenham Hotspur, Everton e incluso equipos más modestos como el Nottingham Forest o el propio Chelsea han sumado títulos continentales y, sobre todo, han protagonizado grandes gestas europeas. El Arsenal se aferra con vigor a esa Recopa ganada al Parma gracias a un solitario gol de Alan Smith.

Esa fama de eterno aspirante que tienen los gunners también ha sido ganada a pulso a nivel doméstico. Es difícil encontrar un equipo con tantos segundos puestos. Ocho en Liga -cinco de ellos en la etapa Wenger– siete en FA Cup y Charity Shield, cuatro en Copa de la Liga, dos en Recopa, uno en Liga de Campeones y otro en la Supercopa de Europa. Esta Supercopa de Europa de la temporada 1994-95 es el único enfrentamiento a ida y vuelta que han tenido Arsenal y AC Milan. En aquella ocasión, como en ésta, los italianos contaban con el factor campo a su favor, por entonces por ser el vigente Campeón de Europa. Al igual que hace dos semanas, los rossoneri arrancaron un 0-0 en la ida. En la vuelta ganaron por 2-0.

Si la diferencia en términos de jerarquía europea es notable a favor de los rossoneros. Si dejamos la historia a un lado y nos centramos en el presente de las plantillas, otra diferencia salta a la vista. La edad media de ambos equipos. El AC Milan presenta una media de edad de 30 años mientras que el Arsenal tiene una de 24. Mirando los onces iniciales de la ida, el Arsenal tan sólo alineó a dos mayores de 30 años -Lehmann y Gallas- mientras que el Milan a siete. Tras la final derrota ante el FC Barcelona, el Arsenal apostó por la reconstrucción total. Ya venía anunciándolo pero tras la final de París fue una realidad. Cole, Pirés, Ljumberg, Henry, Cambell y Bergkamp habían cumplido su ciclo. Los Hbleb, Fábregas, Eboué, Senderos y Van Persie pedían su hueco. Antecediendo a otros habituales de Wenger en este curso como Adebayor, Bacary, Bendtner, Walcott, Diaby o Song. Por su parte, los de Milanello a penas han renovado el bloque ni tampoco han apostado por rejuvenecerlo durante toda la etapa de Ancelotti. Salvo la llegada de Kaká, Gilardino y la más reciente de Pato, el resto de fichajes han sido de jugadores consolidados y veteranos. Nesta, Seedorf, Favalli, Cafú, Emerson, Inzaghi y Ronaldo son buen reflejo de esta política de fichajes. La jerarquía y la veteranía del AC Milan de Carlo Ancelotti convierte al cuadro rossonero en uno de los rivales a evitar en Liga de Campeones.

PRECEDENTES. Como ya hemos dicho, el único enfrentamiento en competiciones europeas entre Arsenal y AC Milan es el de la Supercopa de 1994. Boban y Massaro hicieron los goles que dieron el título al Milan en el partido de vuelta disputado en San Siro el 8 de febrero de 1995. En lo que se refiere a enfrentamientos del Arsenal con equipos italianos y del Milan con ingleses, los londinenses presentan mejores números. Las cinco veces que se ha medido a escuadras transalpinas en eliminatorias a ida y vuelta ha pasado. Su balance en Europa ante los italianos es de diez victorias, ocho empates y cinco derrotas. Nunca ha ido a Italia con un 0-0 en la ida, excepto en el enfrentamiento con el Milan en la Supercopa de Europa. La única vez que llevó un empate (1-1) fue ante la Juventus, a quién derrotó en Turín por 0-1 en la Recopa de 1980. La única visita del Arsenal de Wenger al Guiseppe Meazza en Liga de Campeones se saldó con un rotundo 1-5 que sirvió para clasificar a los gunners a octavos de final a costa del Inter.

La estadística del AC Milan ante conjuntos ingleses es favorable a los italianos en lo que se refiere a eliminatorias a ida y vuelta. Ha pasado en seis ocasiones y ha caído en tres. A lo que hay que sumar una Recopa ganada en 1973 al Leeds United. Nueve victorias, ocho empates y nueve derrotas. Tan sólo una vez regresó de las islas con un 0-0. Fue en la primera ronda de la Copa de la Uefa de la temporada 1974-75 y su rival, el Everton. El cuadro rossonero se impuso en la vuelta por 1-0 y se clasificó para la siguiente ronda.

Teorías jerárquicas y cuentas de la vieja a parte, esta noche –20.45 horas/Canal + Deportes- sobre el césped de San Siro se planteará todo un duelo generacional. La vieja guardia de Europa, encarnada por el AC Milan y en su eterno capitán Paolo Maldini, mide fuerzas con el nuevo y joven Arsenal. ¿Jóvenes y sobradamente preparados? La respuesta, esta noche.

Datos del artículo: 
Autor: Carlos A.S.
Fecha de publicación: 03 de marzo de 2008. 
Fuentes: Uefa, RSSSF, Goal.com, BBC, Soccer Base, Pasión Rossonera, AC Milan y Arsenal.
Fotografía: Uefa
 
Hilo musical: The Black Crowes: Warpaint [Silver Arrow, 2008] y The Southern Harmony and Musical Companion [Def American, 1992]; The Faces: Long Player [Warner Bross, 1971].

El ‘hype’ parisino

febrero 17, 2008

El contrato con Canal + favoreció el crecimiento del París Saint Germain que volvió a poner a la capital gala en el mapa del fútbol francés y continental. De la mano de Artur Jorge se granjeó un nombre en las competiciones europeas a costa de eliminar al Real Madrid consecutivamente en Copa de la Uefa (1993) y Recopa (1994). Una campaña después también fue el verdugo del último Barça de Cruyff que se asomó a la Copa de Europa. A pesar de sus buenas actuaciones ante los ‘grandes’ de Europa, su único título fue la Recopa de 1996 tras imponerse por 1-0 al Rapid de Viena. Pero sus resultados fueron reflejo del buen plantel que formó el club parisino a mediados de la década de los 90. Del PSG salieron dos notables jugadores como David Ginola y, sobre todo, George Weah, que ganó el Balón de Oro en 1995 siendo el primer no europeo en ganar este galardón. Además, en sus filas también destacó un guardameta de grandes paradas como Bernard Lamá, vimos la trayectoria europea del brasileño Raí y cocimos las primeras hazañas internacionales de Luis Fernández en un banquillo. Un fenómeno que, como buen hype, duró poco –cinco temporadas- pero hizo mucho ruido mediático, gracias a contar por detrás con la maquinaria de Canal + Francia.

Escudo del PSG.

UN CLUB NUEVO. En términos musicales, cuando se habla de ‘hype’ se habla de un grupo que está de moda gracias a un buen trabajo de marketing, que provoca una sobre cobertura mediática que hace que el producto tenga una gran publicidad independientemente de su calidad. La necesidad de novedad que se ha instalado en la sociedad occidental se estremeció con la llegada a la élite del PSG. Un producto nuevo, detrás del cuál se ocultaba Canal + Francia y que estaba dirigido desde el palco por Michael Denissot. El Paris Saint Germain se hizo un hueco en la aristocracia del fútbol continental en la década de los 90. El club parisino, a diferencia de históricos como Real Madrid, FC Barcelona, Bayern de Munich, Liverpool o Juventus de Turín, no era un club veterano. Ni mucho menos. Su fundación data de finales de los años 70. Su aparición en el escenario futbolístico se debió a que la capital gala se quedó sin equipo. Su primer nombre fue el de París FC, aunque posteriormente mudaría su denominación a la de Paris Saint Germain.

A pesar de que durante la década de los 80 tuvo algunas buenas temporadas. Dos Copas (1982 y 1983), en la primera de ellas con Ardiles en el plantel, y una Liga (1986), con Gerard Houllier en el banquillo, dieron el respaldo necesario al proyecto capitalino. El espaldarazo definitivo llegaría de la mano del operador televisivo Canal +. La colaboración con la cadena televisiva fue decisiva para que el PSG pudiera competir con el Olimpique de Marsella. El conjunto mediterráneo era el gran dominador del campeonato de Liga francés. Había ganado las cuatro últimas ligas (1989, 1990, 1991 y 1992) y había disputado la final de la Copa de Europa de 1991, que perdió en los penaltis con el Estrella Roja de Belgrado. Durante estos años, por las filas marsellesas habían desfilado jugadores del calibre de Enzo Francescoli, Chris Waddle, Jean-Pierre Papin, Tiganá, Stojkovic, Abeddí Pelé, Didier Deschamps, Barthez, Bolí o un joven Eric Cantoná, que no gozó de las simpatías de los técnicos marselleses y debido a su temperamento tuvo que emigrar a Inglaterra sin triunfar en su tierra natal.  En la temporada 92-93 el París Saint Germain comenzó a dar muestras de su potencial. De momento su plantel no podía equiparse al del todopoderoso Olimpique de Marsella de Bernard Tapie, que en esta temporada ganó la Liga de Campeones al AC Milan en el Olímpico de Munich, pero se quedó a dos puntos de los marselleses en el campeonato de la regularidad. En el cuadro capitalino destacaban Lamá, Paul Le Guen, un joven Ginolá, los brasileños Ricardo y Valdo  más los delanteros Nouma y Weah. Es cierto que el PSG no tenía una plantilla para competir con el Olimpique pero decidió contratar a un técnico de prestigio continental. El portugués Artur Jorge se hizo con las riendas del conjunto parisino. Artur Jorge había ganado la Copa de Europa con el Oporto en 1987.

Artur Jorge.El técnico, que se caracterizaba por el gran bigote que portaba, era un técnico conservador. Sus equipos hacían del contragolpe un arte. En el PSG encontró en Valdo al lanzador que necesitaba y a Ginolá el hombre de banda con desborde que necesitaba para poner centros a Weah y Noumá. Habitualmente solía formar con defensa de cinco, donde solían formar Ricardo, Kombouaré, Roche –que posteriormente terminaría su carera en las filas del Valencia que alcanzó dos finales de Liga de Campeones- Le Guen y Colleter. Su zaga fue la tercera menos goleada durante la Liga. Pero el gran día del PSG fue el encuentro de vuelta de la eliminatoria de cuartos de final de la Copa de la Uefa que le enfrentó al Real Madrid de Benito Floro un jueves 18 de marzo de 1993. El conjunto blanco llegaba a la capital parisina con una renta de dos goles (3-1) que había logrado en la ida gracias a un extraño final de encuentro. Con 2-1 Buyo realizó una gran parada que evitó la igualada francesa. En el contraataque Míchel falló un gol clamoroso en línea de gol, pero el colegiado de la contienda pitó un extraño penalti. El propio Míchel ejecutó el lanzamiento pero topó con Lamá que repelió el cuero. El centrocampista blanco se tiró para con el esférico, lo hizo y marcó un esperanzador 3-1.

Instantánea del cabezazo que originó el cuarto gol del PSG ante el Real Madrid en 1993.

¡VAYA NOCHE LA DE AQUEL DÍA! El Parque de los Príncipes, campo poco propicio para el club madridista que en este escenario en 1981 perdió una final de Copa de Europa ante el Liverpool. El Real Madrid todavía sufría las consecuencias de la primera de las llamadas ligas de Tenerife y vivía a la sombra del FC Barcelona, que en la temporada anterior había ganado su primera Copa de Europa. Por ello, la presidencia blanca optó por contratar a un prometedor técnico nacional. Benito Floro, que en el curso anterior había debutado en Primera con el Albacete, era un estudioso del fútbol. Sus ideas mamaban del Milan de Sacchi. Rápidamente puso de moda un vocabulario táctico que no era habitual en el Real Madrid, la Quinta del Buitre vivió más de su inspiración y talento que de la pizarra. Su 4-4-2, con defensa en zona, la presión, el achique de espacios, eran conceptos prácticamente desconocidos en Concha Espina. Desde el mes de enero el Real M adrid experimentaba una mejora en su juego y parecía que los jugadores habían asimilado los conceptos tácticos de Benito Floro. Habían recortado puntos al Barça, del que le separaba tan sólo uno. A pesar de sus buenos resultados, el Real Madrid llegaba a París tras ceder un empate en el Bernabéu ante el CD Logroñés que le había desbancado del coliderato de Primera. 

