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La Copa de Ferias

marzo 28, 2008

Probablemente todos los aficionados al fútbol europeo habrán oído hablar de esta competición que fue precursora de la actual Copa de la Uefa. Una competición en al principio se enfrentaban selecciones de las ciudades que acogían ferias de muestras con asiduidad. Posteriormente las selecciones de jugadores dieron paso a los clubes profesionales. La iniciativa se concretó dos semanas después de la creación de la Copa de Europa y durante tres años mantuvo su primer formato, haciendo coincidir los partidos con las ferias de muestra.

 

EL ORIGEN. La idea de la competición fue concebida y madurada por el suizo Ernst Thommen, el italiano Ottorino Brassi y el inglés Sir Stanley Rous. Finalmente el 18 de abril de 1955 se crea esta competición destinada a aquellas ciudades que acogen con regularidad ferias de muestras. Las poblaciones que participaron en la primera edición de la Copa de Ferias fueron: Barcelona, Basilea, Birmingham, Frankfurt, Copenhague, Lausana, Leipzig, Londres, Milán y Zagreb. A pesar de que la idea es que jugasen selecciones de los diferentes equipos de cada ciudad, la mayoría de las representaciones corrieron a cuenta de los principales clubes de cada localidad, como sucedió con Barcelona que se nutrió exclusivamente con jugadores del Barça ya que sólo hubo un representante del RCD Español. Este primer torneó duró tres años ya que los encuentros se hacían coincidir con la presencia de la feria. La selección de la ciudad de Barcelona fue la ganadora de la primera edición al batir por 8-2 al combinado de Londres. En la ida en Barcelona el combinado inglés cayó por un rotundo 6-0.

 

LOS CLUBES SE INVOLUCRAN. La entrada de los clubes en la competición fue en la segunda edición. El único requisito que se puso es que debían de ser de ciudades que acogiesen ferias. Un total de 16 equipos se inscribieron en la segunda edición de la Copa de Ferias. El tiempo de competición se redujo de los tres años a los dos. El sistema de enfrentamientos era de eliminatorias a doble partido. El FC Barcelona, esta vez con su denominación habitual, fue el ganador al imponerse al Birmingham City en la final. 0-0 en tierras inglesas y 4-1 en la ciudad condal. Eulogio Martínez encarriló la final en el partido de vuelta al cabecear un córner a los cuatro minutos de partido. El Barça no dio respiro al Birmingham City y Czibor lograba el 2-0 tres minutos después del 1-0.

 

En la tercera edición, la de 1961, la competición pasó a ser anual. El Birmingham City repetiría final. Esta vez iba a enfrentarse al AS Roma. La ida en Inglaterra concluyó con empate (2-2). Todo se iba a decidir en Roma. El triunfo favoreció al cuadro transalpino por 2-0. El choque comenzó a decidirse tras un autogol de Farmer cuando se iniciaba la segunda parte. Los ingleses buscaron el tanto que le permitiese equilibrar la final pero, en el minuto 90, Pestrin hacía el 2-0 que daba el título a los pupilos de Luis Camiglia.

 

DOMINIO ESPAÑOL. Si las dos primeras copas fueron para Barcelona, las tres siguientes ediciones tras el triunfo romanista fueron a parar a España. El dominio de los conjuntos mediterráneos era incontestable. En la temporada 1961-62 el campeón fue el Valencia CF. Derrotó en la final al FC Barcelona. 6-2 en la ida y 1-1 en el Camp Nou. La final quedó resuelta en la ida y eso que el Barça se adelantó en dos ocasiones en el marcador gracias a sendos tantos de Kocsis que significaron el 0-1 y el 1-2. Pero el Valencia se marchó con 3-2 al descanso. Tras la reanudación llegó el vendaval ché. El Valencia sacó partido de la debilidad del Barça en el lateral izquierdo de su defensa. El valencianista Piquer se encargó de hurgar en la herida culé. Hizo la jugada del 4-2, que marcó Guillot tras aprovechar un rechace de la zaga blaugrana, y dio las asistencias tanto del quinto –Guillot- como del sexto –Núñez-. La vuelta fue un mero trámite.

 

El Valencia iba a revalidar su título en la campaña 1962-63. Tras eliminar a Celtic de Glasgow, Dumfermline Athletic, Hibernian, AS Roma, disputó la final ante el Dínamo de Zagreb que a su vez había echado de la competición a Ferencvaros, Bayern de Munich, Saint-Gilloise y Oporto. En la ida el Valencia supo rehacerse del tanto inicial de Zambata para terminar imponiéndose por 1-2 gracias a los goles de Waldo (63’) y Urtiaga (65’). El choque de vuelta fue más tranquilo para el plantel levantino. El Valencia dominó todo el partido aunque hasta la segunda parte no llegaron los goles de Mañó (68’) y Núñez (78’).

 

A punto estuvo el Valencia CF de lograr un triplete histórico en la Copa de Ferias pero se quedó a las puertas. Cayó en la final ante el Real Zaragoza que sumó así su primer título continental en la campaña 1963-64. El Valencia eliminó a Shamrock Rovers, Rapid de Viena, Ujpest, y Colonia. Por su parte, el Zaragoza hizo lo propio con Iraklis, Lausanne Sports, Juventus, y Standard de Lieja. La final, por primera ocasión, iba a ser a partido único. El Camp Nou fue el escenario del enfrentamiento entre el Valencia CF y Real Zaragoza. El encuentro llegó envuelto en polémica ya que el comité organizador había decidido que la representación española para la siguiente edición iba a limitarse a dos clubes: el FC Barcelona y el ganador de la final.

 

El Real Zaragoza, que vivía los tiempos de los ‘Cinco Magníficos’, como se conocía a sus cinco atacantes: Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra, se tenía que enfrentar al bicampeón de la competición. Curiosamente la final se disputó tres días después de que la selección española lograse la Eurocopa de 1964 al batir en la final por 2-1 a la URSS. El tanto decisivo lo había logrado el ‘magnífico’ Marcelino. El Zaragoza dispuso su juego sutil y bello sobre el césped del Camp Nou, el Valencia contrarrestó con su garra ofensiva. Villa adelantó a los maños al borde del descanso cuando los valencianos habían equilibrado el partido y todo parecía indicar que se iba a llegar con 0-0 al intermedio. Pero, al final, sí que se iba a llegar con empate. Dos minutos después al gol del Real Zaragoza, Valdo se internó en el área y cedió un balón a Urtiaga que hizo el 1-1. Tras la reanudación el Zaragoza tuvo mayor temple, dominó el choque y ganó gracias al gol de, cómo no, Marcelino.

 

El dominio latino continuó durante las temporadas 1964-65 y 1965-66 aunque los clubes españoles cedieron su protagonismo en el curso siguiente al triunfo del Real Zaragoza. Los finalistas fueron la Juventus de Turín y el Ferencvaros húngaro. De nuevo el título iba a decidirse a partido único que se iba a disputar en el feudo de la vecchia signora, es decir, en el Comunale turinés. El Ferencvaros dio la sorpresa al ganar en Turín por 0-1 gracias a la diana lograda en la primera parte por el extremo izquierdo magiar Maité Fenyvesi.

 

En el curso 1965-66 se iba a repetir una final española. El Real Zaragoza volvía a pelear con el título y esta vez lo iba a hacer ante otro bicampeón: el FC Barcelona. El cuadro aragonés se había deshecho en semifinales del potente Leeds United de Don Revie mientras que el Barça también había tenido que eliminar a otro conjunto inglés, en este caso el Chelsea que lideraba el juerguista delantero centro Peter Osgood. En la ida disputada en el Camp Nou el Real Zaragoza ganó por 0-1 gracias a un solitario gol de Canario. Todo parecía indicar que la vuelta en La Romareda iba a ser un paseo y una fiesta zaragocista. Pero no lo fue. A los tres minutos del inicio, Pujol, que se iba a convertir en el héroe de la final, hizo el 0-1 que igualaba la eliminatoria. Marcelino empató mediada la primera mitad y el marcador no se volvió a mover hasta el tramo final del choque cuando los azulgranas se pusieron 1-3 gracias a los goles de Zaballa y Pujol. Marcelino volvió a aparecer en la recta final, a falta de tres minutos hacía el 2-3 que igualaba la final por lo que se iba a necesitar de una prórroga para dirimir el nombre del campeón. En el último minuto del tiempo suplementario, cuando el árbitro italiano ya buscaba en su bolisllo una moneda que lanzar al aire para dilucidar el nombre del campeón, Pujol completaba su actuación logrando su tercer gol y el cuarto del Barça en el minuto 120. El título se marchaba a la ciudad condal.

 

HEGEMONÍA INGLESA. Si las primeras ediciones de la Copa de Ferias fueron dominadas por los países latinos, especialmente por los equipos españoles, el segundo tramo de la competición fue el de la hegemonía inglesa. Espacialmente destacó el Leeds United de Don Revie que probablemente fue el mejor conjunto inglés de la época o, al menos, el de mayor potencial aunque éste no se concretó en títulos. El Leeds United alcanzó al final de la temporada 1966-67. En ella iba a verse las caras con el Dínamo de Zagreb, que había perdido la de 1963, y que probablemente contaba con la mejor generación de futbolistas de su historia. El 2-0 logrado por los balcánicos en su feudo fue suficiente para encarar la vuelta en Elland Road. El cerrojazo yugoslavo propició el 0-0 de la vuelta y el triunfo para el Dínamo.

 

Al año siguiente, el Leeds United iba a tener otra oportunidad de sumar su primer título europeo ya que de nuevo alcanzó la final de la Copa de Ferias. Esta vez iba a enfrentarse a otro equipo del Este, el Ferencvaros que había ganado la edición de 1965. La novedad de esta edición residió en que la clasificación para el torneo iba a depender de la posición que los clubes ocupasen en sus respectivos campeonatos domésticos, es decir, el viejo concepto de ciudad organizadora de ferias pasaba a mejor vida. La ida se disputó en Elland Road, que congregó a 25.300 espectadores en su graderío, para ver como un solitario gol de Johnny Giles daba al Leeds United una mínima renta para encarar el choque de vuelta en el Nepstadion de Budapest. Curiosamente este encuentro de vuelta se disputó al mismo tiempo que se jugaban las eliminatorias de la primera ronda de la Copa de Ferias de la temporada 1968-69. Los húngaros dominaron todo el partido pero enfrente tenían al duro y rocoso Leeds United de Don Revie que supo aguantar hasta el final el 0-0 inicial. El Leeds United conquistaba el torneo.

 

El vecino y rival del Leeds United, el Newcastle United fue el encargo de prolongar el dominio inglés. Y también lo hizo frente a un conjunto húngaro, en este caso ante el Ujpest Dozsa. La ida, disputada ante 60.000 espectadores en St. Jame’s Park, fue un encuentro equilibrado. La seguridad defensiva magiar aguantó el empuje de los magpies hasta el minuto 60 de partido cuando el guardameta Szentmihályi cometió un fallo que originó el 1-0. A partir de aquí el nerviosismo e inseguridad se instaló en la zaga húngara y llegaron otros dos goles más del Newcastle. El 3-0 de la ida convertía al Newcastle United en campeón virtual de la competición. El duelo en Hungría fue un mero trámite que se resolvió por 2-3.

 

El Arsenal iba a coger el relevo del Newcastle y del Leeds United. Fue el primer título europeo de los gunners pero no fue nada fácil. En la final se midió con el Anderlecht. En la ida, disputada en terreno belga, el Arsenal cayó por 3-1 pero mantuvo sus opciones gracias al tanto que logró Kennedy en el minuto 82 cuando el marcador del Parc Astrid reflejaba un 3-0. La vuelta se disputó en Highbury una semana después. El Arsenal se lanzó al ataque desde el primer minuto, siendo fiel ejemplo del tradicional juego inglés. Gracias a su empuje logró el 1-0, obra de Kelly, mediada la primera parte. La mitad del camino estaba recorrido. En la segunda, el Arsenal logró dos goles en un minuto que sentenciaron al Anderlecht. Radford (75’) y Sammels (76’) dieron el título a los gunners.

 

El Leeds United iba a volver a levantar la Copa de Ferias en su última edición. Fue en la temporada 1970-71. El conjunto del norte de Inglaterra vivía uno de sus mejores momentos. El rival iba a ser la Junventus de Turín que buscaba su primer título en esta competición después de la decepción de 1965. La ida se disputó en el Comunale y concluyó con 0-0. El primer encuentro de ida fue suspendido por el árbitro en la segunda mitad debido a las malas condiciones del terreno de juego ya que el balón a penas podía rodar debido a los numerosos charcos que se habían producido por la lluvia caída en Turín. El replay concluyó con 2-2. La Juventus dominó pero los ingleses sembaron el pánico en el Comunale gracias a su juego de contraataque. Bettega adelantó a los italianos pero Madaley igualó a los tres minutos de la reanudación. De nuevo los transalpinos se adelantaron gracias a un tanto de Capello, pero Bates, en el minuto 77, hizo el 2-2 final.

 

El encuentro de vuelta también concluyó en empate, esta vez 1-1, por lo que el valor doble de los goles logrados en campo contrario dio el título al Leeds United. En Elland Road ambos equipos intercambiaron los papeles de la ida. El Leeds fue el equipo ofensivo mientras que la Juve buscó el contraataque. Clarke adelantó a los ingleses y Anastasi hizo el 1-1 final.

 

¿QUIÉN SE QUEDA LA COPA EN PROPIEDAD? La Uefa se hizo cargo de esta competición en 1971. Diseñó un nuevo torneo que comenzó a disputarse en la campaña 1971-72 y que recibió el nombre de Copa de la Uefa. Antes de que se iniciase esta nueva competición se dirimió el club que iba a quedarse en propiedad con la Copa de Ferias. Para ello se disputó un encuentro entre el FC Barcelona, que con tres títulos era el club más laureado en esta competición, y el Leeds United, vigente campeón y poseedor de dos títulos. El encuentro se disputó en el Camp Nou.

El encuentro no despertó mucho interés en Barcelona, a penas 35.000 espectadores se dieron cita en las gradas del coliseo culé. El Leeds United de Don Revie llegó muy mermado a la ciudad condal. Cinco bajas importantes, las de Cooper –considerado el mejor defensa del momento-, Clarke, Jones, Gray y Madeley. Dueñas se convirtió en la figura del encuentro ya que adelantó al Barça en el minuto 51, aunque en el 52’ Jordan hizo el empate, y en el 84’, instante en el que hizo el 2-1 final que dio la propiedad de la copa al FC Barcelona. 

 

Datos del artículo:

Autor: Carlos A.S.

Fecha: 28 de marzo de 2008.

Fuentes: Uefa, Linguasport, Wikipedia y Zlatan.

Hilo musical: Deadline: We Are Talking Over [People Like You, 2008], The Nerve Agents: Days of White Owl [Revelation Records, 2000] y Pennywise: About Time [Epitaph Records, 1995]. 

 

La maldición de Guttmann

marzo 6, 2008

La historia del fútbol se ha formado a partir de leyendas, mitos, héroes caídos, bestias negras y un largo etcétera de términos de cariz casi místico. Pero dentro de la mística difícilmente hemos encontrado espacio para lo que podría denominarse las artes oscuras. Y no. No estamos hablando de sucios defensas centrales. No. Ni mucho menos. Ni tampoco hablamos de la superstición que habitualmente acompaña en mayor o menor grado a los jugadores y entrenadores. Hablamos de algo tan viejo como el mal de ojo. La maldición que Bela Guttman echó sobre el Benfica en el verano de 1962 cuando fue cesado en su cargo de entrenador de las águilas forma parte de esta serie de artes oscuras que en rara ocasión se ven mezcladas con el balompié.

 

El Benfica recibe esta noche –21.30 horas- al Getafe en el partido de ida de la eliminatoria de cuartos de final de la Copa de la Uefa. Un enfrentamiento en el que el conjunto lisboeta parte con la vitola de favorito ante todo un debutante en estas suertes europeas como es el cuadro azulón. Las águilas tienen ante sí la mejor manera de salvar la temporada. Están a 12 puntos de los dragones del Oporto. La Uefa es la tabla de salvación lisboeta. Por ello, el estadio benfiquista vivirá un buen ambiente para empujar a las águilas en esta nueva aventura europea. Pero seguro que esos mismos seguidores que sueñan con volver a ser grandes en Europa tendrán en su cabeza la llamada ‘maldición de Guttmann’. El entrenador húngaro, que llevó al Benfica a ganar dos Copas de Europa en el arranque de los sesenta, fue despedido por la entidad portuguesa debido a que pidió un aumento de sueldo. El día que se despidió del club lo hizo lanzando una sentencia que en aquel momento fue tomada de forma anecdótica pero que se ha convertido en toda una losa para el Benfica. “Sin mí, el Benfica no volverá a ganar una copa europea”. Desde entonces ha disputado seis finales y las ha perdido. Cinco de Copa de Europa y una de la Uefa.Bela Guttmann.

GUTTMANN, EL TROTAMUNDOS. Bela Guttman [Budapest, 1900-Viena, 1981] fue un trotamundos como jugador y también lo fue como entrenador. En su etapa como jugador fue un destacado mediocentro húngaro de origen judío que conquistó dos títulos de Liga con el MKT Budapest, jugó con la selección en los Juegos Olímpicos de París de 1924, y marchó al Hakoah Viena. Este equipo austriaco se convirtió en uno de los más importantes de centroeuropa en la década de los años 20. Su popularidad le llevó a medirse con el West Ham United inglés. El primer partido se disputó en Viena y el resultado fue de empate. Los ingleses se comprometió a disputar el desempate en Londres. Allí, el Hakoah humilló a los hammers endosándoles un rotundo 0-5. Bela Guttmann siempre fue inquieto. Tras una gira por Estados Unidos se quedó asombrado tras disputar un partido en el New York’s Polo Ground ante 46.000 espectadores. Por ello, y porque buena parte de los clubes eran de propiedad judía, decidió marcharse a la liga estadounidense donde jugó 176 partidos hasta su retirada a la edad de 32 años.

Sus inicios en el banquillo estuvieron ligados al Hakoah Viena. Posteriormente marchó al Enschede holandés [actual Twente] y ganó la Liga. También ganó la Liga húngara en la temporada 1938/39 con el Ujpest. Tras la II Guerra Mundial siguió entrenando en Hungría. Se hizo cargo de las riendas del Kispest Honved, con el que ganó otros dos campeonatos. El Honved era propiedad del padre de Ferenc Puskas, detalle que podría ser anecdótico pero que fue crucial en su trayectoria en la institución. Su marcha se produjo tras un roce con Puskas hijo. Guttmann quiso cambiar a un defensa y Puskas se negó. El cambio no se produjo. Guttmann se había dado cuenta que acaba de perder el respeto de sus jugadores. Se sentó en el banquillo, ojeó una revista hasta la conclusión y presentó la dimisión.  

Marchó a Italia. Tras pasar por los banquillos de Pádova y Triestina recaló en el AC Milan en 1953. El camino de Trieste a Milan no lo hizo solo. Se llevó a un prometedor defensa de la Triestina: Cesare Maldini. Se convirtió en uno de los jugadores históricos del club rossonero. Fue el encargado de levantar la primera Copa de Europa de los milanistas en 1963. Pero, sobre todo, fue uno de los mejores defensores de su época. Guttmann tuvo un gran equipo a sus órdenes. Contó con el trío ‘gre-no-li’. Es decir, con los delanteros suecos: Gunnar Gren, Gunnar Nordahl y Nils Liedholm. Los tres formaron parte del combinado nacional que había sido oro olímpico en los Juegos de Londres de 1948. Además, también contó con el uruguayo Juan Alberto Schiaffino. Uno de los autores de goles del llamado ‘maracanazo’. Con este plantel, el Milan ganó el título de 1955. Nordahl fue el máximo goleador del torneo. El sueco actualmente es el segundo máximo goleador de la historia del Scudetto. En 1956 salió por la puerta de atrás del Milan y se despidió de Italia tras entrenar al Vicenza.  

SU LLEGADA A PORTUGAL. De Bela Guttmann se dice que fue un gran estratega. La  leyenda dice que el fue el inspiró el 4-2-4 con el que Brasil se proclamó campeona en el Mundial de 1958. Se dice que Guttmann durante su etapa en el MTK decidió fortalecer el medio del campo y para ello comenzó a emplear un 4-2-4 que Bukovi y Sebes también empezaron a utilizar. En 1957 Guttmann volvió a dirigir al Honved. El mítico Honved en el que jugaban: Puskas, Czibor, Kocsis, Bozsik, Budai, Lorant y Grosics.   Con este 4-2-4 el Honved realizó una gira por Brasil. Allí se enfrentó a varios equipos. El conjunto húngaro maravilló y Guttmann se quedó en Brasil para hacerse cargo del Sao Paulo. Un Sao Paulo al que llevó al título en 1957. En este equipo formaron Dino Sani y Mauro Ramos, que ganaron el Mundial de 1958, y, sobre todo, destacaba la presencia del veterano Zizinho. Él fue el primer centrocampista brasileño que impactó a nivel mundial.  

Tras su paso por Brasil, Guttmann puso rumbo a Portugal. En concreto a Oporto. Ganó la Liga con los dragoes. El Benfica se fijó en él y le contrató un año más tarde. Alrededor de este húngaro hay mucha mística y leyenda. Otra de esas leyendas dice que antes de firmar con el Benfica pasó por la barbería. En ella, coincidió con José Bauer, que en ese momento era el técnico del Sao Paulo. A lo largo de la conversación surgió el nombre de un joven mozambiqueño que tenía cautivado a Bauer. Guttmann decidió mandar a un ojeador y Eusebio Ferreira llegó a Lisboa a finales de 1960. Con la pantera negra, Guttmann encontró lo que al Benfica le faltaba para aspirar a la corona continental. De hecho, el primer triunfo europeo de las águilas se remonta a 1960. La irrupción de Eusebio no pudo ser más estrepitosa. En la final del Torneo de París de 1961, el Benfica iba perdiendo 3-0 con el Santos de Pelé y tan sólo habían transcurrido 20 minutos de partido. Guttmann desesperado decidió poner a Eusebio en el campo. El mozambiqueño respondió a la confianza de su entrenador con tres goles que igualaron el partido y que provocaron la reacción de Pelé. El astro brasileño hizo dos goles y su equipo terminó ganando por 6-3. Pero el gran triunfador de la noche fue Eusebio. La crónica de France Football es fiel reflejo de ello: “Eusebio 3, Pelé 2″. 

El camino hasta la final de Berna fue relativamente cómodo para el Benfica. Eliminó al Hearts, Ujpest, AGF y Rapid de Viena. Pero el rival en la final iba a ser el todopoderoso FC Barcelona. El conjunto azulgrana había eliminado en primera ronda al Real Madrid, equipo que había ganado las cinco copas de Europa que se habían disputado hasta la fecha. Tenía un conjunto temible encabezado por los húngaros Kubala, Kocsis y Czibor más Evaristo y Luis Suárez. El Barça partía como favorito. Pero no cumplió. Se estrelló con la madera. Hasta cuatro balones acabaron en los postes. El Benfica no pudo contar con Eusebio en la final debido a que no había podido de arreglar el contrato con el club lisboeta. A pesar de ello, las águilas se impusieron por 3-2 en la prórroga. 