El encuentro fue histórico para el Paris Saint-Germain y, sobre todo, sirvió para poner el nombre de PSG en el mapa del fútbol continental. El conjunto de Artur Jorge fue superior al Real Madrid. Los parisinos fueron a por el partido desde el principio. Robaron la posesión del balón al conjunto de Floro y el Real Madrid prácticamente no compareció ante Lamá hasta el final del encuentro cuando ya estaba apeado. A pesar del 4-1 final, la primera parte tan sólo dejó un gol. Un tanto necesario para que el cuadro local no perdiese la fe. En la segunda mitad, Ginolá y Weah eran una pesadilla para la zaga blanca. Especialmente mención fue el descosido que Ginolá le hizo a Nando en el lateral derecho. A pesar del vendaval local, el Real Madrid aguantó el 1-0 hasta el último cuarto de hora. Cuando parecía que el PSG había perdido fuelle y se resignaba a una honrosa eliminación ante uno de los grandes del fútbol mundial, un disparo al palo de Bravo cambió el curso del choque. El PSG volvió a creer en la remontada y enseñó el abismo al Real Madrid. Ginolá hizo el 2-0, poco después Valdo firmó el 3-0. Al Madrid sólo le quedaba el milagro de forzar la prórroga. Y lo hizo. El partido estaba loco y Zamorano acertó con la portería de Lamá sobre el descuento. 3-1. El tiempo extra estaba servido, pero la locura del tramo final alcanzó su cota más alta con un cabezazo de Kombuaré que superó a Buyo. 4-1.

La experiencia europea del PSG no iba a prolongarse mucho más en esa temporada. La Juve de Trapattoni esperaba en semifinales. El conjunto piamontés, que se había clasificado tras  eliminar al Benfica, vivía una mala temporada, lejos de la lucha por el título y sintiéndose inferior al Milan, veía en la Uefa la única manera de salvar la temporada. Paradójicamente a los mala temporada, la Juve estaba disfrutando del buen momento que vivía Roberto Baggio. La Juve sufrió en Delle Alpi, ganó 2-1, pero en la vuelta su mayor experiencia fue vital para volver a ganar, esta vez por 0-1, y clasificarse para la final, que terminaría ganando al Borussia de Dortmund (1-3 y 3-0). El primer título de la década de los 90 no se haría esperar. Fue esa misma temporada en la Copa de Francia.

Ra� con la camiseta del PSG.LA NUEVA SENSACIÓN BRASILEIRA
. La dimensión mediática del hype parisino cobró gran importancia en 1993. No fue por la Copa, ni por su subcampeonato liguero, no. Fue por sus victorias ante el Real Madrid. Sí, he dicho victorias en plural. A la eliminación liguera hay que sumarle otro triunfo de gran repercusión mediática. Entre medias de la disputa de los cuartos de final de la Uefa, PSG y Real Madrid disputaban otro partido de gran interés. Ambas entidades estaban como locas por firmar a la nueva sensación que había explotado en Brasil. Raí Souza de Oliveira, futbolísticamente conocido como Raí, era el cerebro del Sao Paolo de Telé Santana que conquistó dos copas Libertadores (1992 y 1993). Pero, sobre todo, el Sao Paolo llamó la atención por ser el verdugo de los dos grandes equipos del fútbol europeo de principios de los años 90:  FC Barcelona y AC Milan. Fue en sendas Intercontinentales. 2-0 al Barça y 3-2 al Milan. En ese equipo, además de Raí, también figuraban: Cafú, Adilson, Vítor –que tuvo un paso fugaz por el Real Madrid-, Müller, Leonardo y Toninho Cerezo, que en el Sao Paulo apuraba sus últimos días de fútbol tras su periplo europeo.
 

Raí, que también ocasionó una puja entre Real y Atlético así como contó con ofertas del Calcio, prefirió el París Saint-Germain porque el campeonato francés era más tranquilo que el español e italiano. Al brasileño le asustaba la presión. Además el PSG fue el único club que se decidió a abonar los 500 millones de pesetas que pedía el Sao Paulo para traspasar a Raí.. Con Raí el PSG reforzaba su estructura ofensiva. Un jugador de clase y calidad para crear el juego ofensivo parisino. Weah y Noumá ya contaban con el pasador que necesitaba, mientras que Raí siempre iba a tener a Ginolá y Valdo ensanchando el campo y a Le Guen protegiendo sus espaldas. El PSG estaba en disposición de asaltar el trono de un Olimpique de Marsella. Ocho puntos mediaron de diferencia entre ambos. Ocho puntos que dieron el título a los parisinos, el segundo tras el de 1986.

Pero, de nuevo, Europa iba a ser el terreno donde el PSG logró una mayor repercusión. Repercusión que, recordemos, es trascendental para todo hype que se precie y, sobre todo, si se tiene a Canal + detrás. De nuevo, el Paris Saint-Germain iba a medir fuerzas con el Real Madrid. De nuevo, en los cuartos de final aunque en esta ocasión de la Recopa. El Real Madrid de Benito Floro había ganado la Copa de 1993, lo que permitió la continuidad del proyecto del ex técnico del Albacete. La temporada 93-94 no estaba siendo buena para el Real Madrid. En Liga estaba casi desahuciado, ya que el campeonato se había convertido en un mano a mano entre FC Barcelona y Deportivo de la Coruña. En Copa, el Tenerife de Valdano, otra de esas espinas que se le clavó al Real Madrid de principios de la década de los 90, había eliminado a los blancos tras ganar por 0-3 en el Santiago Bernabéu.

Cromo en la etapa parisina de David Ginola.OTRA SEMIFINAL.
La Recopa era la tabla de salvación madridista. Una competición el la que los blancos competían en tercera ocasión. En las dos anteriores había alcanzado la final aunque no había ganado el título ya que cayó ante Chelsea (1971) y Aberdeen (1983). Como en la temporada anterior, el asalto de ida de la eliminatoria se iba a dirimir en el Santiago Bernabéu. El Real Madrid no llegaba en un buen momento, Benito Floro era cuestionado, Iván Zamorano no marcaba desde el 5 de diciembre de 1993, Hierro estaba sancionado y Martín Vázquez caía lesionado en Tenerife e iba a causar baja para recibir al PSG. El miedo escénico del Bernabéu, la necesidad de venganza y la historia del Real Madrid eran los únicos argumentos a favor de un conjunto blanco que todavía tenía en la retina la eliminación a manos parisinas del curso anterior. A falta de fútbol, el Madrid enseñó la garra. Tiró de orgullo y corazón. Gozó de buenas ocasiones durante la primera mitad, especialmente un palo de Zamorano y un cabezazo de Ramis que bajo palos despejó la defensa francesa, pero poco a poco fue víctima de la fatiga y de Ginolá. El jugador del PSG se consagró con su actuación en el Bernabéu. Desatascó a su equipo, fue su mejor hombre a la contra, se burló de Sanchis y Lasa para servir en bandeja el gol a Weah. Un Weah que llegaba al Bernabéu discutido. En las últimas semanas era suplente. Pero su gol en Madrid le sirvieron para hacerse con la titularidad y fue el punto de inflexión de su carrera. Ese día nació el gran Weah que se destaparía en las siguientes temporadas.

El 0-1 dejaba la eliminatoria encarrilada para el PSG, pero todavía quedaba la vuelta. Un partido de vuelta que no iba a tener a Benito Floro como entrenador de los blancos, sino a Vicente del Bosque. Los malos resultados y las dudas, unidos a una espectacular bronca de Benito Floro a la plantilla en el descanso del encuentro de liga ante el Lleida que fue difundida por las cámaras de Canal +, le costaron el puesto a Floro cuatro días después de la derrota en la Recopa. No era la mejor noticia posible para un Real Madrid que visitaba el Parque de los Príncipes, justo un año después de su eliminación en la Copa de la Uefa.  El conjunto blanco gozaba de ese espíritu que muestran los equipos cuando el técnico es relevado. Generosidad, esfuerzo colectivo y solidaridad fueron las armas del Madrid de Vicente del Bosque. Butragueño marcó el 0-1 que dio esperanzas de remontar la eliminatoria. Ginolá volvió a ser el jugador decisivo. Fundió a Velasco, un joven lateral derecho que disputaba sus primeros partidos con el Real Madrid. Ricardo, en el saque de una falta en la que Buyo no estuvo muy acertado, empató (1-1) el duelo y puso fin a la rebelión blanca. El PSG se clasificaba para semifinales y el Real Madrid veía como un ciclo llegaba a su fin..

Al igual que le pasó en la Uefa, el PSG iba a caer eliminado de las semifinales de la Recopa por el que equipo que terminaría alzando el trofeo continental. El Arsenal de George Graham vivía sus últimos días de gloria, buscando títulos fuera de una Premiere League en la que el United comenzaba su reinado. Ian Wright adelantó a los gunners en el Parque de los Príncipes, pero Ginolá, que seguía en un gran estado de forma, empató. La vuelta se decidió por un solitario tanto del central Kevin Campbell. El Arsenal terminaría ganando la Recopa gracias a un gol de Alan Smith en la final ante el Parma italiano, equipo que defendía el título.

George Weah con la camistea del PSG en el partido de vuelta de cuartos de final de la Copa de la Uefa disputado en Par�s ante el Real Madrid.EL ESTRENO EN LA CHAMPIONS. Tras disputar las semifinales de la Copa de la Uefa (1983) y de la Recopa (1994), el PSG iba a tener la oportunidad de debutar en la Liga de Campeones gracias al título de liguero que había logrado en el curso anterior. De nuevo fue Europa la que favoreció al hype parisino. Seis triunfos en seis partidos en la fase de grupos, donde destacaron las dos victorias logradas ante el Bayern de Munich (2-0 y 0-1), le dieron la ventaja de campo para la eliminatoria de cuartos de final. La suerte deparaba otro equipo español. En esta ocasión el FC Barcelona de Johan Cruyff que buscaba salvar la temporada a través de la competición continental. El cuadro azulgrana vivía el peor momento de la era Cruyff. Después de ganar cuatro ligas, este año estaba lejos de la lucha por el título y además todo parecía indicar que el campeón sería su máximo rival, el Real Madrid. Además, en la temporada anterior había perdido la final de la Liga de Campeones ante el AC Milan de Fabio Capello. Laudrup se había marchado al Real Madrid en verano y Romario fue traspasado en el mercado invernal. Su sitio fue para Igor Korneiev, un ex jugador del FC Barcelona que fue el encargado de adelantar al FC Barcelona ante el PSG en el duelo de ida. El equipo de Luis Fernández, histórico jugador del PSG que había relevado en el banquillo a Artur Jorge, se vistió con la piel de cordero, a pesar de ser el equipo más goleador y el segundo menos goleado. Además, la eliminatoria contaba con el atractivo de ver sobre el césped a los tres balones de oro –Europa, América y África- del último curso. Stoichkov, Raí, que no salió como titular, y Weah.

El PSG fue superior al Barça durante la primera mitad pero no sacó rédito de su superioridad. En el arranque de la segunda Korneiev adelantó a los azulgranas gracias a un fallo de Lamá. Pero allí estaba Weah para igualar la eliminatoria. Nada más marcar el Barça, dos acciones del liberiano estuvieron cerca de acabar en el 1-1, pero el gol no llegó hasta una acción a balón parado. Un clásico. Saca Ricardo, Weah marca.  

De nuevo, el Parque de los Príncipes de París iba a ser escenario de un choque histórico entre el PSG y un equipo español, esta vez el FB Barcelona. De nuevo, el equipo español era el que se encontraba contra las cuerdas. Y, de nuevo, y es que la historia del hype parisino está llego de constantes ‘de nuevo’, el PSG y el Parque de los Príncipes iban a dar carpetazo a un ciclo de un equipo español. París fue la tumba de la Quinta del Buitre un año antes e iba a serlo del ciclo Cruyff. Bakero adelantó a los azulgranas. De nuevo, Ginolá y Weah, que estrellaron lanzamientos en los postes de Busquets, fueron una pesadilla pero el encargado de finiquitar al Barça fue Raí. Desde su posición en el medio del campo, ejerció de inesperado tercer delantero. Creó juego y decidió en el área rival. Decidió con el empate. Igualada que, de nuevo, llegó en una jugada a balón parado. Marca del PSG. Un córner y cuarto tanto en Liga de Campeones que lograba de saque de esquina el PSG. Guerin, a falta de siete minutos, hacía el 2-1 que evitaba la prórroga. El conjunto de Luis Fernández se clasificaba para las semifinales, donde estaba vez no iba a caer con el campeón final, sino con el campeón en curso. El Milan de Capello batió a los parisinos en el Parque de los Príncipes (0-1) y en San Siro (2-0).

Daniel Bravo en la final de la Recopa de 1996.CAMBIOS QUE LLEVARON A LA RECOPA DE 1996. El hype era completo. El PSG era el equipo de moda en Europa. Un club joven que era capaz de pintar la cara a los grandes del continente. Se ganó la simpatía de muchos seguidores del fútbol y, lo que es más importante, se hizo un hueco en la información deportiva. Pero esa repercusión tiene un precio. En este caso el precio fue las ventas de los dos jugadores más destacados del PSG: David Ginola –traspasado al Newcastle United por 2,5 millones de libras- y George Weah –vendido por 5 millones de libras al AC Milan-. La temporada de ambos fue excepcional. Más en el caso de Weah que a finales de 1995 recibió el Balón de Oro de France Football, siendo el primer no europeo en recibirlo.  

A pesar de estos cambios, el PSG reforzó la parcela ofensiva con Youri Djorkaeff –Mónaco-, Patrice Loko –campeón de la Liga con el Nantes-, el delantero centro panameño procedente del Cagliari Dely Valdés y con el ascenso al primer equipo de un joven canterano llamado Nicolás Anelka, que a comienzo de 1997 fue vendido al Arsenal de Arsene Wenger. Un equipo que iba a brillar especialmente en la Recopa. Su campaña en la Recopa tuvo lustre. Tras deshacerse del Molde en la primera ronda, le tocó el Celtic de Glasgow, a quien eliminó tras imponerse en los dos partidos (1-0 y 0-3). En cuartos el rival iba a ser el Parma. El conjunto parmesano fue otro de los grandes animadores de la década de los años 90. Fue animador tanto en el Calcio, aunque nunca llegó a aspirar realmente al Scudetto salvo en la campaña 1994/95, pero sí ganó varias Copas, y también fue animador en Europa. Ganó la Recopa de 1993, perdió contra el Arsenal la de 1994, y quería volver a probar las mieles del triunfo en esta competición. En la ida se impuso por 1-0 gracias a un gol de Stoichkov, por lo que, de nuevo, tocaba remontar unos cuartos de final en el Parque de los Príncipes. Y así lo hizo el PSG. Aunque con sufrimiento. Raí igualó la eliminatoria pero Melli puso un 1-1 que hacía que los parisinos necesitasen dos goles para clasificarse a una semifinal europeo por cuarto año consecutivo. Loko puso la esperanza y, de nuevo, Raí marcó para acceder a las semifinales. 

Después llegó el turno del Deportivo de la Coruña de Jabo Irureta. Djorkaeff fue el factor que desequilibró el duelo con dos goles. Uno espectacular en Riazor que dio el triunfo a los parisinos (0-1) y otro en la vuelta que también dio la victoria al PSG (1-0). El PSG volvía a hacer historia, de nuevo, a costa de un club español. El PSG estaba en la final. En ella iba a medir fuerzas con el Rapid de Viena, el conjunto austriaco acababa de dar un buen repaso al Feyenoord en semifinales. En la escuadra centroeuropea destacaba un delantero de gran envergadura, Jancker, que posteriormente hizo carrera en el Bayern de Munich. El París Saint-Germain era el favorito para el triunfo en Bruselas y cumplió con los pronósticos, aunque no con la claridad que se suponía. 1-0, gol de N’Gotty que empalmó un disparo tras el saque en corto de una falta por parte de Djorkaeff. El esférico tocó en Schöttel y despistó al guardameta Konsel, quien curiosamente había disputado la última final europea del Rapid en 1985.

Leonardo ante Ronaldo en la final de la Recopa de 1997.LA HISTORIA NO SE REPITIÓ. El PSG había alcanzado su mayor cota de popularidad en el viejo continente. El título de la Recopa daba el espaldarazo definitivo al PSG. Parecía que los parisinos habían llegado a la élite para quedarse. Pero, como suele pasar con todos los fenómenos mediáticos, el hype se desinfló. Antes de desinflarse tuvo momento para entonar el último canto del cisne parisino. Volvió a ser en la Recopa ya que fue vapuleado por partida doble por la Juventus de Lippi en la Supercopa de Europa. El PSG, que en esta temporada incorporó al brasileño Leonardo que junto con Raí habían sido campeones con Brasil en el Mundial de 1994, quería revalidar su título de la Recopa. En primera ronda se deshizo del Vaduz y, en segunda, del Galatasaray. Los turcos ganaron en la ida 4-2, pero sucumbieron en el Parque de los Príncipes por 4-0. El París Saint-Germain también tuvo que decidir en la vuelta la eliminatoria de cuartos de final, pero esta vez no fue en la capital gala sino en la griega. El PSG y AEK habían empatado (0-0) en el Parque de los Príncipes, pero Loko acudió al rescate con un hat-trick que propició el triunfo parisino por 0-3  En semifinales se iba a cruzar con otro de los históricos del fútbol Europeo: el Liverpool. Un Liverpool venido a menos que de las manos de un francés, Gerrard Houllier, quería reverdecer viejos laureles. Pero el hype parisino, de nuevo, pudo con la aristocracia europea. 3-0 en la ida en París. Leonardo y Cauet adelantaron a los galos antes del descanso y Leroy rubricó el resultado en los últimos minutos. El PSG ahora tenía que superar la mística de Anfield. Lo hizo, aunque no sin ser recibir un par de heridas. El Liverpool ganó por 2-0, pero fue insuficiente para remontar.

El PSG disputaba su segunda final consecutiva. Se iba a ver las caras con el FC Barcelona. Uno de esos equipos que había sido víctima del PSG y que había favorecido el hinchamiento del hype parisino. Pero el Barça que se encontró que el conjunto que dirigía Ricardo Gomes, el ex jugador del PSG había dejado sus funciones de manager del club para reemplazar a Joel Bats en el banquillo parisino. Cruyff ya no estaba. Bobby Robson era el técnico azulgrana, aunque los rumores indicaban que al final de temporada iba a ser sustituido por Van Gaal, a pesar de que el inglés tenía contrato en vigor. Pero los jugadores también eran diferentes. Empezando por Ronaldo. El fenómeno brasileño estaba atemorizando a Europa y se estaba perfilando como el único jugador del momento que podía asaltar el Olimpo de los dioses del fútbol, donde moraban Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona. Un jugador capaz de ganar partidos por sí solo. Una potencia inaudita en el fútbol y una precisión de cirujano ante el portero rival le habían convertido en el jugador del momento. Y como todo jugador del momento necesitaba un título que respaldase su temporada. Así fue. Transcurría el minuto 38 de la final, que se disputó en Rótterdam, cuando Ronaldo recogió un balón, se internó en el arma y cuando iba a rematar recibió un penalti de Bruno N’Gotty. El héroe de la Recopa ponía en apuros al PSG. Ronaldo batió a Lamá y el resultado no se movió hasta la conclusión del partido. El Barça ganaba la cuarta Recopa de su historia y firmaba una justicia poética. El PSG se había labrado un nombre, en buena medida, debido a sus actuaciones europeas ante equipos españoles y precisamente iba a ser un equipo español el que le sacase de la élite europea. El Barça pinchó el globo de un PSG que desde entonces no ha vuelto a tener protagonismo ni en Europa ni en Francia. Ahora pelea por no bajar a Segunda. El hype parisino había muerto.

Datos del artículo: 

Autor: Carlos A.S.
Fecha: 17 de febrero de 2008. 

Fuentes: El País, El Mundo, Uefa, París Saint Germain, Olimpique de Marsella, Wikipedia y Soccerbase.
Fotografías: página web del PSG y de la UEFA.

Las cuatro ligas vascas [Parte I: La Real de Ormaetxea]

febrero 10, 2008

Los primeros años de la década de los 80 significaron el regreso del dominio del fútbol vasco. Cuatro Ligas, dos para la Real Sociedad y otras tantas para el Athletic Club de Bilbao, reverdecieron los viejos éxitos del balompié euskaldun. Hasta el título liguero del club donostiarra, la sequía se extendía desde la campaña 1955-56, en la que el Athletic conquistó su sexta liga. Un sequía de títulos ligueros más grave aún si cabe al tener en cuenta que el fútbol vasco había dominado el primer tercio del siglo XX hasta la Guerra Civil. Un total de 16 campeonatos de España, nombre por el que se conocía a la actual Copa del Rey, desde 1902 hasta 1929, fecha en la que se disputó la primera Liga. A este dominio hay que añadir otras cuatro copas que logró el Athletic en la década de los 30 antes del inicio de la Guerra Civil. Pero el impacto vasco no sólo fue a nivel de resultados ya que incluso llegó a crear un estilo de juego. Un estilo similar al del fútbol de las islas, en buena parte también debido al estado embarrado de los campos del norte peninsular, que provocó que con la llegada del profesionalismo al fútbol patrio los clubes de todo el país incorporasen a jugadores vascos para ser competitivos y que buena parte de la selección nacional estuviese compuesta por jugadores de esta comunidad. Algo que también sucedió durante y después de la conquista de las cuatro ligas vascas.

Kortabarr�a e Iribar portando la ikurriña en el derbi de diciembre de 1976 celebrado en Atocha (San Sebastián).

PRIMEROS INDICIOS. Las década de los 60 no fue fructífera para el fútbol vasco. De hecho, en la élite nacional tan sólo contaba con la presencia del Athletic Club de Bilbao. El conjunto vizcaíno consiguió la copa de 1969 y reedito este título en 1973, pero no ganaba la Liga desde 1956. Tan sólo estuvo dentro de la disputa por el campeonato en la temporada 69-70, en la que quedó un punto por debajo del Atlético de Madrid. Esa geneación de leones también logró la Copa de 1973 y alguno de ellos, como Iribar, Gisasola, Lasa, Villar o Chechu Rojo, junto con algunos nuevos valores como Andoni Goikoetxea, Dani, Amorrortu, Alexanco y el repescado Irureta, llevaron al Athletic Club a la final de la Copa de la Uefa de 1977. Dando las primeras muestras de que el fútbol vasco estaba de vuelta.

El cuadro rojiblanco, tras eliminar Ujpest Dozsa húngaro y al Basel suizo, le tocó enfrentarse con el Milan en octavos de final. Los leones supieron rehacerse del gol que Fabio Capello marcó en el minuto 29 para derrotar a los rossoneri por 4-1, gracias a los tantos de Dani –dos, uno de ellos de penalti- y Carlos –dos-. Especialmente importantes fueron los dos goles logrados por los bilbaínos en los últimos diez minutos. El conjunto de Koldo Aguirre se presentaba en la capital lombarda con un colchón de tres goles, pero el encuentro de vuelta no fue nada fácil. Calloni, en el minuto 83 y de penalti, hacía el 3-0 que eliminaba a los leones pero Madariaga, en el minuto 88, transformó una pena máxima que dio el pase a los bilbaínos. La empresa en cuartos de final tampoco iba a ser fácil ya que al Athletic le iba a tocar medir fuerzas con el FC Barcelona de Cruyff y Neeskens. En la ida en San Mamés, al Athletic le tocó remontar el tanto inicial de Asensi para llevar una renta mínima (2-1) al choque de vuelta en el Nou Camp. El encuentro fue un duelo goleador entre Cruyff e Irureta. El de Irún adelantó en dos ocasiones a los leones, pero el holandés puso sendas réplicas. Al final, el Athletic se clasificó para las semifinales donde se iba a enfrentar con el Racing White Molenbeek belga. El 1-1 logrado en la ida sirvió para clasificar al Athletic Club a su primera final europea.