El título de campeón de Europa lo iba a revalidar en la temporada siguiente. Y lo iba a hacer ante el mismísimo Real Madrid que alcanzó la final y que quería sumar su sexto título en siete ediciones. El conjunto blanco tuvo una difícil eliminatoria de semifinales ante la Juventus. Di Estéfano firmó el tanto del triunfo madridista en Turín. Pero la Juve repitió resultado en Charmartín, infligiendo al Real Madrid la primera derrota europea en casa de su historia. Fue necesario un partido de desempate en París que concluyó con triunfo blanco por 3-1. Si el Real Madrid sufrió en cuartos, el Benfica lo hizo en las semifinales ante el Tottenham Hotspur. 3-1 en Lisboa y derrota por 2-1 en The Lane. La final de Ámsterdam iba a enfrentar a los dos únicos campeones de la competición. Y Guttmann iba a poder contar con Eusebio, que estaba maravillando al continente con el fútbol que tenía en sus botas. Además, Guttmann tenía la posibilidad de tomarse una pequeña revancha con Puskas. El jugador húngaro fue el mejor de los blancos. Firmó tres goles, todos los que hizo el conjunto de Charmartín en aquella tarde. Pero el Benfica hizo cinco, dos de ellos de Eusebio.

Parecía que el Benfica iba a sustituir al Real Madrid en el trono continental. Si los blancos habían dominado la década de los 50 con Di Estéfano como gran abanderado, el Benfica se encomendaba a Eusebio y Guttmann para imponer su tiranía. El Benfica parecía un equipo imbatible. Con un poderío ofensivo notable y con un Eusebio al que ninguna defensa lograba frenar o, al menos, minimizar. Guttmann afrontaba su tercer año en la entidad. El húngaro pensaba que la tercera temporada era la más difícil para un entrenador. Por ello, durante el verano pidió un aumento de sueldo. Las negociaciones entre técnico y directiva no llegaron a buen puerto, hubo mucha tensión y el club decidió cesar Bela Guttmann. Tras el cese, el húngaro profirió la ya cita frase de “sin mí, el Benfica no volverá a ganar una copa europea”. La frase comenzó a tener sus efectos en ese mismo 1962. A finales de año, en la disputa de la Intercontinental que se llevó el Santos de Pelé. 

SEIS DECEPCIONES. Con la derrota en la Intercontinental no se quiso dar mayor importancia a la frase de Guttmann. Normal. Al fin y al cabo, la Intercontinental no era una competición europea y, por supuesto, ¿quién iba a creer esa amenaza cuando se tenía un equipo tan potente?. En 1963 el Benfica alcanzó la final de la Copa de Europa que se iba a disputar en Wembley. El rival era el AC Milan de Nereo Rocco que contaba con Gianni Rivera, Cesare Maldini, Giovanni Trapattoni y José Altafini, que se convirtió en el máximo realizador del torneo con 14 dianas. La final también era el escenario en el que se iban a enfrentar dos de las más grandes figuras futbolísticas del momento: Altafini y Eusebio. Ambos fueron los encargados de inaugurar el marcador. Altafini adelantó al Milan y Eusebio igualó la contienda. Pero Altafini iba a decantar el título con otro gol, logrado a pase de Rivera.   En 1964, el Benfica cayó eliminado en primera ronda por el Borussia de Dortmund. Iba a ser un año después cuando las águilas alcanzasen su cuarta final de la máxima competición continental. De nuevo iba a enfrentarse a un conjunto italiano de la ciudad de Milán, pero esta vez su rival iba a ser el Internazionale, que era el vigente campeón de la competición. El Inter acrecentó la leyenda. Los elementos se aliaron con los neroazurri. El Inter  jugaba en San Siro. La climatología no acompañó, llovió y el agua impidió que el Benfica practicase su estilo ofensivo. El Inter defendió con orden y rigor y, además, consiguió golpear primero gracias al tanto que Jair logró al filo del descanso. Este gol sirvió a los neroazurri para ganar su segunda y última Copa de Europa hasta la fecha. El Benfica perdía por segunda ocasión aunque firmaba un quinquenio de excepción: cuatro finales con dos títulos.  La carrera de Eusebio tocó techo en 1968 y la del Benfica también. La pantera negra fue elegido Balón de Oro por France Football. Fue la primera ocasión en la que se otorgó este premio y el galardón recayó sobre el mejor jugador del momento. El Benfica estaba considerado como el mejor equipo de Europa. Tras eliminar a Gletoran [se deshizo de este rival gracias al valor doble de los goles en campo contrario, primera vez que se utilizó este sistema para decidir una eliminatoria igualada], Saint Etienne, Vasas y Juventus, el Benfica regresó a Wembley. No era un escenario que le traía buenos recuerdos y, además, iba a tener que jugar contra un equipo inglés: el Manchester United de Matt Busby. Un detalle nada anecdótico ya que los diablos rojos no habían conseguido ganar ningún partido fuera de casa durante las eliminatorias previas. En Wembley iban a contar con el apoyo de sus seguidores. Hibernian, Sarajevo, Gornik y Real Madrid fueron sus obstáculos para llegar a Wembley. La final no registró goles hasta la segunda mitad. Bobby Charlton, en el 54’, inauguró el marcador. Jaime Graça igualó minutos después. Se llegó a la prórroga. En ella, Charlton, Best y Kidd hicieron los tantos del United. 4-1. Tercera final perdida para el Benfica.  

15 años iba a tardar el Benfica en regresar a una final europea. No fue en la Copa de Europa, sino en la Copa de la Uefa de la temporada 1982/83. El Benfica contaba en el banquillo con la dirección de un entrenador sueco: Sven-Göran Ericksson. Eliminó a Betis, Waasland, Zürich, AS Roma y Universidad de Cracovia. El equipo a batir era el Anderlecht belga. El club belga había ganado dos Recopas, perdido otra, y dos Supercopas de Europa durante la década de los 70. En esa temporada, antes del partido de vuelta de la eliminatoria ante el Oporto, Van Himst relevó a Tomislav Ivic en el banquillo. Se plantó en la final que se disputaba a doble partido. En la ida, el Anderlecht venció por la mínima gracias a un solitario gol del danés Brylle. El Estadio de la Luz registró un gran lleno para la vuelta. El Benfica acariciaba el título a pesar del resultado en contra que traía de Bélgica. Sheu, en el 36’, adelantó a las águilas e igualaba la final, pero el español Lozano, dos mimutos después del tanto portugués, puso el 1-1 con el que iba a finalizar el partido. La Uefa era para el Anderlecht y Bela Guttmann se reía desde su tumba en Viena, en la que descansaba desde hacía dos años.  

Un año después de que el Oporto levantase su primera Copa de Europa en la final que le enfrentó al Bayern de Munich, el Benfica tenía la posibilidad de romper la maldición de Guttmann en la quinta final continental que iba a disputar tras la marcha del húngaro. De nuevo era finalista de la Copa de Europa. Stuttgart acogió la final. En ella el Benfica iba a tener que enfrentarse con el PSV Eindhoven de Guus Hiddink. El PSV no enamoró a Europa. Europa estaba del lado del Benfica. Ganó tan sólo tres de los nueve partidos que disputó en la competición. A penas hizo goles. Superó los cuartos de final [Girondins] y la semifinal  [Real Madrid] gracias al valor doble de los goles conseguidos fuera de casa y, además, se granjeó la antipatía europea debido a la entrada que Koeman realizó a un jugador francés al que lesionó de gravedad. El PSV contaba con un gran portero bajo palos: Van Breukelen. Además en defensa contaba con el ya citado Koeman y con el belga Gerets, El fútbol en la medular lo creaba el danés Lerby y en las bandas contaba con Vanenburg y Gillhaus. En ataque, el delantero centro era Wim Kieft, El Benfica había eliminado a Partizan, AGF, Anderlecht y Steaua de Bucarest para llegar a la final. El encuentro concluyó 0-0. Se disputó la prórroga y el marcador no se movió. En los penaltis, el PSV acertó con todos mientras que Veloso falló el sexto por parte del Benfica. La maldición estaba más viva que nunca. 

La última final que hasta la fecha ha disputado el Benfica fue dos años después de la derrota en Stuttgart. En 1990. El escenario iba a ser el Pratter vienés. Como el Benfica iba a visitar Viena, donde está la tumba de Bela Guttmann, al club se le ocurrió poner punto y final a la maldición. Una delegación lisboeta encabezada por Eusebio hizo una ofrenda foral en la tumba del húngaro y rezó antes de la disputa de la final en la que las águilas iban a volver a verse las caras con el AC Milan. El Milan de Sacchi atemorizaba Europa. Estaba revolucionando el fútbol y ya había ganado una Copa de Europa 12 meses antes en el Camp Nou. El Milan sufrió para llegar a la final. Sobre todo ante el Real Madrid en octavos y ante el Bayern de Munich en semifinales. Derrotó a los alemanes en la prórroga. El camino del Benfica también fue duro y, al igual que el Milan, sufrió en semifinales. El Olympique de Marsella era uno de los conjuntos favoritos para hacerse con el triunfo final. Era el aspirante al trono del Milan, incluso se decía que el único que podía batir al cuadro rossoneroEl Olympique cayó en las semifinales ante el Benfica en un polémico encuentro de vuelta que se resolvió gracias a un tanto de Vata. Tampoco se vio una gran final, pero sí se vio a un Benfica gris, sin ideas para abordar al Milan. Rijkaard, en el 68’, marcó el 1-0 definitivo. Esta fue la última vez que el Benfica se asomó a una final continental que perdió como las cinco anteriores que había  disputado tras la marcha de Bela Guttmann. De momento, la maldición de Guttmann sigue haciendo efecto a las águilas 

Datos del artículo: 
Autor: Carlos A.S.
Fecha de publicación: 06 de marzo de 2008.
Fuentes: As, Uefa, Wikipedia, Fútbol Factory, Jewish Sports y El Iceberg de Madrid.
Fotografía: Jewish Sports.

La primera gran remontada blanca

marzo 5, 2008

Una imagen de celebración de un gol madridista en una de esas noches de remontada en el Santiago Bernabéu.

Real Madrid y AS Roma disputan esta noche –20.45 horas/Canal +- el encuentro de vuelta correspondiente a la eliminatoria de octavos de final de la presente edición de la Liga de Campeones. El cuadro blanco deberá remontar el 2-1 adverso cosechado en el Olímpico romano. Noche grande la que se avecina en el Santiago Bernabéu. La escuadra giallorosa y su capitán Francesco Totti se resisten a ser un equipo secundario en la gran competición continental. Su historia en el torneo es breve, sólo tiene tres Scudettos y hasta creación de Liga de Campeones tan sólo disputó una edición en el antiguo formato de la Copa de Europa. Fue en la temporada 1983—84. Alcanzó la final que se disputó en su propio estadio. Pero la historia de la Roma nunca suele ser un cuento con un bello final. Todo lo contrario. Su enfrentamiento con el Liverpool finalizó con empate (0-0) y los reds sumaron su cuarta Copa de Europa en la tanda de penaltis. El plantel de la Ciudad Eterna espera repetir el buen papel realizado la temporada pasada en la que alcanzó los cuartos de final. Para ello deberá poner a prueba su madurez deportiva ante uno de los grandes del continente. El Real Madrid apela a su jerarquía europea para seguir alimentando el idilio permanente que mantiene con la competición. Pero a parte de su mayor tradición, el Real Madrid también apela a su historia en el Santiago Bernábeu. Esa historia que nos hace retroceder en la particular máquina del tiempo de la memoria a esos épicos duelos de vuelta disputados en las décadas de los 70 y 80 que convirtieron al coliseo madridista en un campo en el que ninguna ventaja lograda en la ida parecía suficiente como para viajar con tranquilidad. Remontadas que dieron pie a conocidas frases como la de “90 minuti en el Bernabéu son molto longo”, de Juanito, o al nacimiento del llamado “miedo escénico”. El inicio de la mística y la litúrgica que acompaña al Real Madrid en casa cada vez que tiene que corregir un traspiés europeo cometido en una salida tiene una fecha de comienzo: 5 de noviembre de 1975. Y un rival: Derby County.