Iribar saludando al capitán de la Juventus antes del sorteo inicial del partido de ida de la final de la Uefa de 1977 disputado en el Comunale de Tur�n el 4 de mayo.
La final, a partido de ida y vuelta, iba a exigir a los leones imponerse a todo un clásico del calcio: la Juventus de Turín, que entrenaba Giovanni Trapatoni y que contaba con un equipo potente donde destacaban Zoff, Scirea, Cuccureddu, Gentille, Tardelli, Bennetti y Bettega. Todos ellos, una temporada después, formaron parte del combinado italiano que alcanzó las semifinales de la Copa del Mundo de Argentina y ganaron dos Ligas consecutivas con la Juventus (76-77 y 77-78). La ida se disputó en el Comunale turinés. Un solitario gol de Tardelli dio ventaja a la Vecchia Signora para el duelo de vuelta en San Mamés. La Catedral registró un gran lleno y un mejor ambiente para empujar a los leones hacia su primer título europeo pero la gesta no fue posible. Bettega adelantó a los transalpinos nada más comenzar el choque. El Athletic se veía otra vez en la obligación de remontar el partido para tener esperanzas de alcanzar el título. Irureta respondió al gol de Bettega con un tanto en el minuto 11 y Carlos llevó la emoción a la final con una diana en el 77, pero faltó un tanto más. La Uefa se fue a Turín. Once inicial del Athletic en el partido de vuelta de la final de la Copa de la Uefa de 1977 disputado el 18 de mayo en San Mamés (Bilbao).La temporada rojiblanca iba a terminar con otra final perdida. La de Copa ante el Real Betis. 2-2 al termino de 120 minutos y derrota por penaltis, con el famoso penalti de Esnaola. Estas dos finales, la de la Uefa y la de la Copa, fueron una llamada de atención sobre la reactivación del fútbol vasco aunque, en realidad, el Athletic de Bilbao que iba a conquistar las dos Ligas iba a ser muy diferente a este equipo de finales de los 70. Eso sí, tres jugadores que militaban en la plantilla que alcanzó al final de la Uefa iban a ser muy importantes en el esquema de Javier Clemente: Andoni Goikoetxea, Dani y Manu Sarabia, que en la campaña 76-77 hizo su debut con el primer equipo. Alberto Ormaetxea, técnico de la Real Sociedad desde la temporada 1977-78 hasta la 1984-85.
EL SEPTENIO DE ORMAETXEA.
La temporada posterior a que el Athletic llegase a la final de la Uefa iba a ser importante en el conjunto vecino y rival de los leones. En verano, la Real Sociedad decidió relevar a José Antonio Irulegui como entrenador y en su lugar puso a Alberto Ormaextea. Un ex jugador del club, que había sido importante en el ascenso txuri urdin a Primera en el año 1964, que nada más colgar las botas se había hecho cargo del banquillo del Eibar. Un entrenador muy de la escuela vasca. Serio, llegó a declarar a El País que: “no me río, porque en esta profesión no te puedes reír de nadie”, implantó una dinámica de trabajo en la Real que llevó al club donostiarra a unos éxitos inimaginables una década antes. Probablemente su filosofía futbolística quedó retratada en esa misma entrevista de 1982 con Javier Martín. “Yo no quiero balas ni vagos. Quiero trabajadores, no futbolistas de una jugada genial para que los espectadores les saquen el pañuelo. El público vive esa jugada, pero el equipo no.  El público no se acuerda de las 99 jugadas falladas por intentar una genial, y la crítica tampoco. La crítica es superficial. Lo comprendo, porque desconoce las órdenes del entrenador, y no se da cuenta del trabajador silencioso, del que cubre los huecos del genial. Es muy diferente el fútbol del espectador y el de la crítica, al fútbol profesional. Aquellos quieren el espectáculo, el profesional la victoria. Hay que ganar como sea, aunque sea aburriendo, el que hace números circenses es, generalmente, a costa del equipo”. Por lo tanto, la receta del eibarrés estaba compuesta por trabajo, trabajo y más trabajo. Por ello, no resulta complicado entender que su rocoso y serio equipo, que a penas hacía concesiones a la galería, despertase admiración en todo el país pero cierto recelo en el propio San Sebastián. Probablemente, muchos de los que estén leyendo este artículo han podido oír la frase de “la Real ganó dos Ligas pesar a Ormaextea”. El caso es que Alberto Ormaetxea perteneció a ese grupo de técnicos que pasan por los banquillos sin alzar la voz sin llamar la atención por sus declaraciones ya que el eibarrés donde hablaba alto y claro no era en las salas de prensa, por entonces mucho menos abundantes que en la actualidad, sino en el campo de entrenamiento.

AL ESTILO IRIBAR. Mientras en Bilbao Iribar apuraba sus últimos años como profesional, en San Sebastián comenzaba a dar sus primeros pasos un joven y avezado cancerbero donostiarra. Luis Miguel Arconada ya había disputado su primera temporada como titular en el curso en el que Ormaetxea fue segundo de a bordo de Irulegui. Con el de San Sebastián, la Real encontró un seguro de vida, como el Athletic con Iribar. Un portero que intimidaba a sus rivales debido a su seguridad bajo los palos y que se convirtió en el capitán de una generación de futbolistas que iba a llevar a la Real Sociedad a la cúspide del fútbol español. Tal vez su leyenda pudo haber sido mayor si no hubiera mediado el incidente de El Parque de los Príncipes que demostró que el cancerbero de la Real era terrenal. Arconada, portero de la Real Sociedad durante la etapa más gloriosa de la entidad donostiarra.Alberto Ormaetxea conocía al club y sabía que dependía de la cantera, es decir, del Sanse para mantenerse en el puesto. En su primera temporada, el eibarrés subió al primer equipo a Perico Alonso y a Gajate, mientras que otorgó su confianza a una serie de jugadores que ya estaban en plantilla, pero cuyo mejor fútbol estaba por llegar. Era el caso de Arconada, Satrustegui, Zamora y López Ufarte. El devenir txuri urdin en Liga no fue para lanzar cohetes, acabó en undécima posición –el mismo puesto que en el último año de Irulegui-, pero realizó un gran torneo del K.O. Tras eliminar a Acero, Toledo, Xerez, Real Madrid y Valencia, la Real Sociedad se enfrentó en semifinales al Barça de Cruyff. La ida acabó 0-0. En la vuelta, Iriarte adelantó al conjunto vasco, pero Migueli y Rexach remontaron el encuentro y dieron el pase a la final a un conjunto blaugrana que terminaría siendo el campeón tras imponerse (3-1) a Las Palmas.

La Copa dio a Ormaetxea el crédito suficiente para seguir dirigiendo a un equipo que poco a poco se iba adaptando a los planteamientos de su técnico e iba creciendo como conjunto. Este crecimiento se manifestó en las últimas jornadas del campeonato liguero de 1979. Tan sólo perdió uno de los últimos diez partidos de Liga, con triunfo incluido en el Nou Camp por 1-3, que le valió para alcanzar la cuarta posición y disputar la Uefa en el curso siguiente. A pesar de ello, el cuadro de Ormaetxea acabó a seis puntos del campeón –Real Madrid- aunque tan sólo a dos de la segunda posición –Sporting de Gijón-.

La temporada 79-80 iba a ser la de la consolidación definitiva del proyecto de Alberto Ormaetxea. En su tercer año como entrenador se estrenaba en Europa, aunque el rival en la primera eliminatoria no pudo ser más complicado: el Inter. 3-0 en San Siro aunque Satrústegui, con dos goles, a punto estuvo de igualar al eliminatoria en Atocha. Así pues, las esperanzas txuri urdines de realizar una buena temporada volvieron a depositarse en el campeonato de la regularidad. Y lo de buena temporada se quedó corto. La Real Sociedad estableció un nuevo récord de imbatilidad, que sigue vigente, al permanecer invicto durante las 32 primeras jornadas de las 34 de las que constaba la Liga. Pero, precisamente, su primera y única derrota de la temporada, cosechada en Nervión ante el Sevilla por 2-1, privó a los de Ormaetxea del título liguero. El Real Madrid de Vujadin Boskov se cruzó en el camino donostiarra y entonó el alirón tras vencer por 3-1 al Athletic de Bilbao en el Bernabéu en el último compromiso del curso. A pesar del sinsabor que dejó el no conseguir una Liga que la Real acarició durante buena parte del campeonato, todo lo demás fueron buenas noticias para Alberto Ormaetxea. Había formado un equipo competitivo en el que se había consolidado el defensa navarro Celayeta [fallecido ayer sábado] y en el que hizo debutar a dos jugadores que iban a tener un papel relevante en la Real Sociedad de los primeros años 80. Se trataba del central irundarra Alberto Górriz, que es el jugador que más veces ha vestido la zamarra txuri urdin,  y del delantero centro vitoriano Pello Uralde. Esa política de sacar a jóvenes valores del filial también llevó a Ormaetxea a incorporar al primer equipo durante la temporada siguiente a Jose Mari Bakero, que con 17 años en la campaña de la primera Liga de la Real Sociedad jugó en 27 encuentros aunque en casi todos ellos saliendo desde el banquillo, y al azpeitarra Juan Antonio Larragaña, que en el Sanse había destacado como centrocampista aunque posteriormente fue reconvertido a líbero por Ormaextea aunque su participación en el primer título fue testimonial ya que disputó nueve partidos, pero estuvo presente en el encuentro en El Molinón.Once inicial que empató (2-2) en El Molinón y dio la primera Liga a la Real Sociedad el 25 de abril de 1981.
PRESIÓN PARA ORMAETXEA. Es cierto que a nadie la amarga un dulce. Lo peor es cuando el dulce empalaga y hace perder la perspectiva a los aficionados. Algo similar  debió pensar Alberto Ormaetxea durante su siguiente temporada en el banquillo de Atocha. La primera vuelta del cuadro donostiarra fue decepcionante para buena parte de la afición txuri urdin. Cinco derrotas –Valencia, Hércules, Real Madrid, Almería y Sporting de Gijón en Atocha- en la primera vuelta, es decir, en los primeros 17 partidos de temporada. La Real Sociedad era cuarta a siete puntos de un Atlético de Madrid que apuntaba al título ya que tenía tres puntos de renta sobre el segundo –Valencia-, seis sobre el Barça –tercero-, y ocho sobre el Real Madrid de Boskov que ocupaba una discreta sexta posición. Un Real Madrid, el de los garcías, que estaba más pendiente de la Copa de Europa, a la cuál llegó a la final que perdería ante el Liverpool [0-1], que de la Liga, aunque iba a reaccionar en la segunda vuelta de campeonato al igual que lo hizo la Real Sociedad.

El Atlético de Madrid, el de los Arteche, Rubén Cano, Dirceu, Julio Alberto, Ruiz, y Marcos Alonso, no tuvo un buen inicio de segunda vuelta. Derrota en Almería en la vigésima jornada [2-1) a las que se le unieron la de la vigésimo segunda en San Mamés [3-1] y el 0-4 logrado por el Betis en el Vicente Calderón en la siguiente fecha del calendario. De esta manera, los colchoneros se presentaron con dos puntos de ventaja sobre el FC Barcelona, que era segundo, en el partido que les iba a enfrentar en el Manzanares a falta de ocho jornadas para la conclusión. Un gol de Marcos acercaba a los rojiblancos al título. Cuatro puntos sobre el Barça, seis sobre Sporting, Real Sociedad y Valencia, y ocho respecto al Betis y al Real Madrid.

Por su parte, Alberto Ormaetxea no vivía un buen momento. El 2-0 cosechado en Barcelona en la jornada 24 prácticamente les descartaba de la lucha por el título y relegaba a los guipuzcoanos a pelear por la clasificación para la Copa de la Uefa. La afición de Atocha criticaba el juego rácano de los de Ormaetxea y no dudaba en silbar a sus jugadores. Pero esa derrota en el Nou Camp ante el cojunto que dirigía Helenio Herrera fue la última de la Real Sociedad que encarriló siete victorias y un empate que le llevaron a alcanzar el liderato a falta de dos jornadas. En esta racha batió al Real Madrid por 3-1 en San Sebastián. La Real Sociedad fue tremendamente superior a un conjunto blanco que había tomado aire en la Liga gracias al desplome que sufrió el Atlético de Madrid, que sumó 15 puntos de los 34 posibles en la segunda vuelta, y el FC Barcelona, que tan sólo ganó dos de los últimos ocho partidos. El desplome azulgrana en buena medida se debió al secuestro de Quini. El asturiano se perdió seis encuentros desde que el 1 de marzo fuese secuestrado tras ganar al Hércules [6-0] y sus afectados compañeros tan sólo pudieron sumar un punto.

Los jugadores de la Real Sociedad celebrando uno de los goles conseguidos en El Molinón.A falta de dos jornadas el campeonato estaba sumamente emocionante. La Real Sociedad era líder con un punto de renta sobre el Real Madrid y Atlético de Madrid, que se enfrentaban en el Santiago Bernabéu, y dos respecto a Valencia y FC Barcelona. El derbi madrileño favorecía a la Real Sociedad que iba a ver como uno de los dos equipos quedaba descartado para el título siempre y cuando los txuri urdines venciesen al Espanyol en Atocha. La jornada no se pudo saldar mejor para la Real. Derrotas de FC Barcelona y Valencia, por lo que ambos quedaban descartados, triunfo blanco por la mínima [2-1] y victoria sufrida en Atocha ante el Espanyol. Satrústegui e Idígoras dieron la vuelta al tanto inicial de Marañón.  La Real Sociedad iba a afrontar el partido más importante de su historia el domingo 26 de abril de 1981. Lo haría en El Molinón gijonés donde el Sporting quería cerrar con victoria una buena temporada que tendría como colofón la final de Copa que iba a disputar en el Vicente Calderón ante el FC Barcelona.

CITA CON LA HISTORIA. El cuadro asturiano vivía sus mejores momentos, pero la Real Sociedad tenía una cita con la historia. Alberto Ormaetxea alineó en El Molinón al siguiente once inicial: Arconada, Celayeta, Górriz, Kortabarría, Olaizola, Diego Álvarez, Perico Alonso, Zamora, Idígoras, Satrústegui y López Ufarte. Un once que también significaba el triunfo de la cantera txuri urdin. Nueve de los once componentes, todos a excepción de López Ufarte, que se había formado en las filas del Real Unión de Irún, y de Diego Álvarez, que procedía del Eibar, se habían formado en las categorías inferiores de la Real Sociedad. Incluso los dos suplentes que saltaron al césped de El Molinón, José Mari Bakero y Larrañaga, también eran productos del Sanse. En realidad, el éxito de la Real Sociedad supuso el éxito tanto de la cantera txuri urdin como de la guipuzcoana.Los cálculos eran claros. La Real Sociedad necesitaba un punto para ser campeón siempre que el Real Madrid solventase con victoria su compromiso en Valladolid. La empresa parecía más fácil para los blancos que para los blanquiazules. La tarde no pudo empezar de mejor manera para los de San Sebastián. En el minuto 7, Kortabarría transformaba un penalti que adelantaba a la Real Sociedad, pero todo se iba a torcer al borde del descanso. Mesa hacía el 1-1 en Gijón mientras Santilla adelantaba al Real Madrid. Un gol sportinguista daba la Liga a los blancos. Y llegó el gol sportinguista. Lo hizo, de nuevo, Mesa en el primer minuto de la reanudación. La Liga parecía tomar la dirección a Chamartín. La Real necesitaba un gol. La tarde se arreglaba para los txuri urdines cuando Pepe Moré empató el duelo de Valladolid. Todo volvía a depender de un gol, pero esta vez de un gol del Real Madrid. Y llegó por partida doble. Santilla y Stilieke en la recta final sentenciaron el encuentro en Pucela. La Real volvía a necesitar un gol. Los de Ormaetxea volvían a ver los fantasmas que impidieron el título en la temporada anterior y volvían a ver a los blancos celebrar una Liga que habían  acariciado con las manos. Juanito cumplía su promesa y estaba en la mitad de su paseo de rodillas sobre el campo vallisoletano cuando los locutores radiofónicos cantaron gol en El Molinón. Zamora, en la prolongación, acaba de hacer el 2-2 que daba el título a la Real Sociedad.

La plantilla que alzó el t�tulo de 1982 posando con la copa de la Liga de la edición anterior.

SEGUNDA LIGA.
Lo cierto es que las dos campañas que había firmado la Real Sociedad de Alberto Ormaetxea eran difícilmente mejorables. Récord de imbatibilidad y segunda posición más una Liga hacían tocar techo al plantel guipuzcoano. La temporada 81-82 parecía destinada a realizar una gran campaña europea en el debut en la máxima competición continental. La Copa de Europa era el reto del cuadro txuri urdin, pero la aventura no iba a durar mucho. En la primera eliminatoria, la Real quedaba emparejada con el CSKA de Sofía. Un gol de Jontchev en el minuto 89 dio el triunfo a los búlgaros en el partido de vuelta. Atocha iba a decidir, pero el marcador no se movió y la Real quedó apeada de Europa.

La eliminación europea facilitó el trabajo a la Real Sociedad. Un trabajo que continuaba realizándose con el rigor que Alberto Ormaetxea había implantado desde su llegada al banquillo de Atocha. Trabajo que quedó respaldado con la Liga. Una Liga que hizo que Ormaetxea dejase de ser discutido por la grada de Atocha y comenzase a ser alabado. A pesar de ello, el eibarrés no perdió la perspectiva. Declaró que no vivía de “recuerdos” y respaldo su manifestación haciendo gala de su alto sentido del pragmatismo. No hemos salido este año con puntos de ventaja. En el deporte buscas un fin, si lo consigues no te pares, porque te hundes. Si hace cuatros años fuimos cuartos, luego segundos y primeros, este año no tenemos que ser primerísimos. Si no trabajamos seremos los últimos. Los recuerdos, ni para la vejez, ni para contar a los nietos. Sí, es posible que la afición recuerde el título, pero yo no. De aquellos días sólo me quedo con la imagen del cashero que a nuestro paso dejaba de arar para levantarnos los brazos. Eso sí me emocionó. No sospechaba que nuestro trabajo pudiera tener tal trascendencia”, comentaba en los primeros días de 1982.

Una imagen de Bernd Schuster durante su estancia en el FC Barcelona.El caso es que la Real Sociedad comenzó la Liga con el mismo estado de forma con el que había acabado el curso anterior. En la tercera jornada ya era líder. Liderato que cedió en la decimotercera tras caer por 3-2 en La Romareda. El FC Barcelona, que marchaba al ritmo que marcaba un joven alemán llamado Bernd Schuster, quería la Liga después de siete temporadas. El campeonato volvía a estar apretado aunque no tanto como en la temporada anterior. En la jornada vigésimo tercera, la Real se presentó en el Camp Nou igualada a puntos con el Real Madrid y a uno del conjunto catalán. El Barça era líder y necesitaba respaldar su candidatura al título venciendo al último campeón. En Atocha el partido concluyó con 1-1. El conjunto de Udo Latek venció gracias a los goles de Simonssen y Alexanko. Además, la jornada le salió redonda ya que el Real Madrid no pudo pasar del empate en el Bernabéu ante el Espanyol. Pero el Barça se iba a desplomar como le había sucedido en la campaña anterior. No fue capaz de ganar ninguno de los últimos seis partidos. Tres derrotas consecutivas [Valencia, Osasuna y Espanyol], un empate [Athletic] hicieron que el Barça se presentase en el Bernabéu en la penúltima jornada en situación de extrema necesidad y en mitad de una grave crisis. El Barça estaba igualado a puntos con la Real Sociedad, aunque el gol average le permitía seguir en el liderato, y aventajaba en dos puntos al Real Madrid, que también necesitaba el triunfo para conservar sus opciones ligueras. En la ida, el Barça había ganado por 3-1. Idéntico resultado se produjo en el Bernabéu. El triunfo de la Real ante el Espanyol permitió a los de Ormaetxea dar el salto al primer puesto con un punto de renta sobre FC Barcelona y Real Madrid. En la última jornada visitaba a su vecino y rival, el Athletic Club de Bilbao.Entre medias, la Real también había firmado un buen torneo copero. Eliminó a Bilbao Athletic, Osasuna, Valladolid y Athletic, para caer en la tanda de penaltis del partido de vuelta de la semifinal que le enfrentó al Real Madrid, que terminaría ganando el título al batir al Sporting de  Gijón por 2-1. Esta andanza copera también tuvo su repercusión en Liga. La Real había eliminado al Ahtletic de su competición favorita y los leones querían venganza. Además, una venganza dulce ya que su victoria supondría arrebatarle el título liguero a sus vecinos, idea que estimulaba en el botxo ya que la ausencia del Athletic de la pelea por la liga y la presencia de la Real era algo que se llevaba mal en Bilbao.

El domingo 25 de abril de 1982, Real Sociedad y Athletic Club iban a disputar algo más que un partido. También es cierto que el duelo levantó muchas suspicacias ya que, en esos momentos, el fútbol también era el portavoz de la realidad social que había en el País Vasco. Eran años convulsos, en los que se reclamaba la autonomía de esta comunidad y muchos de los futbolistas no eran ajenos al llamado conflicto vasco. De hecho, en el derbi disputado en Atocha en diciembre de 1976, los dos equipos habían salido al campo portando una ikurriña, algo que estaba prohibido por las leyes del anterior régimen.Once inicial de la Real Sociedad en el partido ante el Atletic de Bilbao de la temporada 1981-82.Situaciones políticas al margen, Ormaetxea alinéo al siguiente once inicial para recibir al Athletic: Arconada, Celayeta, Górriz, Kortabarría, E. Murillo, Diego Álvarez, Perico  Alonso, Zamora, Uralde, Satrústegui y López Ufarte. Un once más ofensivo de lo que era habitual para Ormaetxea aunque tampoco es para extrañar. La Real necesitaba gol para batir a la cuarta zaga menos goleada. Por ello, el eibarrés dispuso sobre Atocha a todo su arsenal. Satrústegui, autor de 13 goles, Pello Uralde, que se había confirmado en el primer equipo haciendo 14 dianas en 28 partidos, López Ufarte, autor hasta ese momento de diez tantos, y Zamora, que sin ser un gran goleador en la temporada anterior había facturado siete goles aunque en ésta tan sólo había hecho dos. El partido transcurrió con cierta normalidad para la Real Sociedad. La victoria le daba el título. Zamora y Ufarte llevaron la alegría al graderío de Atocha que tan sólo sufrió en los últimos cinco minutos de partido, después de que Sarabia marcase el único tanto del Athletic. Además, el Barça empató en casa con el Betis y el Real Madrid cayó en su visita a Santander.

El delantero navarro Satrústegui realizó cuatro dianas en la Copa de Europa de 1983.EL RETO EUROPEO. Tras dos títulos de Liga, la temporada 82-83 se presentaba para la Real Sociedad como la de su asalto al continente europeo. La segunda incursión de la Real Sociedad en la Copa de Europa fue más satisfactoria. En primera ronda, los de Ormaetxea tuvieron que medir fuerzas con el Vikingur noruego. Triunfo por 0-1 [Satrústegui] en la idea y por 3-2 [Uralde –dos- y Satrústegui]. En la siguiente eliminatoria la Real iba a cruzarse con todo un campeón de Europa: el Celtic de Glasgow. El conjunto escocés hincó la rodilla en Atocha al caer por 2-0 [Satrústegui –dos-]. En la vuelta, Uralde encarriló la eliminatoria aunque el Celtic dio la vuelta al marcador con dos tantos de McLeod. La Real Sociedad iba a jugar en cuartos de final ante otro equipo que vestía con rayas horizontales blancas y verdes. El campeón portugués era el Sporting de Lisboa. Los lisboetas se impusieron en la ida por 1-0. Tocaba remontar en Atocha. El campo donostiarra registró un gran lleno y el graderío realizó la suficiente presión como para remontar la eliminatoria. Dos tantos de Larrañaga y José Mari Bakero, que en esta campaña se consolidaron definitivamente en el primer equipo txuri urdin, clasificaron a la Real Sociedad a las semifinales. En ellas, el rival iba a ser el SV Hamburgo, es decir, el campeón de la Bundesliga.

Los jugadores de la Real Sociedad celebran el tanto de Diego Álvarez que empataba el partido y la eliminatoria de la Copa de Europa de 1983.El primer episodio de la eliminatoria se disputó en Atocha. El balance no fue bueno para la Real Sociedad. 1-1 y gracias. Rolff adelantó a los alemanes y Gajate igualó en los últimos minutos. Tocaba hazaña en Hamburgo. Y lo cierto es que la Real estuvo a punto de dar el campanazo y derrotar a uno de los favoritos a hacerse con al corona continental. El otro favorito era la Juventus de Turín que estaba emparejado con el Widzew. Jakobs adelantó al Hamburgo pero Diego Álvarez marcó un gol que igualaba el partido y la eliminatoria. El encuentro se iba a la prórroga cuando Von Hessen marcó y clasificó al Hamburgo, que terminaría ganando el título.