EMPRESAS MENORES. Cuando el vídeo todavía no había matado a la estrella de la radio, el fútbol era bien diferente. Sobre todo cuando hablamos de enfrentamientos europeos. El nivel de conocimiento del rival era infinitamente menor al que hoy en día se puede tener. Los equipos se solían conocer poco entre sí. Gran parte de las referencias se debían a anteriores enfrentamientos europeos o a partidos de selecciones. Contrarrestar la táctica del contrario era una práctica menos habitual y los equipos buscaban explotar sus puntos fuertes, eso sí, siempre partiendo de una cierta seguridad defensiva. Por este gran desconocimiento, que aumentaba en grado exponencial cuando se hablaba de conjuntos de países de más allá del telón de acero, provocaba duros reveses a domicilio a los grandes clubes del continente. De esta manera no era raro ver al Real Madrid, Benfica, Inter o Milan hincar la rodilla en sus visitas. Estas derrotas propiciaban emocionantes encuentros de vuelta. Ciñéndonos a la historia blanca. Las remontadas comenzaron con la propia Copa de Europa. La primera de ellas tuvo se produjo en la temporada 1959-60. El Real Madrid caminaba con paso firme hacia su quinta Copa de Europa, pero en cuartos de final tuvo que deshacerse del Niza. El 3-2 en la ida inquietó al conjunto blanco, aunque terminó ganando por 4-0 en Madrid. En la 1965-66 fue el Feyenoord el que vivió otra de esas grandes noches europeas del Real Madrid. No pudo defender el 2-1 de la ida. Es más, acabó goleado por 5-0. Tras los holandeses llegó el Anderlecht que también probó la medicina madridista. 1-0 en Bélgica. 4-2 en el Santiago Bernabéu. Otros enfrentamientos, como los producidos ante Bayern de Munich, Rapid de Viena o Cardiff, comenzaron a alimentar esta leyenda de las remontas blancas. Pero el mito comenzó a edificarse un 22 de octubre de 1975. El Real Madrid disputaba la ida de los octavos de final de la Copa de Europa. El sorteo le había aparejado con el Derby County inglés.  Escudo Derby County FC.

LOS CARNEROS. La historia del Derby County no es ajena a la leyenda. Un más que modesto club inglés que en los primeros años de la década de los 70 irrumpió con fuerza y por sorpresa en la First Division. Su irrupción se saldó con la consecución de dos títulos ligueros: 1971-72 y 1974-75. Esta explosión del Derby County en buena medida se debió a Brian Clough. Un controvertido técnico, de fuerte carácter, declaraciones contundentes y alcohólico. Una figura que llevó al Derby County al título de Liga y que posteriormente terminaría alzando dos Copas de Europa con el Nottingham Forest. El entrenador inglés cogió a los carneros en la Second Division. El Derby County era un conjunto de la zona baja. A sus espaldas no había una gran historia. Tres subcampeonatos de First Division [1896, 1930 y 1936] y una victoria en la FA Cup de 1946 que le ganó al Charlton Athletic. De hecho, en la primera temporada de Clough en el banquillo del Baseball Ground el equipo peleó por no perder la categoría. En la siguiente logró el ascenso y en la primera temporada en First Division finalizó en cuarta posición, aunque no debutó en competiciones europeas debido a problemas financieros.  

Tras una temporada de transición, estamos hablando del curso 1971-72, el Derby County ganó la Liga. Ganó el título en dura pugna con los tres equipos ingleses más importantes del momento: Leeds United, Liverpool y Manchester City. Su primera participación en la Copa de Europa no pudo ser más estimulante. En primera ronda le tocó medirse con el Benfica de Eusebio. McFarland y Todd pararon la ofensiva de las águilas. El conjunto inglés logró tres tantos [McFarland, Hector y McGovern] en la primera mitad y con esa renta se marchó a Lisboa. 0-0 en la vuelta. El Derby County iba a alcanzar las semifinales tras deshacerse del campeón checo en cuartos. En ellas iba a disputar una más que electrizante y polémica eliminatoria con la Juventus de Turín. Los ingleses se quejaron del arbitraje recibido en el Comunale en la ida. El Derby cayó por 3-1. Y eso que Hector llegó a igualar la contienda antes del descanso. Dos goles en la segunda parte, en buena media gracias al buen trabajo del alemán Helmut Haller, acercaron a la Juventus a la final de Belgrado. Además, el Derby County perdía para la vuelta Archie Gemmill y Roy McFarland, que en Turín vieron la segunda amarilla en la competición. Brian Clouch se despachó a gusto al llamar “bastardos tramposos” a los italianos. La vuelta concluyó 0-0. Davies fue expulsado y Hitton marró un penalti.

El triunfo liguero del Derby County se repitió en la campaña 1974-75. Esta vez no fue con Brian Clough en el banquillo. El controvertido técnico abandonó la entidad en 1973 junto con su segundo entrenador, Peter Taylor, por diferencias con la Junta Directiva del Derby County. La dirección optó por situar en el banquillo a toda una institución del fútbol inglés y ex jugador del County: Dave MacKay. El ex de los rams y de los spurs inició su carrera como entrenador en el banquillo del Baseball Ground. Con MacKay remontó el vuelo en Liga, se clasificó para la Copa de la Uefa [en la que en segunda ronda eliminó en los penaltis al Atlético de Madrid y cayó en tercera ante el Velez Mostar] y, sobre todo, ganó el título de la First Division al curso siguiente. Campeón por delante del Liverpool, que ya apuntaba el gran equipo que estaba formando y que iba a dominar Inglaterra a finales de la década de los 70. 

Tras superar al Slavia de Praga en primera ronda, en segunda el bombo deparó un Derby County vs Real Madrid. Alegría en el Baseball Ground ya que iban a ver al denominado ‘Rey de Europa’. Y es que los seis títulos de Copa de Europa del club blanco imponían mucho entonces. El 22 de octubre de 1975 el Real Madrid recibió un severo correctivo en Derby. “El Derby County es lo suficientemente bueno como para ganar la Copa de Europa. Eso es lo que dejó ver en su brillante victoria de la última noche ante el Real Madrid. Puede ganar mediante el método de Dave MacKay, glorioso, fácil y fluido fútbol surgido de las lágrimas de los intestinos de los equipos continentales”. Así comenzaba la crónica del partido escrita por Gerald Mortimer. El Real Madrid recibió todo un baño. Aquel Real de los Pirri, Camacho, Amancio, Del Bosque, Netzer y Breitner. George inició el recital de los rams a los siete minutos de encuentro y también él fue el encargador de poner el 2-0 en el marcador, pero los blancos recortaron distancias en el 25’. Pero al descanso los rams se fueron con un 3-1 gracias a David Nish. En la segunda mitad el Real Madrid buscó un gol que recortase distancias, lo encontró pero fue anulado por el juez de línea. Un juez de línea que curiosamente era mismo linier que en 1966 dio como válido el gol de George Hurst en la final del Mundial de Inglaterra. A falta de 12 minutos para la conclusión, George, de nuevo desde el punto de penalti, hizo el 4-1 definitivo. Los blancos se quejaban de la actuación de Ivanov pero tocaba remontar en el Bernabéu.

Roberto Mart�nez marcando uno de los dos tantos que hizo en el Real Madrid 5-Derby County 1NOCHE DE GALA. El Real Madrid no quería marcharse de su competición favorita por la puerta de atrás, eliminado por todo un recién llegado. El conjunto merengue tiró de la que históricamente ha sido su mejor arma: el carácter ganador. Este martes, el diario AS publicaba una entrevista con Mandiá, técnico del Castilla, en el que decía que el público del Real Madrid sólo concibe dos maneras de ganar: jugando bien o a través de la pelea y el no rendirse. En estos casos en los que hay que rendir, el jugar bien se pone de lado y surge el aspecto más combativo del club de Concha Espina. Ese carácter ganador y ese dejarse la piel en el campo que tanto agrada a la grada del Bernabéu, han convertido en objetivo de la crítica de la afición a aquellos jugadores que no han poseído estos valores. Garra y combatividad que también exhibió el Derby County pero que, como dijo el ya citado Gerald  Mortimer en su crónica de este partido, “no fue suficiente”. Los de MacKay querían clasificarse para los cuartos de final. Precisamente su casta y combatividad hicieron mayor la gesta blanca. El honor del caído sirve para la mayor gloria del vendedor.  100.000 espectadores se dieron cita en el Santiago Bernabéu. Miljan Miljanic, el por entonces entrenador del Real Madrid, antes de saltar al césped dirigió estas palabras a sus jugadores: “La pelota tiene que ser nuestra porque necesitamos marcar un gol rápido. El primer partido lo perdimos nosotros, ahora nos toca ganar. Limítense a hacer lo que saben hacer, con eso bastará”. Dicho y hecho. Una combinación entre Breitner, Netzer y Camacho llevó el esférico al interior del área británica donde Santillana peinó el balón y Roberto Martínez lo envió al fondo de la meta defendida por Boulton. Con 1-0 se llegó al intermedio. El reloj corría rápido. El tridente blanco compuesto por Amancio, Santillana y Roberto Martínez inquietaba la portería inglesa con sus remates pero no lograban hacer el segundo. Roberto Martínez lo hizo a los 51’ gracias a un error de Boulton. Faltaba un gol para completar la remontada. Y llegó cinco minutos después, cuando Santillana, luciendo su espectacular juego aéreo, cabeceó a la red un centro de Netzer. Delirio blanco en el graderío. 

Santillano exhibiendo su poder�o aéreo ante la zaga del Derby County.Alegría que tornó en tristeza en el minuto 62. Cuando George hizo el 3-1. De nuevo hacía falta un gol, pero esta vez para forzar el tiempo suplementario. Al Real Madrid le entraron las prisas. No concretó ocasiones hasta que en el minuto 80 Amancio fue derribado en el área por McFarland tras una jugada personal. Se dice que el propio Amancio le dijo a Pirri: “Tíralo tú, Pepe, que yo no puedo”. 4-1. Y a la prórroga. La emoción era máxima. Dos equipos batiéndose con honor y ardor por un hueco en los cuartos de final de la Copa de Europa. La afición madridista comprendió lo que estaba en juego y comenzó a empujar a los suyos hacia la victoria. Una afición que alcanzó el éxtasis en el minuto 100 del partido. El Real Madrid, por orden del entrenador balcánico, cercó la portería inglesa y cargó con todo en busca del gol que le diese la clasificación. Estaba finalizando la primera parte del tiempo suplementario cuando Del Bosque se internó en el campo del Derby County, bombeó un centro a la cabeza de Santillana, quién en una habilidosa acción burló al defensor inglés con un sombrero, y sin dejar que el cuero tocase el verde fusiló a Boulton. Santillana, que llegó al partido arrastrando molestias del último encuentro liguero disputado en Mestalla, certificó su gran actuación anotando el quinto tanto de la noche. Fue uno de los grandes artífices de la primera gran remontada madridista. Dominó el juego aéreo, se impuso en esta lid a los centrales ingleses, y se convirtió en el referente ofensivo blanco durante todo el encuentro. Al final del choque declaró: “Estoy loco de alegría con los goles que marqué, pero el mérito hay que apuntarse a los compañeros”.

 

Aquel 5 de noviembre de 1975 comenzaron las grandes remontadas europeas del Real Madrid. El Real Madrid enseñó ese espíritu de no rendirse, de luchar hasta el final que ha sido imprescindible para completar otras épicas remontadas [Oporto, Rijeka, Anderlecht, Borussia Monchengladbach, Estrella Roja o Bayern de Munich].

 

Raúl, celebrando uno de los goles que marcó en el último Real Madrid-AS Roma disputado en el Santiago Bernabéu.EL RETO ROMANO. La remontada de esta noche no es tan exigente como la que el cuadro merengue requería aquel 5 de noviembre de 1975. La renta de la Roma es de un gol ya que ganó en la ida por 2-1. Un 1-0 clasificaría a los blancos que presentan un buen balance ante los conjuntos italianos. 24 eliminatorias disputadas, 17 clasificaciones para los blancos y siete eliminaciones. También apela al Bernabéu. Sabe que el aliento de la grada hoy no faltará. La siempre exigente afición madridista sabe que el de hoy no es un partido más. Es un encuentro en el que se pone en juego la propia historia blanca y, sobre todo, seguir avanzando en esa competición que tanto atrae en Concha Espina. Por ello, esta noche el público disculpará un mal pase, un despiste, un juego más emotivo que técnico, todo en beneficio del triunfo. Si hay casta, el Bernabéu estará siempre del lado de su equipo. El Real Madrid debe sacar su orgullo y éste tirará del carro de la afición. Pero con la afición no va a valer para intimidar a la Roma. El cuadro gialloroso llega a Madrid tras ver cómo han aumentado sus opciones al título de la liga italiana. El Inter perdió en la última jornada, la Roma goleó al Parma y ahora más que nunca cobra importancia el empate in-extremis que lograron los interistas ante los romanos hace una semana en San Siro. Seis puntos separan a la Roma del primer puesto. Un distancia considerable, mayor aún si tenemos en cuenta la solidez del Internazionale en los últimos campeonatos de la regularidad, por ello, la Roma también sabe que su temporada se juega hoy. Eliminar al Real Madrid y acceder a cuartos de final enderezaría la temporada y, sobre todo, ilusionaría a la afición romana, que también sueña con hacer algo grande en Champions League y sacarse la espina de aquella final perdida ante el Liverpool.

 

Pero al Real Madrid también le va a ser difícil doblegar a la Roma por el propio estilo transalpino. Vertical, dinámico, siempre con la intención de llegar a la meta rival con la mayor rapidez posible y si es con pocos toques mejor que mejor. Hay que llegar rápido arriba y en carrera para aprovechar la velocidad y habilidad de Totti y Mancini. Pero la Roma también va a ser difícil de doblegar porque este plantel sabe lo que es ganar en el Bernabéu. Lo hizo gracias a un tanto de Totti en la fase de grupos de la Liga de Campeones de la temporada 2002-03. El triunfo gallioroso fue en un día especial. La primera vez que Vicente del Bosque alineaba desde el inicio a sus cuatro galácticos de entonces: Raúl, Figo, Zidane y Ronaldo, que acaba de aterrizar en la entidad madridista. Un año antes ya había arrancado un empate (1-1) en el feudo blanco. En su última visita, pese a la derrota final por 4-2, también complicó la existencia al Real Madrid. Aquel encuentro sirvió para que los aficionados españoles tuvieran su primera toma de contacto con un joven italiano, de la cantera romanista, que marcó el primer gol del encuentro a los tres minutos: De Rossi. Cassano, que posteriormente terminaría vistiendo de blanco, hizo el 0-2 en el 21’. Aquí comenzó otra remontada blanca. Gracias al trabajo de Raúl, que acabó extenuado un partido en el que fue el autor del primer y tercer gol local y en el que además fue objetivo del penalti que transformó Figo para hacer el 3-2. Al final, 4-2 gracias a un gran gol de Roberto Carlos.


Datos del artículo
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Autor: Carlos A.S.
Fecha: 05 de marzo de 2006 
Fuentes: Real Madrid.com, Derby County website, As, Marca, El Pais, BBC, Uefa, Wikipedia, The Rams.co.uk, DCFC History Page del editor Darren Holden, The FA, Soccerbase, y Sporting Heroes. 
Imágenes: Real Madrid.com
Vídeos: YouTube 
Hilo musical: Howlin Rain: Magnificent Friend [Birdman, 2008].   

Las espuelas doradas [Parte II: Las copas de la reconstrucción]

febrero 27, 2008

Los goleadores de la final de la FA Cup de 1967.

El plantel spur de principios de los 60 que había configurado Bill Nicholson se iba a romper muy pronto. Las lesiones, la edad de algunos jugadores y los traspasos acabaron con un equipo que había hecho historia en la entidad del Norte de Londres. Fue necesaria una reconstrucción que comenzó a partir del propio 1964. Nuevas caras llegaron a The Lane. Rostros que se iban a convertir en legendarios. Como sucedió con Alan Gilzean, Mike England, Alan Mullery o Pat Jennings. La plantilla reconstruida tardó en dar sus frutos. No fue hasta tres años más tarde. En la FA Cup de 1967. Este fue la primera muestra de que este nuevo Tottenham de Bill Nicholson iba a brillar mucho más en las competiciones del k.o. que en los torneos de la regularidad. Pero gracias a esta virtud llegaron otros tres trofeos más a las vitrinas londinenses. Las Copas de la Liga de 1971 y 1973 y la Copa de la Uefa de 1972. Pero a los spurs le faltó dar más de sí para volver a ganar la Liga. Hasta 1974, lo más destacado que hizo en la First Division fueron los dos terceros puestos logrados en 1967 y 1971. Probablemente el Tottenham Hotspur hubiera podido competir con el campeonato de la regularidad si la dirección hubiese atendido los deseos de Bill Nicholson que quería contratar a  Johnny Giles, que junto con Billy Bremer formó una pareja de ensueño en el Leeds United de Don Revie.  

RELEVO GENERACIONAL. Bill Nicholson tuvo que reconstruir. El ‘double team’, por unos u otros motivos, se deshizo. El Tottenham necesitó de un relevo generacional para regresar a la élite del fútbol inglés. Esta reconstrucción llevó a The Lane a jugadores que iban a convertirse en leyenda: Alan Gilzean [el escocés fue el relevo de Bobby Smith, destacó por su facilidad en el remate de cabeza y con los spurs marcó 133 goles en los 429 encuentros que disputó], Mike England [mediocentro galés por el que el Tottenham pagó 95.000 libras que supusieron un desembolso récord para un jugador de corte defensivo], Alan Mullery [centrocampista que cubrió el hueco dejado por la retirada de Blanchflower, fue capitán de los spurs y campeón del mundo en 1966], Terry Venables, Joe Kinnear, Cyril Knowles [un volante izquierdo que fue reconvertido por Nicholson en un lateral de gran solvencia defensiva pero no perdió sus habilidades ofensivas] y el guardameta norirlandés Pat Jennings. Salvo England, que llegó en 1966, y tanto Veneables como Kinnear, que fueron reclutados en 1965, el resto de fichajes se incorporaron al plantel en 1964. A excepción de Veneables, que fue traspasado en 1969 al QPR, y Alan Mullery, que en 1973 regresó al Fulham, el resto estuvieron en la nómina del Tottenham hasta la marcha de Bill Nicholson. Se unieron a Jimmy Greaves, Cliff Jones, Dave MacKay y al joven Phil Beal, que gracias a su versatilidad defensiva iba a convertirse en todo un comodín para Bill Nicholson y en un fijo en su once inicial, para llevar de nuevo al Tottenham a la primera línea del fútbol inglés.

 

Al nuevo proyecto de Nicholson le costó despegar. Las temporadas transcurridas desde la Recopa de 1963 hasta la FA Cup de 1967 fueron muy largas para los seguidores spurs que se habían acostumbrado al dulce sabor del triunfo. Por ello, la trayectoria del equipo en la Copa de 1967 fue todo un rayo de luz en el sombrío panorama que se empezaba a divisar en la mente de los más pesimistas. Tras eliminar a Millwall [necesitó replay], Portsmouth, Bristol City y Birmingham City [necesitó replay] se plantó en semifinales. Allí también estaban Chelsea, Leeds y Nottingham Forest, que finalmente iba a ser el rival spur

  

Dav MacKay con la Copa de 1967.A LAS PUERTAS DE ‘THE COCKNEY CUP FINAL’. El Forest llevaba toda la temporada peleando con el Manchester United por hacerse con la Liga. Tottenham y Leeds United se habían acercado a la cabeza de la tabla en los últimos meses aunque estaban muy lejos pero ya empezaban a dejar entrever el gran equipo que ambos habían formando. La Liga quedó prácticamente resuelta el mismo día en el que se disputaron las semifinales de Copa. El United recibía al Aston Villa al que derrotaba por 3-1. Cogía cinco puntos de ventaja sobre el Forest al que le restaba un partido más. Al final, el Forest fue segundo, el Tottenham, tercero, –con los mismos puntos que los de Nottingham- y el Leeds, cuarto, a un punto de estos dos conjuntos y a cinco del campeón.

 

El choque entre Forest y Tottenham reclamaba la atención de la prensa pero tras la conclusión de las semifinales el Leeds-Chelsea fue le centro de interés. Y lo fue debido a una controvertida actuación del colegiado Ken Burns. Anuló dos goles aparentemente legales al Leeds United. Especialmente grave fue el segundo de ellos ya que la excusa que puso el colegiado fue la de que los jugadores del Chelsea “no estaban preparados” ante el saque de la falta. Todo un figura que seguro que Bernd Schuster le hubiese gustado tener arbitrando el domingo en el Santiago Bernabéu. El Chelsea ganó por 0-1 y se clasificó para la final. La temporada del Leeds no quedaba en la semifinal de Copa. Le restaban cinco partidos de Liga y, sobre todo, la Copa de Ferias. Iba a alcanzar la final de este torneo internacional pero iba a caer ante el Dínamo de Zagreb. 2-0 en tierras balcánicas y 0-0 en Elland Road.

 

El encuentro entre el Nottingham Forest y el Tottenham Hotspur llegaba condicionado por la habitual locura de calendario que sufren los equipos ingleses al final de temporada. El Forest había disputado diez encuentros en los últimos 40 días naturales, entre los que destacó un espectacular 3-2 ante el Everton en los cuartos de final de la FA Cup. Y un mes antes había necesitado de tres encuentros para apear al Swindom en quinta ronda. Por su parte, los spurs habían tenido un calendario algo menos comprimido. Siete partidos en un mes. Pero, sobre todo, llegaban en un mejor momento de forma y resultados. De los diez últimos encuentros habían ganado siete y empatado otros tres. Se notó sobre el césped de Hillsborough. Greaves y Saul adelantaron a unos spurs que se clasificaron para la final a pesar del tanto postrero del Forest.

 

La final de la FA Cup de 1967 fue un derbi londinense, por ello se conoce a este encuentro como ‘the cockney cup final’. El Tottenham Hotspur partía como favorito ante el Chelsea. Los spurs eran uno de los conjuntos punteros del campeonato mientras que los mejores días de los blues estaban todavía por llegar. Jimmy Robertson, en el 40’, y Frank Saul, en el 67′, pusieron por delante en el marcador al Tottenham Hotspur. Curiosamente los dos goleadores fueron dos jugadores que prácticamente tan sólo formaron parte del plantel spur durante esa temporada. A falta de cinco minutos para la conclusión, Robert Tambling recortó distancias pero su gol no fue tan decisivo como el que marcó en la semifinal para eliminar al Leeds United. El gran héroe del partido fue el viejo capitán escocés Dave Mackay. Fue el encargado de recoger el trofeo, justo premio para el centrocampista que tras la Recopa de 1963 casi no había tenido continuidad debido a dos graves lesiones en la rodilla.

Martin Chivers se convirtió en un gran goleador en el Tottenham Hotspur.SIN REGULARIDAD. El gran final de campaña realizado por los spurs en 1967 despertó grandes sensaciones en la afición. Pero las sensaciones no se plasmaron en resultados en los tres siguientes cursos. Séptimos, sextos e undécimos. El equipo no brillaba en el campeonato de la regularidad y cada vez se dudada más de Bill Nicholson. Tampoco los torneos del k.o. fueron la tabla de salvación londinense. Por ello, y ante las bajas de MacKay, Jones, Greaves y Veneables, Nicholson volvío a moverse en el mercado. El primero en llegar en el invierno de 1968 fue el goleador Martin Chivers. En su traspaso, los spurs mandaron a Frank Saul al QPR. Big Chiv fue contratado para completar la delantera que formaban Greaves y Gilzean, aunque Greaves iba a marcharse de White Hart Lane tras la siguiente temporada. Fue un gran goleador, de hecho, el tercer jugador que más goles ha marcado con la camiseta del Tottenham Hotspur [174 tantos en 367 encuentros oficiales]. El siguiente en aparecer en el primer equipo fue Steve Perryman, centrocampista que también fue utilizado como defensor, disputó con el Tottenham 854 encuentros entre 1969 y 1986. Vivió en sus propias carnes la siguiente etapa gloriosa de los spurs.  