TRANSICIÓN HACIA LA PUERTA DE SALIDA. Tras dos títulos de Liga, la Real Sociedad experimentó un lógico bajón de resultados y de rendimiento en la temporada 82-83. A pesar de ello, la Real Sociedad tuvo tiempo de ganar la primera Supercopa de la historia. Fue al Real Madrid. El cuadro donostiarra recibía al Real Madrid en Atocha en el partido de vuelta. Los blancos habían ganado 1-0 en el Santiago Bernabéu y tenían que defender esta renta el día de los inocentes. Un tanto de Uralde igualó la eliminatoria y la envió a la prórroga. En ella, dos nuevos tantos del delantero vitoriano, que firmó un hat-trick, y otro de López Ufarte sirvieron para poner el 4-0 en el marcador y dar el título a la Real Sociedad.

El triunfo en la Supercopa, la exigencia de la Copa de Europa y la irrupción del Athletic de Javier Clemente distrajeron a los donostiarras de la lucha por el campeonato. La temporada siguiente volvió a ser de transición. Una transición que también se produjo en los despachos de la entidad. Iñaki Alkiza sustituyó en la presidencia a José Luis Orbegozo en la campaña 83-84. Transición y cambios que también afectaron a Alberto Ormaetxea. Tres temporadas después de haber logrado el segundo título de Liga, en las que su equipo había finalizado consecutivamente en séptima, sexta, y, de nuevo, séptima posición, le enseñaron la puerta de salida. El galés John Benjamin Toshack aterrizaba en Atocha procedente del fútbol inglés mientras que Alberto Ormaetxea se marchaba al Hércules sin hacer ruido y por la puerta de atrás. Ya lo decía el eibarrés. Los recuerdos no valen de nada. Curioso lo de Ormaetxea. Tras llevar a la Real Sociedad a ganar dos títulos de Liga, una Supercopa y a alcanzar una semifinal de Copa de Europa se despedía de su casa y casi del fútbol. No sirvieron de nada las 157 victorias logradas en los 324 partidos en los que dirigió a la Real Sociedad. Eran otros tiempos y un británico lucía más para comenzar el proyecto de Alkiza. Más curioso si cabe es el caso de Ormaetxea si lo comparamos con el de Javier Clemente. El rubio de Barakaldo, al igual que el técnico guipuzcoano, ganó dos Ligas, pero le sacó un mayor provecho. Su carrera dura hasta nuestros días mientras que la del fallecido Alberto Ormaetxea acabó su etapa de entrenador en el anonimato del banquillo ilicitano.

Datos del artículo 
Autor: Carlos A.S.
Fecha: 10 de febrero de 2008-02-10 
Fuentes consultadas: Liga de Fútbol Profesional, Athletic Club de Bilbao, Real Sociedad de San Sebastián, Uefa, El País, El Mundo, ABC y Wikipedia.

Hilo musical:
Kula Shaker: K [Columbia, 1996]
Sam Roberts: Chemical City [Universal, 2006]
Ocean Colour Scene: Moseley Shoals [MCA, 1996]

The Crazy Gang’s Years

febrero 5, 2008

Si en los artículos sobre Eric Cantona y los primeros años de la Premiere League han servido para inaugurar el blog contando los cambios que se produjeron en el fútbol inglés a través de la figura del francés y del juego del United, el Wimbledon FC y sus años de la Crazy Gang significan todo lo contrario. El fútbol inglés en su más pura expresión combatiendo y tuteando a los paladines del nuevo credo continental que se extendía por las islas. Patadón y tentetieso. Brega, entrega, disputa, macarradas varias y goles de estrategia fueron los principales ingredientes del particular estilo que el Wimbledon FC mostró durante las 14 temporadas que estuvo en la élite.

Wimbledon FC posando en Wembley con la Copa de 1988.

S

eguramente todos los aficionados al fútbol alguna vez han soñado con que el club de su ciudad, de su pueblo o de su barrio, un día se codee con los grandes equipos que ve a diario en la televisión. Medir fuerzas en la Copa, dar algún susto, ir subiendo desde la base de la pirámide del fútbol para acercarse a la cúspide. Algo parecido fue lo que le sucedió al Wimbledon FC durante las décadas de los años 80 y 90. En una década pasó de estar fuera del fútbol profesional a ganar una final de la FA Cup al todopoderoso Liverpool. Durante los diez años siguientes se convirtió en uno de los equipos ingleses más británicos que recuerde. En plena transición de la Premiere League, en la que desembarcaban los talentos y las ideas continentales, el Wimbledon FC tiró de la esencia del fútbol de las islas para firmar grandes temporadas en las que finalizó por delante de históricos como Liverpool, Everton, Tottenham Hotspur o Arsenal. Durante estas dos décadas gloriosas para el Wimbledon FC, el juego del equipo gozó del espíritu de la llamada Crazy Gang –pandilla loca-, como en los años 80 denominó Wally Dones al plantel londinense en el que, además de él mismo, jugaban otros ilustres del club de tacañón [Andrés Montes dixit] como Vinnie Jones, Lawrie Sánchez, Dennis Wise o John Fashanu.El Wimbledon FC campeón de la Souther League de 1976.
WELCOME TO 1975.
Después de superar cuatro eliminatorias previas y otras dos del torneo de Copa, el Wimbledon FC saltó a la primera línea informativa nacional gracias a que, en los primeros días de 1975 y en la tercera ronda, eliminó al Burnley de la First División, convirtiéndose en el primer equipo no profesional en eliminar a todo un Primera División en el siglo XX. En la siguiente ronda, el cuadro londinense tuvo el honor de medirse con el campeón de Liga, el Leeds United. El Wimbledon logró un 0-0 en Ellan Road pero en la vuelta, que se disputó en el campo del Crystal Palace [Selhurst Park] ante 40.000 espectadores, perdió por 0-1.
En aquella participación copera, el Wimbledon ya demostró esa tenacidad y esa lucha hasta el final de la que haría gala en sus años más gloriosos.

El conjunto londinense no logró entrar en las categorías del fútbol profesional hasta 1977 [Fourth División], después de varios intentos y tras ganar tres títulos consecutivos de la Southern League. Ascenso a Third Division (78-79), descenso a Fourth Division (79-80), nuevo ascenso a Third [80-81], otro descenso a Fourth [81-82] y ascenso con campeonato en la 82-83. Entre ascenso y descenso, en la campaña 79-80, el Wimbledon se hace con los servicios de Wally Downes, que podría ser algo anecdótico de no haberse sido él el que acuño el apodo ‘crazy gang’ [en honor a un grupo de cómicos de la década de los 40] para denominar al plantel de los dons. Nadie mejor que él para personificar ese espíritu de lucha que caracterizó al Wimbledon.   

Nigel Winterburn corriendo la banda durante su estancia en el Wimbledon FC.

En 1984, el club londinense en lugar de cumplir con el habitual descenso de Tercera a Cuarta, logró el ascenso a Segunda al finalizar en segunda posición tras el Oxford, del que en esa misma temporada había incorporado a un lateral izquierdo que posteriormente triunfaría en el Arsenal: Nigel Winterburn. En las filas del Wimbledon alcanzó internacionalidad con la selección sub-21. Otro de los jugadores destacados del equipo londinense era su guardameta David Beasant, que había llegado al club en el verano de 1980 con 20 años de edad. A los Winterburn y Beasant se les unió un delantero de origen ecuatoriano que quedará en la memoria de los seguidores dons: Lawrie Sánchez. Hizo el gol del ascenso a First División y el tanto que dio la Copa de 1988 al Wimbledon FC. Antes del ascenso, en el mes de marzo, el club londinense contrató a un interior zurdo del Southampton. Un  interior zurdo con malas pulgas que posteriormente terminaría haciendo carrera en el Chelsea ocupando la demarcación de mediocentro. Sí, ese en el que están pensando, Dennis Wise, otro de los clásicos de la crazy gang. Pero, también en ese mismo mes de marzo, el Wimbledon se reforzó con un delantero centro del Millwall: John Fashanou. En los 65 partidos que había disputado con los lions había logrado 19 goles.

EN LA ÉLITE. La llegada a la máxima competición inglesa hizo que el Wimbledon FC vendiese a buena parte de los jugadores carismáticos con los que se había logrado el ascenso como Winterburn, Hodges, Morris o Gage. Pero, por el contrario, llegaron otros que se iban a convertir en clásicos de la institución y, sobre todo, llegó uno de los principales estiletes de la crazy gang. Vinnie Jones, procedente del Wealdstone, John Scales, del Bristol Rovers, y Terry Phelan, del Swansea, fueron algunas de las caras nuevas en llegar a Londres. El primer año no pudo ser mejor para los dons. Finalizaron la temporada en una más que meritoria sexta posición, por delante del Manchester United que dirigía un recién llegado Alex Ferguson.

Se suele decir que la segunda temporada es más complicada que la primera porque es la de la consolidación de estos equipos modestos entre los mejores clubes del país. Lo cierto es que la consolidación del Wimbledon no pudo ser mejor. Acabó en la séptima plaza de la clasificación y firmó un gran torneo copero al alcanzar la final ante el Liverpool. Antes de llegar al partido definitivo de Wembley, el Wimbledon tuvo que derrotar a West Brom, por 4-1 con dos goles de Wise, al Mansfield, por 2-1 con tantos de Cork y Phelan, y en quinta ronda le tocó visitar Sant James’ Park. El Newcastle tenía cuentas pendientes con el Wimbledon tras su encuentro liguero. Un duelo en el que Vinnie Jones sacó la cara sucia que le popularizó en su particular duelo con Paul Gascoinge. Un gol de Gibson a los seis minutos del inicio encarriló un encuentro que sentenciaron Gayle y Fashanu.  El primer tiempo del partido de cuartos de final no fue esperanzador para los dons. El Watford se adelantó merced a un gol de Malcolm Allen y, antes del intermedio, Gayle dejó con diez a los dons. Pero, como ya he mencionado antes, el espíritu de pelea de la crazy gang fue una de las señas de identidad del Wimbledon. Young y Fashanou firmaron la remontada. A semifinales. En ellas, en partido disputado en el terreno del Tottenham Hotspur, el Wimbledon se iba a enfrentar al Luton Town. Harford adelantó al Lutton y Fashanu igualó tras transformar un penalti que significaba su vigésimo primer gol de la temporada. Wise deshizo el empate a falta de diez minutos para la conclusión.

El capitán David Beasant recoge la Copa de 1988.UN DÍA GRANDE EN WEMBLEY. El Wimbledon se presentaba en la final de la FA Cup por sus méritos y después de un gran sufrimiento. Pero la tarea para el último partido de la temporada se antojaba complicada para la crazy gang. El rival era el temible Liverpool de Dalglish que llegó a la cita después de haber ganado su cuarta liga de la década con nueve puntos de ventaja sobre el Manchester United y tras mantenerse invicto durante los 29 primeros partidos de temporada. Si en Inglaterra había un club cuyo nombre fuese sinónimo de éxito, ése era el Liverpool. Los de Anfield habían conquistado tres Copas de Europa al principio de la década y dominaban con mano de hierro el campeonato con siete títulos en los últimos diez años. El Wimbledon tenía que batir a un equipo que había gastado [cerca de 4 millones de libras] más en los traspasos de sus tres delanteros –Beardsley, Barnes y Aldridge- que los dons en toda su historia. La gran preocupación del Wimbledon era cómo frenar el juego ofensivo que se creaba a parte de los pases en cortos entre Beardsley, Barnes y Houghton. Para ello, el técnico del Wimbledon puso a Wise a marcar a Barnes para frenar el juego de los reds. Y, lo más sorprendente, es que así fue. El Liverpool no carburaba y Lawrie Sánchez, en el 37, sembró la incertidumbre al enviar un balón a la red de la meta de Grobbelaar.

La defensa del Liverpool se sorprende ante el gol de Lawrie Sánchez.