 

En 1970 el Tottenham Hotspur se hizo con los servicios de Martin Peaters, jugador que había ganado el Mundial de 1966 y que había marcado en la final ante Alemania. Tras diez temporadas en el West Ham United no quiso abandonar Londres pero sí que cambió de club. Centrocampista ofensivo, con talento creativo y gran capacidad para aparecer desmarcado en el área rival. 200.000 libras y Jimmy Greaves fue el coste del traspaso.

 

La temporada 1970-71 significó el renacer para el Tottenham El equipo acabó tercero en la Liga, aunque muy lejos de Arsenal –campeón- y Leeds United –subcampeón-, llegó a los cuartos de final de la FA Cup, en los que cayó ante el Liverpool en el replay disputado en White Heart Lane, pero alcanzó la final de la Copa de la Liga. En ella iba a verse las caras con el Aston Villa, que militaba en Third Division. El favoritismo spur era claro y se reflejó sobre el césped de Wembley. Martin Chivers comenzó a rentabilizar su fichaje marcando los dos únicos goles de la final.

 

Pero si decíamos que la temporada 1970-71 fue el renacer del nuevo proyecto de Bill Nicholson, la siguiente campaña, es decir, la 1971-72 fue la del espaldarazo definitivo. Durante el verano, el Tottenham se hizo con los servicios de otro jugador que iba a entrar en su historia: Ralph Coates. Internacional con Inglaterra y componente de la selección inglesa que participó en el Mundial de México de 1970 tan sólo iba a estar cuatro temporadas en White Heart Lane aunque iba a calar hondo en la afición. Fue contratado del Burnley. Era un gran creador de fútbol, con mucho talento y arte, según rezan las crónicas de la época. Bill Nicholson iba a basar su tradicional ‘push and run’ en el tridente que formaban Coates, Gilzean y Chivers.

 

La plantilla de los spurs en el vestuario de The Lane con la Copa de la Uefa de 1972.

 

EUROPA, DE NUEVO. La actuación liguera volvió a ser irregular. El Tottenham acabó en sexta posición, a siete puntos del campeón, pero durante todo el curso estuvo alejado de los cuatro equipos que pelearon por el título: Derby County, Leeds United, Liverpool y Manchester City. No pudo revalidar el título de la Copa de la Liga porque el Chelsea se cruzó en su camino y en la Copa fue víctima del Leeds, que a la postre iba a ser el campeón de esta competición. De nuevo Europa colmó la necesidad de títulos de los spurs. Fue en la Copa de la Uefa que, curiosamente, se disputaba como tal por primera ocasión. Una nueva competición que había nacido de las cenizas de la antigua Copa de Ferias. IB Keflavik, Nantes, Rapid de Bucarest y Arad fueron sus rivales antes de medirse al AC Milan en semifinales. El cuadro rossonero era uno de los grandes clubes del continente. Había vivido una gran década de los 60 y quería repetirla en la década de los setenta. Era la segunda etapa de Nereo Rocco en el banquillo milanista. El equipo estaba en plena renovación pero esta temporada fue segundo en el Scudetto y campeón de Copa. Pero en la Uefa se iba a quedar a las puertas de la final. En la ida, el Milan no sacó un mal resultado de Londres. Perdió por 2-1. Dos goles de Perryman dieron un pequeña renta a los spurs pero éstos iban a tener que superar el temible ambiente de San Siro. Phil Beal fue el que mejor pudo reflejar la sensación de los spurs al saltar al coliseo milanés. “Vencimos a grandes equipos pero lo mejor fue derrotar al AC Milan en semifinales. Recuerdo cuando saltamos a San Siro ante 70.000 espectadores hostiles y recuerdo como una barra de hierro cayó al lado de mi pie derecho”. Beal también describió la dureza del encuentro. “Había un centrocampista, Bonetti, que me escupió. Odiaba aquello. Entonces Mike England me dijo: “Lo mejor es que le tumbes”. Lo cierto es que la batalla acabó del lado inglés gracias al gol de Mullery. El encuentro concluyó con 1-1.

El rival de la final iba a ser un conjunto inglés. El Wolverhampton Wanderers. Los wolves también habían tenido un duro camino hacia la final y al igual que el Tottenham también habían tenido que deshacerse de uno de los grandes del Calcio: la Juventus de Turín. Eso fue en los cuartos mientras que en las semifinales tuvo que batir al Ferenvaros húngaro. 2-2 en Hungría y 2-1 en Inglaterra. En el partido de ida, disputado en el Molinuex ante más de 38.00 espectadores, Martin Cheavers logró dos dianas que dieron el triunfo a los spurs por 1-2. Ocho goles logró el delantero en esta competición. En la vuelta fue Alan Mullery el encargado de hacer el 1-1 final. Último servicio para el club del capitán que ese verano volvería a la disciplina del Fulham. El Totteham ganaba la primera edición de la Copa de la Uefa y se convertía en el primer equipo inglés en conquistar dos títulos europeos en diferentes competiciones.

Ralph Coates con la Copa de la Liga que los spurs ganaron en 1973 gracias a un tanto suyo.UN NUEVO RELEVO. En la final ante el Wolves, Bill Nicholson alineó a su once de gala tanto en la ida como en la vuelta. Un once de gala compuesto por Jennings, Kinnear, Knowles, Mullery, England, Beal, Gilzean, Perryman, Chivers, Peters y Coates. Fueron los últimos grandes partidos de este equipo porque ya se anticipaba un relevo generacional. John Pratt o Terry Naylor ya estaban en el banquillo y poco después iban a llegar Roy Evans y Chris McGrath. A pesar de ello, el once campeón de la Uefa siguió entrando en los planes de Nicholson y conservó su peso específico.

El siguiente curso [1972-73] tampoco iba a ser el del Tottenham, al menos en la First Division. Los spurs fueron octavos a 15 puntos del Liverpool campeón. Precisamente los reds serían los encargados de evitar que los muchachos de Nicholson alcanzasen su segunda final consecutiva de la Uefa. Fue en semifinales. Tras eliminar a Lyn Oslo, Olympiakos, Estrella Roja de Belgrado y Vitoria de Setúbal, el Tottenham Hotspur tenía que recibir al Liverpool en semifinales. El 2-1 de White Heart Lane, gracias a los dos goles de Martin Peters, dio un pequeña ventaja a los spurs que no supieron conservar en la vuelta. 1-0 en Anfield y adiós a Europa.

En Copa cayó eliminado por el Derby County en el replay disputado en White Heart Lane. Un partido extraño en el que el Tottenham ganaba por 3-1 a falta de diez minutos para la conclusión. Pero los rams remontaron y se impusieron por 3-5. Por lo tanto, de nuevo, la Copa de la Liga iba a ser la competición donde el Tottenham iba a vivir sus mejores momentos de la campaña. Eliminó a Huddersfield, Middlesbrough [necesitó tres encuentros para hacerlo], Millwall, Liverpool [tras batirle por 3-1 en el replay en The Lane] y Wolverhampton Wanderers en semifinales. En la final iba a enfrentarse al Norwich, que esa temporada estaba coqueteando con un descenso a Second Division que finalmente eludió. En la final de Wembley Nicholson iba a alinear a su once tradicional, a excepción de Mullery, que abandonó el equipo en el verano anterior, y Ralph Coates. En el minuto 25 de encuentro se iba a producir un cambio que resultó vital para el transcurso de la final. Coates entraba en el campo en sustitución de John Pratt. La suplencia de Coates se debía a problemas en su rodilla que no le permitían rendir al 100%. Coates iba a hacer el definitivo y único tanto del choque. Un centro de Martin Chivers que fue peinado por Gilzean y acabó en las botas de Coates que batió al meta del Norwich.

 

EL ÚLTIMO AÑO DE BILL NICHOLSON. La temporada 1973-74 iba a ser la última de Bill Nicholson en el banquillo spur. Fue una mala campaña. en Liga acabó cuarto por la cola y un punto evitó la pérdida de categoría. Malos números. 14 victorias, 14 empates y 14 derrotas. En Copa cayó en tercrea ronda ante el Leicester City mientras que en la Copa de la Liga iba a ser eliminado a las primeras de cambio por el Queens Park Rangers. La única fuente de alegrías iba a ser la Copa de la Uefa. Grasshopper, Aberdeen Dínamo de Tbilisi, Colonia y Lokomotiv fueron los rivales del Tottenham Hotspur antes de alcanzar la final ante el Feyenoord holandés. En esta final de la Uefa iba a nacer una importante rivalidad europea  entre Feyenoord y Tottenham Hotspur, que temporadas anteriores había vivido este episodio que se ha repetido hasta en cuatro ocasiones en competiciones continentales. El resultado que registró el partido de ida disputado en The Lane fue decepcionante para los spurs. 2-2. Mike England adelantó a un Tottenham que tan sólo pudo empatar gracias al tanto en propia puerta de Van Daele. La vuelta fue peor. No sólo por el 2-0 que dio el título al Feyenoord. También por los incidentes que provocaron los hinchas ingleses en sus enfrentamientos con el público local. Estos altercados junto con la mala temporada realizada y el peor arranque de la campaña siguiente llevaron a Nicholson a renunciar a su cargo. Curiosamente se iba a marchar justo después de perder la única final en los 16 años que estuvo al mando del Tottenham Hotspur. Ocho títulos fueron el balance del gran Tottenham Hotspur de Bill Nicholson.

La década prodigiosa del Celtic

febrero 20, 2008

Los jugadores del Celtic haciendo una piña.

La Liga de Campeones regresó ayer con la disputa de los primeros cuatro partidos correspondientes a la ida de los octavos de final. Entre ellos destacaron la remontada de la Roma al Real Madrid en el Olímpico (2-1) y el triunfo por 2-0 del Liverpool ante el Inter. Esta noche, además del interesante Arsenal-Milan, destaca la visita del Barça a Celtic Park. Será el tercer enfrentamiento entre ambos clubes en las últimas cinco temporadas. En la 2003-04, los escoceses eliminaron a los catalanes en los octavos de final de la Uefa. Meses después, en el seno del Grupo F de la Liga de Campeones, volvieron a verse las caras. Triunfo culé en Glasgow (1-3) y reparto de puntos en el Camp Nou (1-1).

 

Este enfrentamiento de esta noche será diferente. Sobre todo desde el punto de vista de un Celtic de Glasgow que, apoyado por el magnífico ambiente que se crea en su campo donde no ha perdido en esta temporada, aspira a volver a ser un conjunto temido en Europa. Como lo fue a finales de los años 60 y a comienzos de la década de los 70. Un Celtic que probablemente es uno de los conjuntos que mayor simpatía despierta en la Europa futbolística tanto por la pasión como por la afabilidad de sus supporters, una de los aspectos que marcan la diferencia con el otro gran club de la ciudad. Una simpatía que a veces es desmemoriada ya que el equipo de las rayas horizontales blancas y verdes fue el primer club británico en ganar la Copa de Europa, triunfo que rompió el dominio latino en la máxima competición continental, y presentó dura batalla en los torneos europeos. Fue su década prodigiosa en Europa. El nombre del Celtic está aparejado al de la vieja Copa de Europa, esa que se resolvía en dramáticas eliminatorias de ida y vuelta entre conjuntos que apenas se conocían, en la que modestos equipos sacaban los colores a los grandes del fútbol europeo y donde se forjaron épicas batallas que ahora forman parte de la leyenda del torneo, pero la entidad de Glasgow también quiere entrar en la modernidad y volver a ganarse el respeto de los adversarios en esta Champions League de diseño.

DOS SEMIFINALES. Fue en la temporada 1965-66 la primera en la que el Celtic se dejó notar en Europa. Fue en la Recopa. Alcanzó las semifinales pero cayó eliminado por el MTK  de Budapest. Una eliminatoria rara. En la ida, los escoceses lograron un 3-0 que parecía clasificarles para la final pero en Budapest llegó la remontada del MTK (4-0). A pesar de la buena campaña europea, el Celtic reemplazó en el banquillo a Jimmy McGrory por Jock Stein. Con Stein llegarían los mayores éxitos del Celtic de Glasgow. Con él en el banco se ganó la Copa de 1965 que permitió disputar la Recopa de 1966. Se volvió a llegar a semifinales. El Liverpool fue el encargado de apear al Celtic. El Liverpool del escocés Bill Shankly cayó por 1-0 en Celtic Park, pero dio la vuelta a la eliminatoria al imponerse por 2-0 en Anfield. Los reds se clasificaron para una final que perderían ante el Borussia de Dortmund (2-1).  

La eliminación europea no pudo empañar una temporada que llevó al Celtic a ganar el título de liga escocesa tras 12 años sin hacerlo. Una larga travesía por el desierto que iba a acabar en el mayor éxito internacional del club escocés: la Copa de Europa de 1967. Jock Stein había formado un bloque duro, sólido y muy difícil de batir que se movía al ritmo que marcaba un pelirrojo llamado Jimmy Johnstone. Con esas características y con la experiencia que dieron las eliminaciones en la Recopa, el Celtic se presentaba al asalto a la Copa de Europa. La clasificación hasta la final no fue complicada. Solventes triunfos tanto en la ida como en la vuelta ante Zurich y Nantes. En cuartos de final tocó remontar el 1-0 adverso cosechado en el campo de la Vojvodina. McNeil, cuando se cumplía el minuto 90, puso el 2-0 que clasificaba al Celtic para las semifinales. En ellas el rival iba a ser el Dukla de Praga. La eliminatoria estuvo a punto de decidirse en Celtic Park. Johnstone y Wallace –en dos ocasiones- fueron los autores de los tres tantos escoceses pero Strun logró el tanto de la incertidumbre. 0-0 en la vuelta.

Los Leones de Lisboa.
LOS ‘LEONES DE LISBOA’ VS. EL INTER DE H.H. Si el camino hacia la final había sido relativamente cómodo, la conquista del título no podía ser una empresa más complicada. El Inter. de Helenio Herrera quería su tercera Copa de Europa. Había ganado las ediciones de 1964 y 1965, había sido apeado por el Real Madrid en las semifinales de 1966 y en esta edición había eliminado a Torpedo de Moscú, Vasas, Real Madrid y CSKA de Sofía. El conjunto neroazurro probablemente era el equipo más competitivo de todo el continente. Helenio Herrera había copiado el estilo que Nereo Rocco había aplicado en el otro equipo de Milan para ganar la Copa de Europa de 1963. Un estilo de juego por todos conocidos por el popular apelativo de catenaccio. Un equipo que especulaba, hacía una fuerte marca y buscaba matar a través del contraataque. Era el Inter. de los Mazzola, Facchetti, Corso, …. pero, sobre todo, era el Inter. de H.H. Ante la todopoderosa máquina neroazurri Jock Stein presentaba un equipo de chicos de la casa, conocidos tras la final como The Lisbon Lions (NdA: ‘Los Leones de Lisboa’). Todos los miembros del equipo habían nacido en un radio de 30 millas –48 kilómetros- alrededor de Glasgow. De hecho, diez de los once titulares eran nacidos en esta ciudad.

El partido no pudo empezar mejor para el Inter. A los siete minutos ya ganaba. Mazzola había transformado una pena máxima realizada sobre Cappellini. Ahora el Inter. podía explotar su juego defensivo. Pero el Celtic iba a dar la vuelta al partido “jugando al fútbol. Puro, bello e inventivo fútbol”, como declaró Jock Stein a la conclusión del choque. El Celtic mostró la tradicional generosidad en el esfuerzo que tienen los equipos de las islas. Nunca perdió la esperanza de remontar. Así, en el minuto 63, Tommy Gemmell equilibró la contienda con un imponente zapatazo desde la frontal del área interista. La igualdad del marcador no se veía reflejada sobre el césped lisboeta. El Celtic seguía con la inercia de buscar el gol mientras que el Inter. estaba desconcertado con la igualada, pero no le intranquilizaba seguir agazapado. Otro disparo desde fuera del área de Tommy Gemmell fue desviado por Steve Chambers para batir a Sarti y establecer el 2-1 definitivo. El recibimiento de Glasgow fue espectacular. El Celtic acaba de ganar la Copa de Europa y acaba de firmar una temporada perfecta ya que también había sido el vencedor de la Liga, Copa, Copa de la Liga y Copa de Glasgow. Y, siendo malos, la alegría para el Celtic fue mayor porque su gran rival, el Glasgow Rangers, perdió la final de la Recopa de 1967 ante el Bayern de Munich.

Gemmel buscando fortuna con un disparo desde fuera del área del Feyenoord en la final de 1970.LA SEGUNDA FINAL. La defensa del título no pudo ser más decepcionante. Eliminación ante el Dínamo de Kiev en primera ronda. Al curso siguiente, el Celtic alcanzó los cuartos de final donde cayó eliminado por el Milan, que meses después sumó su segunda Copa de Europa tras derrotar al Ajax de Amsterdam. Una eliminación que se produjo en el propio Celtic Park. La ida en Milán había concluido con empate (0-0). En la vuelta, Pratti adelantó al cuadro lombardo y el Celtic fue incapaz de remontar el tanto transalpino. 

El Celtic volvería a meter miedo en la campaña 1969-70. Tras eliminar al Basilea en primera ronda, los escoceses se las tuvieron que ver con el Benfica, que dos años antes había perdido la final de la Copa de Europa de 1968 ante el Manchester United. La ida, disputada en Celtic Park, se saldó con un 3-0 que parecía clasificar a los de Glasgow. Nada más lejos de la realidad. Al Celtic le esperaba una larga noche en Lisboa. Eusebio y Graca pusieron un poco tranquilizador 2-0 en el marcador antes del intermedio. Así transcurrió toda la segunda mitad hasta que Diamentino, en el minuto 90, hizo el 3-0 definitivo que igualaba la eliminatoria. La suerte se alió del lado del Celtic. En aquella época no había prórroga ni penaltis que deshiciesen el empate. El método era el lanzamiento de una moneda. La cara fue para el Celtic.

Llegaba el turno del campeón italiano. La Fiorentina no pudo con las 80.000 gargantas que apoyaron al Celtic en el encuentro de ida. 3-0 que dejaron en insuficiente el 1-0 logrado por los violas en Florencia. A semifinales. En ellas tocaba en suerte el campeón inglés. El Leeds United llegaba por primera vez a las semifinales de la Copa de Europa. El Leeds era un equipo que infundía temor en el Reino Unido pero bastaron 45 segundos del encuentro disputado en Elland Road para demostrar que el Celtic apuntaba a su segunda Copa de Europa. 0-1 en la ida gracias a este madrugador gol de Connelly. La vuelta no se disputó en el Celtic Park. Por motivos de demanda de entradas el encuentro se trasladó a Hampden Park, que acogió a 136.505 espectadores para ver el triunfo por 2-1 del Celtic. 

El Celtic llegó a la final como favorito. Su rival era un equipo holandés: el Feyenoord. El conjunto de Rótterdam había llegado a la final de Milán tras deshacerse de KR, AC Milan, Vitoria de Guimaraes y Legia de Varsovia. Era la primera final de la Copa de Europa que se iba a disputar sin la presencia de un equipo latino. Por primera vez el título continental se lo iban a disputar dos equipos de los llamados del Norte. Como sucedió ante el Inter., los disparos de Gemmell fueron importantes. Él hizo el 1-0 pero la alegría no le iba a durar mucho al conjunto escocés. Dos minutos más tarde, Israel igualaba para el Feyenoord. El encuentro se marchaba al tiempo extra. En la prórroga, cuando restaban cuatro minutos para su conclusión y para la disputa de un encuentro de desempate, Kindvall realizaba el tanto ganador para el Feyenoord. El conjunto de Rótterdam inauguraba los cuatro años dorados del fútbol holandés de clubes. Tras su título llegarían otros tres del Ajax de Ámsterdam.

Portada del programa del encuentro Celtic vs. Inter de 1972.LAS ÚLTIMAS SEMIFINALES. A pesar de la amarga derrota ante el Feyenoord, el Celtic siguió siendo un equipo temible en Copa de Europa. Al año siguiente, es decir, en la temporada 1970-71 cayó en cuartos de final ante el incipiente Ajax de Ámsterdam. El 3-0 cosechado en la ida obligaba al Celtic a remontar en Hampden Park. El gol de Johnstone fue insuficiente. En la campaña 1971-72 el Celtic iba a volver a disputar unas semifinales de Copa de Europa tras derrotar consecutivamente a B1903 Copenhagen, Sliema Wanderers y Ujpest de Budapest. Estas semifinales pasaron a la historia por ser las primeras en las que los cuatro equipos eran ganadores de la Copa de Europa. Benfica, Ajax, Celtic e Inter. Los de Glasgow iban a volver a verse las caras con el Internazionale. Este enfrentamiento iba a reeditar la final de 1967 y además enfrentaba a dos equipos cuyo balance en competiciones europeas era idéntico. La única salvedad era que el Celtic había marcado más goles. Pero los goles no hicieron acto de aparición en ninguno de los dos partidos por lo que se llegó a la tanda de penaltis. La suerte de la eliminatoria se iba a decir en el primer penalti del conjunto de Celtic Park. Deans falló, el Inter. marcó los cinco y se clasificó para la final, que iba a perder por 2-0 ante el Ajax. 

Tras una temprana eliminación ante el Ujpest en la edición 1972-73, el Cetic iba a protagonizar otra brillante aventura europea en la temporada 1973-74. La última aventura hasta la fecha en Copa de Europa. Tras eliminar a Turku, Velje y Basilea, el Celtic se iba a enfrentar al Atlético de Madrid en semifinales. La ida disputada en Celtic Park concluyó con empate sin goles a pesar de que el Atleti recibió un mal arbitraje y acabó el duelo con uno menos. Todo se iba a decidir en el Manzanares. Este encuentro pasó a la historia rojiblanca por ser el que dio el pase a la gran final de la Copa de Europa de Bruselas. El duelo parecía que se iba a marchar a la prórroga ya que ninguno de los dos equipos había logrado batir al meta rival hasta que Gárate, en el 77’, hizo el 1-0. Adelardo, en el 85’, iba a sentenciar la eliminatoria. El encuentro ante el Atlético de Madrid supuso el final de la década prodigiosa del Celtic de Glasgow. Desde 1965 hasta 1974 el Celtic ganó una Copa de Europa, perdió otra final y disputó dos semifinales de la máxima competición continental de clubes así como otras dos de la Recopa. Desde entonces las incursiones del Celtic en Europa han sido decepcionantes. Tan sólo cabe destacar la final de la Copa de la Uefa que alcanzó y perdió ante el Oporto en la temporada 2002-03. En la temporada pasada llegó a los octavos de final pero cayó con honor en el último minuto del partido de vuelta de la eliminatoria que le enfrentó al Milan, que a la postre terminaría siendo el campeón. Esta temporada le tocará enfrentarse con el Barça para lograr un triunfo que permita recordar las gestas europeas logradas por el Celtic de Glasgow de Jock Stein.

Datos del artículo:

Autor: Carlos A.S.

Fecha: 20 de febrero de 2008.

Fuentes: Uefa, Celtic de Glasgow, Celtic Programmes On Line y Wikipedia.