La defensa del Liverpool asiste sorprendida al gol de Lawrie Sánchez.El equipo de Kenny Dalglish estaba obligado a remontar y el Wimbledon sacó su garra para defender el 1-0 que le daba la Copa. El espíritu de los dons quedó reflejado en su portero. David Beasant, que en sus primeros años en Londres fue seguido muy de cerca por el Liverpool, fue el otro héroe de la final al atajar un penalti a John Aldridge. El joven delantero que había aprendido a amar los colores de los reds en el fondo de The Kop era el relevo natural de Ian Rush, que en el verano de 1987 fue traspasado a la Juventus. Aldridge no sólo era el relevo de Rush debido a su parecido físico ya que también lo era por su instinto goleador. 26 dianas firmó en su primera temporada con el conjunto de Anfield. Además, John Aldridge no había fallado ninguno de los 11 penaltis que había intentado. Y además nunca un portero había parado una pèna máxima en la historia de las finales de la Copa inglesa. El bueno de Aldridge, que un año después puso rumbo a la Real Sociedad, falló el penalti que nadie pensaba que se podía fallar. Tras la final, David Beasant reconoció ante la prensa que tenía muy bien estudiados los lanzamientos del capitán de Irlanda. “He visto muchos de sus penaltis en televisión y sé que si el portero no se mueve él suele patear a la izquierda”. La parada del penalti permitió al Wimbledon firmar una de las mayores sorpresas de la historia de las finales de la Copa inglesa.

Perspectiva del penalti parado por Beasant a Aldridge.Perspectiva del penalti parado por Beasant a Aldridge en la final de la Copa de 1988.


THE CRAZY 90’s. A pesar del triunfo en la Copa, el Wimbledon no pudo disputar la Recopa de 1989 debido a la exclusión que sufrían los clubes ingleses desde la tragedia de Heysel. Las siguientes temporadas fueron de transición para los dons y también de cambios en la composición de esta peculiar pandilla chiflada. Tras su gran actuación en la final de Copa de 1988, David Beasant fue traspasado al Newcastle por 800.000 libras. Vinnie Jones tardó un año más en marcharse al Leeds United y Dennis Wise dos para ser transferido al Chelsea reportando a las arcas del Wimbledon FC más de dos millones de libras [650.000 el primero y 1,6 millones el segundo].

A pesar de la marcha de estos tres puntales del equipo, hasta la fundación de la Premiere League en 1992, el Wimbledon se mantuvo sin relativos problemas siempre por la zona media de la tabla e incluso acarició la zona europea en la temporada 1990-91. Pero el inicio de 1992 iba a ser fundamental para los dons. Al banquillo de Selhurst Park, donde se había trasladado el Wimbledon FC, llegó Joe Kinnear. El que fuera central del Tottenham Hotspur recibía su primera oportunidad de dirigir a un equipo en la máxima categoría del fútbol inglés. Salvó la categoría y se quedó para llevar las riendas del proyecto del Wimbledon en la Premiere League que se estrenaba en la campaña 1992-93.  

Joe Kinnear tenía un plan para el Wimbledon FC. El entrenador irlandés implantó un estilo de juego muy característico. Un estilo que el muy bien conocía. El típico kick and rush británico en su más pura versión. Formó un equipo aguerrido tomando la base que quedaba de 1988 con Sánchez, Fashanu, Gayle, Gibson, Scales y Clark, a los que se habían unido Warren Barton y Robbie Earle. Durante el verano firmó al delantero del Brentford Dean Holdsworth, que en su primer año con la camiseta de los dons firmó 19 dianas en Liga, incorporó a un joven Gerald Dobbs, que en esa temporada fue expulsado en cuatro ocasiones, pero, sobre todo, recuperó a Vinnie Jones, que estaba en el  Chelsea tras su paso por Leeds United y Sheffield Wednesday. La pandilla contaba con su capo. Con estos ingredientes y utilizando el juego en largo y de pelea por el rechace, el Wimbledon intentó contrarrestar los efectos del passing game del Liverpool que empezaba aplicar el Manchester United con Eric Cantona a la cabeza y que posteriormente se iba a extender en la segunda mitad de la década por los principales equipos de la Premiere League como Newcastle United, Blackburn Rovers, Arsenal o Chelsea.

Efan Ekoku, con la camiseta del Norwich.Con este sistema, el Wimbledon fue duodécimo en la primera Premiere League. En la temporada siguiente, sin a penas reforzar el plantel, los dons rozaron Europa pero acabaron en sexta posición. El Wimbledon hizo de Selhurst Park todo un fortín del que tan sólo cedió cuatro derrotas durante toda la temporada. El cuadro londinense quería dar el salto a Europa pero no disponía del suficiente dinero como para fichar a jugadores importantes. Además perdió a dos históricos: Lawrie Sánchez y Fashanu. Ante la necesidad de fortalecer el ataque y ante la falta de recursos económicos, Kinnear apostó por jugadores que se podían acoplar perfectamente a su rocoso y físico sistema. Incorporó por 900.000 libras a Efan Ekoku, un delantero nigeriano que había hecho 12 goles con el Norwich, y al centrocampista noruego  Øyvind Leonhardsen, que hizo cuatro tantos en su debut en Inglaterra. Con estos mimbres, de nuevo, el Wimbledon volvió a completar una buena temporada alcanzando la novena posición.

El Wimbledon estaba cerca de algo grande pero la siguiente temporada fue decepcionante. Coqueteó con el descenso, del que le separaron cinco puntos. De esta manera, la campaña 96-97 no estaba predestinada para el éxito. Pero sucedió todo lo contrario. Se fichó al delantero jamaicano Jason Euell y al defensa galés del Swindom Ben Tatcher. En la Liga estuvo en la línea que había mostrado el equipo durante los primeros años de Kinnear, acabó en octava posición. Pero se destapó en Copa y Copa de la Liga. En ambas competiciones alcanzó las semifinales tras eliminar a los vigentes campeones [Manchester United y Aston Villa] y en ellas fue eliminado por los que a la postre resultarían los ganadores de las finales [Chelsea y Leicester City].

Esta fue la última gran temporada de la crazy gang que dirigió Joe Kinnear en la década de los 90. El técnico irlandés dejaría el banquillo de los dons en la 98-99 debido a problemas cardíacos y la entidad londinense entraría en una serie de problemas económicos que afectaron a la parcela deportiva. En la 99-00, descendió a First Division debido a su derrota en Southampton y al sorprendente triunfo del Bradford en Liverpool. Los problemas económicos se acrecentaron y, al final, el equipo, como si de una franquicia se tratase, se trasladó al Milton Keynes y cambió su nombre por el de MK Dons, a pesar de la irritación de los fans tradicionales del barrio londinense.

Datos del artículo

Autor: Carlos A.S
Fecha: 5 de febrero de 2008

Fuentes consultadas: The FA, Premiere League, Football.co.uk, Soccer Base, Football Club History Database, Historical Dons, Liverpool FC y Wikipedia.

Fotografías extraídas de historicaldons.com 

Hilo musical:
Tom Petty: Fool Moon Fever [MCA, 1989]
Bad Religion: Against the Grain [Epitaph, 1990]
Los Chicos: Launching Rockets [Rock Is Pain, 2007]
Jon Spencer Blues Explosion: Now, I Got Worry [Matador, 1996]
The Delta 72: The R&B of Membership [Touch &  Go, 1996]

Eric el Rojo [parte II]

febrero 3, 2008

Segunda entrega de la trayectoria de Eric Cantona en el fútbol inglés. Tras lograr tres títulos de Liga en sus tres primeros años, recibir el galardón de mejor jugador de la temporada 93-94 y de conseguirse un hueco en el panorama futbolístico europeo, el delantero galo sacará a relucir su genio en una agresión a un seguidor del Crystal Palace. Sancionado durante meses asistió desde la grada al título de Liga logrado por el Blackburn Rovers de Alan Shearer y Kenny Dalglish. Pero se desquitó en la campaña siguiente guiando al United a remontar 12 puntos de desventaja respecto al Newcastle United para ser campeón, volver a ser elegido por la prensa como mejor jugador de la temporada y marcar el gol del triunfo en la FA Cup de 1996.

Agresión de Cantona a un seguidor del Crystal Palace.

Cantona saca el genio

La campaña 1994-95 se prometía de gran interés en la Premiere League. El Manchester United quería lograr el tercer título liguero consecutivo pero el Blackburn Rovers de Jack Walter quería impedírselo y también parecía el único equipo capaz de arrebatar la gloria a los diablos rojos. Para Cantona el año también era importante, se hablaba de que podía entrar en la lucha por el prestigioso Balón de Oro de France Football. Pero lo cierto es que en Francia todavía pesaba la inesperada eliminación de les bleus en la fase de clasificación para el Mundial de Estados Unidos de 1994. Un doloroso 2-3 logrado por los búlgaros en el Parque de los Príncipes evitó que Francia regresase a un Mundial tras perderse el de Italia’90. Cantona fue una de los culpables y además su figura en Francia empequeñecía en su comparación David Ginola. El apuesto jugador del PSG había asombrado a Europa con sus actuaciones en las competiciones europeas, especialmente ante el Real Madrid, y también llamó la atención de Premiere, que terminaría reclutando sus servicios un año más tarde. Pero no anticipemos la creciente rivalidad entre ManU y Newcastle que se oteaba en el horizonte ya que ésta fue la temporada del Blackburn Rovers. 

Jack Walter con la copa de campeón de la Premiere de 1995Jack Walter quería la liga y saltó la banca de la Premiere. La contratación de Chris Sutton supuso un nuevo récord de traspaso en el fútbol inglés. Cinco millones de libras por un prometedor delantero que acaba de firmar una gran temporada con el Norwich. 25 dianas en la campaña anterior avalaban a Sutton que tan sólo quedó por detrás de Andy Cole (34), Alan Shearer (31) e igualó con Matt Letissier. Delantera temible la que formaron Shearer y Sutton. Tándem que rozó la media centena de goles durante la temporada. Shearer fue el máximo realizador con 34 mientras que Sutton bajó sus números y se quedó en 15 goles. Eso sí, si el Blackburn Rovers saltó la banca en verano, en enero el United volvió a batir el récord. Fue con la contratación del delantero del Newcastle Andy Cole. Cinco millones de libras en efectivo más el traspaso de un prometedor extremo norirlandés llamado Keith Gillespie, que estaba valorado en otro millón más de libras, por un delantero que había marcado con los magpies 68 goles en 84 partidos.


Con el fichaje de Cole, el United encontraba el relevo del veterano Mark Hughes, que al final de temporada se marchó traspasado al Chelsea, y se preparaba para mantener el pulso final por la liga. Pero Alex Ferguson seguro que no contaba con el temperamento de Eric Cantona. El United visitaba entre semana el campo del Crystal Palace. Una jornada de finales de enero. Durante el transcurso del partido, el colegiado de la contienda decidió expulsar a Cantona, éste, según marchaba a los vestuarios, agredió a un seguidor local que le había arrojado té caliente. Una pata de kung fu que le salió cara a Cantona. Multa de 10.000 libras, dos semanas de cárcel que se quedaron en 120 horas de trabajo para la comunidad y ocho meses fuera de los terrenos de juego. Golpe para el United que no pudo ganar la liga, que acabó en las vitrinas del Blackburn Rovers, y que además perdió la final de Copa ante el Everton (1-0). El caso es que el United acarició el campeonato. De hecho, pudo ganarlo en el último encuentro de la temporada, pero su empate (1-1) en el feudo del West Ham United otorgó el título al Blackburn Rovers y eso que el equipo de Kenny Dalglish perdió por 2-1 en su visita a Anfield.

Shearer y Sutton con la copa de la Premiere de 1995.


El regreso

La vuelta a los terrenos de juego de Cantona coincidió con uno de los partidos grandes del campeonato. El Manchester United-Liverpool de 1 de octubre de 1995. El francés tardó dos minutos en demostrar su calidad en un pase a Nicky Butt que puso el 1-0 en el marcador de Old Tratford. Dios o el diablo, que en la figura de Cantona viene a ser lo mismo, había vuelto como se marchó. Un joven delantero del Liverpool apellidado Fowler se encargó de dar la vuelta al marcador con dos tantos pero allí estaba Eric Cantona para igualar gracias a la transformación de un penalti que Ryan Giggs recibió cuando encaraba a James tras una asistencia del francés.  

Ferguson posando con los t�tulos que ganó en 1999.

El francés regresó a un equipo en el que se estaba produciendo un relevo generacional. Los fergie babes. Esa quinta de jugadores apadrinados por Alex Ferguson que recibieron su denominación en honor a la generación de los busby babes que integraron Bobby Charlton, Duncan Edwards o George Best. Esta generación de mediados de los 90 estuvo compuesta por Ryan Giggs, Paul Scholes, David Beckham, Nicky Butt y los hermanos Neville, Phil y Gary. Giggs fue el primero en adquirir protagonismo y en asentarse en la Premiere League. La capacidad de desborde del extremo izquierdo galés ya le había erigido en uno de los jugadores de banda más temibles de la liga. Scholes y Beckham se confirmaron en este concurso. Con el pelirrojo, Alex Ferguson encontró el complemento ideal de Roy Keane. Scholes, probablemente uno de los jugadores más infravalorados en la reciente historia del fútbol, el United adquiría a un elaboración en la medular, aunque no exento de trabajo, y  una pegada de peso pesado en los últimos 30 metros de la cancha rival. En esa campaña, Scholes disputó 18 encuentros ligueros con los diablos rojos y facturó diez dianas. El medio del campo del equipo de Manchester requería de un jugador de banda derecha. Hasta esta temporada, el preferido del preparador escocés había sido Andrei Kanchelskis pero el incipiente David Beckham le enseñó al ruso, primero, el banquillo y, después, la puerta de salida. Para ser un hombre de banda, Beckham no destacaba ni por su rapidez ni por su facilidad de regate. Pero el de Leytonstone contaba con una gran habilidad para el centro y para ejecutar los libres directos. De hecho, su capacidad de golpeo con el pie derecho quedó demostrada en el primer encuentro de la temporada. El United caía por 3-0 en el Villa Park cuando Beckham, en el minuto 82, demostró su capacidad de disparo al batir al meta villano desde la frontal del área. Estos tres talentosos jugadores estuvieron completados y complementados por otro trío con menor lustre. Nicky Butt fue un mediocentro que fue la alternativa tras el traspaso de Paul Ince al Internazionale de Milán pero que tras la eclosión de Scholes se quedó en el recambio del pelirrojo o del irlandés Keane. Gary y Phil Neville, dos laterales correctos, sin excesivo brillo pero cumplieron en la defensa del United. Por cierto, el inicio de esta quinta no fue nada fácil. En el primer partido del campeonato, con derrota en el Villa Park por 3-1, el comentarista de la BBC Alan Hansen le dio un consejo a Ferguson en antena: “Nunca ganarás nada jugando con críos”. Todo un adivino.  

David GinolaPero si el United que se encontró Cantona estaba en un proceso de regeneración, la Premiere también estaba cambiando. Aires nuevos llegaban desde el norte. El Blackburn Rovers no fue el de la temporada anterior y finalizó en sexta posición. La revelación de aquel campeonato fue el Newcastle United. El conjunto de St. James’ Park fichó durante el verano al delantero Les Ferdinand que se convirtió en una urraca tras marcharse del Queen’s Park Rangers a cambio de 8,5 millones de libras. Con el ex del QPR se tapaba la ausencia de Andy Cole que había marchado al United a mitad del curso anterior. Además, la entidad blanquinegra también se hizo con los servicios de uno de los jugadores más cotizados del continente: David Ginolá, que llegó a Newcastle después de que éste le abonase 2,5 millones al PSG. Con estas dos adquisiciones el ataque del Newcastle de Kevin Keegan disponía de Ferdinand como su hombre gol, Peter Beardsley era el segundo delantero y el ídolo del club ya que era natural de Newcastle, Ginola y Gilliespie jugaban en las alas, y Lee Clark y Rob Lee se encargaban de robar y tapar las espaldas de este cuarteto.  

Dennis Bergkamp.Los nuevos aires no sólo provenían de nuevos aspirantes, también hubo dos clubes que reclamaron su lugar histórico: Arsenal y Liverpool. El Arsenal comenzó en esta temporada a dejar atrás la era de George Graham. En la temporada anterior, el técnico tuvo que huir del banquillo de los gunners debido a un escándalo relacionado con las comisiones de los fichajes. El cuadro londinense, que en la temporada anterior había perdido la final de la Recopa ante el Zaragoza, recurrió a Bruce Rioch, que había llevado al Bolton a la final de la Copa de la Liga y a la Premiere tras 15 años de ausencia, fue el elegido para comenzar un nuevo proyecto gunner. Un proyecto que contó con dos rutilantes repescas del fútbol italiano: el holandés Bergkamp [7,5 millones] y el inglés Platt [4,75 m.]. Bergkamp fue tras Cantona el segundo europeo en sentir los efectos revitalizadores del fútbol inglés, aunque eso no fue en esta temporada 95-96 en la que estaba destinado a formar junto con Ian Wright una dupla letal que llevase al Arsenal al campeonato. Ni mucho menos. Al final, a la UEFA y gracias.  

Stan Collymore durante su estancia en el Liverpool.El otro club que quiso reverdecer glorias pasadas fue el Liverpool. La entidad de Anfield había Stam Collymore durante su estancia en el Liverpool.dominado el fútbol inglés durante las décadas de los 70 y 80 pero en los 90 vivía en la mediocridad, lejos de la lucha por el campeonato. El Liverpool también tenía a su generación de jóvenes valores de la casa. Generación encabezada por Robbie Fowler y secundada por Steve McManaman, Jamie Redknapp, Steven Harkness y Dominic Mateo. Además, contaban con la veteranía de Ian Rush, John Barnes o Michael Thomas. Para esta temporada, quiso reforzar su vanguardia con la contratación de uno de los jugadores más prometedores del momento: Stan Collymore. 8,5 millones de libras pagó por un delantero que en la temporada anterior había marcado 22 goles con el Nottingham Forest, quedando cuarto en la tabla de máximos artilleros por detrás de Shearer (34), Fowler (25) y Ferdinand (24). La jugada no le salió bien al Liverpool. Collymore fue víctima de una serie de lesiones lo que conjugado con su mala cabeza y el gusto por el vicio evitaron que su potencia y fortaleza le convirtiesen en uno de los jugadores claves de la liga. El Liverpool finalizó en cuarta posición, pero a 15 puntos del campeón. Eso sí, el Liverpool jugó un papel crucial en el campeonato aunque, para el pesar de los reds, su mejor partido no sirvió para ganar el título liguero sino para regalárselo a su máximo rival.

La temporada de las urracas

El caso es que la temporada comenzó de manera inmejorable para los magpies. El Newcastle United desde el primer momento estuvo en la zona alta. Ganó los cuatro primeros encuentros de liga y parecía perfilarse como el gran candidato al título. A pesar de la ausencia de Cantona, el United mantuvo el tipo hasta el regreso del delantero. Cuando el francés retornó ante el Liverpool, los de Alex Ferguson estaban a dos puntos del líder. Pero los siguientes meses no fueron nada buenos para los diablos rojos. El equipo estaba cambiando y lo notaba. Los fergie babes seguían adaptándose a la categoría, Andy Cole no terminaba de romper como el ariete que había demostrado ser en el Newcastle [hizo 11 goles y vio cuatro cartulinas rojas], el dúo de centrales Bruce & Pallister no estaba tan seguro como en temporadas anteriores y su relevo, May, no terminaba de convencer. El caso es que el United fue perdiendo comba hasta el mes de enero. Por su parte, el Newcastle iba lanzado al título de la mano del buen trabajo que estaban haciendo Ginola, Ferdinand y Beardsley. La única pega para los magpies es que el puñal por la derecha, Gillispie se lesionó en el encuentro de su regreso a Old Tratford. Un contratiempo que, según se dice en Newcastle, le pudo costar el título. El caso es que a pesar de la derrota por 2-0 (Cole y Keane) cosechada a finales de diciembre en Old Tratford no mermó el ánimo de las urracas que al final del mes de enero aventajaban en 12 puntos a los reds y a los red devils 

Faustino Asprilla con la camiseta del Newcastle Utd.Comenzaba febrero y el Newcastle se movió en el mercado. Adquirió, primero, a David Batty, que pretendía arrebatar el título de liga al United por tercera ocasión tras hacerlo con Leeds United y Blackburn Rovers, y al colombiano Faustino Asprilla, cuyo traspaso desde el Parma costó unos 7 millones de libras. A mediados de febrero comenzó una de las remontadas más importantes de la historia del fútbol inglés. El United, tras la derrota cosechada en White Hart Lane el primer día de 1996, empató en casa ante el Aston Villa y comenzó su remontada hilvanando seis victorias consecutivas. Entre ellas, la decisiva lograda en San James’s Park el 4 de marzo. Un gol de Cantona en el inicio de la segunda mitad valió media liga. El United se colocaba a un punto del Newcastle aunque había disputado un partido más. En esta racha, Cantona firmó cuatro goles, dos de ellos imprescindibles para los triunfos en los feudos del West Ham y Newcastle.  La diferencia se amplió a tres puntos a la jornada siguiente. El United vio truncada su racha en el campo del Queens Park Rangers[1-1] y el Newcastle batió al West Ham [3-0]. Pero el Newcastle sufría un duro revés en los dos siguientes compromisos. Derrota en Highbury ante el Arsenal por 2-0 y nueva derrota en Anfield.

Collymore celebrando el 4-3 ante el Newcastle Utd.El encuentro ante el Liverpool marcó la temporada. Fue un partido típico inglés. De ida y vuelta. Con gran emoción y entrega por parte de ambos conjuntos. El Liverpool se adelantó en el minuto dos tras un gol de Fowler, pero el Newcastle tardó 12 en darle la vuelta gracias a los tantos de Ferdinand y Ginola. Tras el descanso, Fowler igualó pero Asprilla, dos minutos más tarde, devolvió la iniciativa al Newcastle. Pero aquí apareció Collymore para firmar uno de sus mejores partidos de la temporada. Primero un gol para poner el 3-3 y luego otro, en el descuento, para situar el 4-3 definitivo. En lo que el Newcastle perdió estos dos partidos y derrotó al QPR, el United en sus tres compromisos logró el triunfo. Tres victorias ante Arsenal [1-0], Tottenham [1-0] y Manchester City [2-3. Cantona marcó en los tres. Los diablos rojos aventajaban a las urracas en tres puntos pero seguían con un partido más. Así, la jornada del lunes 8 de abril fue decisiva. El Newcastle cayó por 1-2 ante el Blackburn Rovers mientras que el United se impuso por 1-0, gol de Cantona, al Coventry. El equipo de Keegan ganó sus siguientes tres compromisos [Aston Villa, Southampton y Leeds United], pero el United hizo lo propio [Southampton, Leeds United y Nottingham Forest ]. Tres puntos había de diferencia entre ambos cuando el Newcastle visitó al Nottingham Forest para disputar el encuentro que tenía pendiente. El Forest venía de recibir un serio correctivo del United [5-0] y quiso demostrar ante su afición que no era un equipo tan malo. Al final, el gol de Woan neutralizó el tanto de Beardsley y dejó al Newcastle a dos puntos del United a falta de la última jornada de liga. Los diablos rojos tenían que ganar al Middlesbrough y lo hicieron por 0-3 gracias a los goles de May, Cole y Giggs. 

El United había vuelto a ganar la liga después de remontar 12 puntos de desventaja y gracias al triunfo del Liverpool sobre el Newcastle en aquel partido loco de un miércoles de abril. Cantona había sido decisivo en este tramo gracias a sus goles, que dieron muchos puntos a los diablos rojos, a sus asistencias y, en definitiva, a su capacidad para marcar diferencias en la Premiere. Pero la United le quedaba un partido por disputar. La final de la FA Cup que le iba a enfrentar a un Liverpool que quería acabar con tres temporadas de sequía desde que en 1992 levantó la copa al imponerse por 2-0 al Sunderland. Además también quería batir al United como primer paso para recuperar su hegemonía en el fútbol inglés. Nada más lejos de la realidad. El encuentro se desarrolló por los cauces típicos de las finales. Emoción, entrega, disputa, poco fútbol e igualdad en el marcador hasta que Cantona, en el inicio del segundo tiempo, marcó desde la frontal del área echando el cuerpo hacia atrás para poder disparar un corner repelido por David James. 1-0, Copa y doblete para el United. Cantona fue elegido por la prensa como el jugador de la temporada.