Fotografías: Celtic Programmes On Line.

Vídeos: YouTube.

Las cuatro ligas vascas [Parte I: La Real de Ormaetxea]

febrero 10, 2008

Los primeros años de la década de los 80 significaron el regreso del dominio del fútbol vasco. Cuatro Ligas, dos para la Real Sociedad y otras tantas para el Athletic Club de Bilbao, reverdecieron los viejos éxitos del balompié euskaldun. Hasta el título liguero del club donostiarra, la sequía se extendía desde la campaña 1955-56, en la que el Athletic conquistó su sexta liga. Un sequía de títulos ligueros más grave aún si cabe al tener en cuenta que el fútbol vasco había dominado el primer tercio del siglo XX hasta la Guerra Civil. Un total de 16 campeonatos de España, nombre por el que se conocía a la actual Copa del Rey, desde 1902 hasta 1929, fecha en la que se disputó la primera Liga. A este dominio hay que añadir otras cuatro copas que logró el Athletic en la década de los 30 antes del inicio de la Guerra Civil. Pero el impacto vasco no sólo fue a nivel de resultados ya que incluso llegó a crear un estilo de juego. Un estilo similar al del fútbol de las islas, en buena parte también debido al estado embarrado de los campos del norte peninsular, que provocó que con la llegada del profesionalismo al fútbol patrio los clubes de todo el país incorporasen a jugadores vascos para ser competitivos y que buena parte de la selección nacional estuviese compuesta por jugadores de esta comunidad. Algo que también sucedió durante y después de la conquista de las cuatro ligas vascas.

Kortabarr�a e Iribar portando la ikurriña en el derbi de diciembre de 1976 celebrado en Atocha (San Sebastián).

PRIMEROS INDICIOS. Las década de los 60 no fue fructífera para el fútbol vasco. De hecho, en la élite nacional tan sólo contaba con la presencia del Athletic Club de Bilbao. El conjunto vizcaíno consiguió la copa de 1969 y reedito este título en 1973, pero no ganaba la Liga desde 1956. Tan sólo estuvo dentro de la disputa por el campeonato en la temporada 69-70, en la que quedó un punto por debajo del Atlético de Madrid. Esa geneación de leones también logró la Copa de 1973 y alguno de ellos, como Iribar, Gisasola, Lasa, Villar o Chechu Rojo, junto con algunos nuevos valores como Andoni Goikoetxea, Dani, Amorrortu, Alexanco y el repescado Irureta, llevaron al Athletic Club a la final de la Copa de la Uefa de 1977. Dando las primeras muestras de que el fútbol vasco estaba de vuelta.

El cuadro rojiblanco, tras eliminar Ujpest Dozsa húngaro y al Basel suizo, le tocó enfrentarse con el Milan en octavos de final. Los leones supieron rehacerse del gol que Fabio Capello marcó en el minuto 29 para derrotar a los rossoneri por 4-1, gracias a los tantos de Dani –dos, uno de ellos de penalti- y Carlos –dos-. Especialmente importantes fueron los dos goles logrados por los bilbaínos en los últimos diez minutos. El conjunto de Koldo Aguirre se presentaba en la capital lombarda con un colchón de tres goles, pero el encuentro de vuelta no fue nada fácil. Calloni, en el minuto 83 y de penalti, hacía el 3-0 que eliminaba a los leones pero Madariaga, en el minuto 88, transformó una pena máxima que dio el pase a los bilbaínos. La empresa en cuartos de final tampoco iba a ser fácil ya que al Athletic le iba a tocar medir fuerzas con el FC Barcelona de Cruyff y Neeskens. En la ida en San Mamés, al Athletic le tocó remontar el tanto inicial de Asensi para llevar una renta mínima (2-1) al choque de vuelta en el Nou Camp. El encuentro fue un duelo goleador entre Cruyff e Irureta. El de Irún adelantó en dos ocasiones a los leones, pero el holandés puso sendas réplicas. Al final, el Athletic se clasificó para las semifinales donde se iba a enfrentar con el Racing White Molenbeek belga. El 1-1 logrado en la ida sirvió para clasificar al Athletic Club a su primera final europea.

Iribar saludando al capitán de la Juventus antes del sorteo inicial del partido de ida de la final de la Uefa de 1977 disputado en el Comunale de Tur�n el 4 de mayo.
La final, a partido de ida y vuelta, iba a exigir a los leones imponerse a todo un clásico del calcio: la Juventus de Turín, que entrenaba Giovanni Trapatoni y que contaba con un equipo potente donde destacaban Zoff, Scirea, Cuccureddu, Gentille, Tardelli, Bennetti y Bettega. Todos ellos, una temporada después, formaron parte del combinado italiano que alcanzó las semifinales de la Copa del Mundo de Argentina y ganaron dos Ligas consecutivas con la Juventus (76-77 y 77-78). La ida se disputó en el Comunale turinés. Un solitario gol de Tardelli dio ventaja a la Vecchia Signora para el duelo de vuelta en San Mamés. La Catedral registró un gran lleno y un mejor ambiente para empujar a los leones hacia su primer título europeo pero la gesta no fue posible. Bettega adelantó a los transalpinos nada más comenzar el choque. El Athletic se veía otra vez en la obligación de remontar el partido para tener esperanzas de alcanzar el título. Irureta respondió al gol de Bettega con un tanto en el minuto 11 y Carlos llevó la emoción a la final con una diana en el 77, pero faltó un tanto más. La Uefa se fue a Turín. Once inicial del Athletic en el partido de vuelta de la final de la Copa de la Uefa de 1977 disputado el 18 de mayo en San Mamés (Bilbao).La temporada rojiblanca iba a terminar con otra final perdida. La de Copa ante el Real Betis. 2-2 al termino de 120 minutos y derrota por penaltis, con el famoso penalti de Esnaola. Estas dos finales, la de la Uefa y la de la Copa, fueron una llamada de atención sobre la reactivación del fútbol vasco aunque, en realidad, el Athletic de Bilbao que iba a conquistar las dos Ligas iba a ser muy diferente a este equipo de finales de los 70. Eso sí, tres jugadores que militaban en la plantilla que alcanzó al final de la Uefa iban a ser muy importantes en el esquema de Javier Clemente: Andoni Goikoetxea, Dani y Manu Sarabia, que en la campaña 76-77 hizo su debut con el primer equipo. Alberto Ormaetxea, técnico de la Real Sociedad desde la temporada 1977-78 hasta la 1984-85.
EL SEPTENIO DE ORMAETXEA.
La temporada posterior a que el Athletic llegase a la final de la Uefa iba a ser importante en el conjunto vecino y rival de los leones. En verano, la Real Sociedad decidió relevar a José Antonio Irulegui como entrenador y en su lugar puso a Alberto Ormaextea. Un ex jugador del club, que había sido importante en el ascenso txuri urdin a Primera en el año 1964, que nada más colgar las botas se había hecho cargo del banquillo del Eibar. Un entrenador muy de la escuela vasca. Serio, llegó a declarar a El País que: “no me río, porque en esta profesión no te puedes reír de nadie”, implantó una dinámica de trabajo en la Real que llevó al club donostiarra a unos éxitos inimaginables una década antes. Probablemente su filosofía futbolística quedó retratada en esa misma entrevista de 1982 con Javier Martín. “Yo no quiero balas ni vagos. Quiero trabajadores, no futbolistas de una jugada genial para que los espectadores les saquen el pañuelo. El público vive esa jugada, pero el equipo no.  El público no se acuerda de las 99 jugadas falladas por intentar una genial, y la crítica tampoco. La crítica es superficial. Lo comprendo, porque desconoce las órdenes del entrenador, y no se da cuenta del trabajador silencioso, del que cubre los huecos del genial. Es muy diferente el fútbol del espectador y el de la crítica, al fútbol profesional. Aquellos quieren el espectáculo, el profesional la victoria. Hay que ganar como sea, aunque sea aburriendo, el que hace números circenses es, generalmente, a costa del equipo”. Por lo tanto, la receta del eibarrés estaba compuesta por trabajo, trabajo y más trabajo. Por ello, no resulta complicado entender que su rocoso y serio equipo, que a penas hacía concesiones a la galería, despertase admiración en todo el país pero cierto recelo en el propio San Sebastián. Probablemente, muchos de los que estén leyendo este artículo han podido oír la frase de “la Real ganó dos Ligas pesar a Ormaextea”. El caso es que Alberto Ormaetxea perteneció a ese grupo de técnicos que pasan por los banquillos sin alzar la voz sin llamar la atención por sus declaraciones ya que el eibarrés donde hablaba alto y claro no era en las salas de prensa, por entonces mucho menos abundantes que en la actualidad, sino en el campo de entrenamiento.

AL ESTILO IRIBAR. Mientras en Bilbao Iribar apuraba sus últimos años como profesional, en San Sebastián comenzaba a dar sus primeros pasos un joven y avezado cancerbero donostiarra. Luis Miguel Arconada ya había disputado su primera temporada como titular en el curso en el que Ormaetxea fue segundo de a bordo de Irulegui. Con el de San Sebastián, la Real encontró un seguro de vida, como el Athletic con Iribar. Un portero que intimidaba a sus rivales debido a su seguridad bajo los palos y que se convirtió en el capitán de una generación de futbolistas que iba a llevar a la Real Sociedad a la cúspide del fútbol español. Tal vez su leyenda pudo haber sido mayor si no hubiera mediado el incidente de El Parque de los Príncipes que demostró que el cancerbero de la Real era terrenal. Arconada, portero de la Real Sociedad durante la etapa más gloriosa de la entidad donostiarra.Alberto Ormaetxea conocía al club y sabía que dependía de la cantera, es decir, del Sanse para mantenerse en el puesto. En su primera temporada, el eibarrés subió al primer equipo a Perico Alonso y a Gajate, mientras que otorgó su confianza a una serie de jugadores que ya estaban en plantilla, pero cuyo mejor fútbol estaba por llegar. Era el caso de Arconada, Satrustegui, Zamora y López Ufarte. El devenir txuri urdin en Liga no fue para lanzar cohetes, acabó en undécima posición –el mismo puesto que en el último año de Irulegui-, pero realizó un gran torneo del K.O. Tras eliminar a Acero, Toledo, Xerez, Real Madrid y Valencia, la Real Sociedad se enfrentó en semifinales al Barça de Cruyff. La ida acabó 0-0. En la vuelta, Iriarte adelantó al conjunto vasco, pero Migueli y Rexach remontaron el encuentro y dieron el pase a la final a un conjunto blaugrana que terminaría siendo el campeón tras imponerse (3-1) a Las Palmas.

La Copa dio a Ormaetxea el crédito suficiente para seguir dirigiendo a un equipo que poco a poco se iba adaptando a los planteamientos de su técnico e iba creciendo como conjunto. Este crecimiento se manifestó en las últimas jornadas del campeonato liguero de 1979. Tan sólo perdió uno de los últimos diez partidos de Liga, con triunfo incluido en el Nou Camp por 1-3, que le valió para alcanzar la cuarta posición y disputar la Uefa en el curso siguiente. A pesar de ello, el cuadro de Ormaetxea acabó a seis puntos del campeón –Real Madrid- aunque tan sólo a dos de la segunda posición –Sporting de Gijón-.

La temporada 79-80 iba a ser la de la consolidación definitiva del proyecto de Alberto Ormaetxea. En su tercer año como entrenador se estrenaba en Europa, aunque el rival en la primera eliminatoria no pudo ser más complicado: el Inter. 3-0 en San Siro aunque Satrústegui, con dos goles, a punto estuvo de igualar al eliminatoria en Atocha. Así pues, las esperanzas txuri urdines de realizar una buena temporada volvieron a depositarse en el campeonato de la regularidad. Y lo de buena temporada se quedó corto. La Real Sociedad estableció un nuevo récord de imbatilidad, que sigue vigente, al permanecer invicto durante las 32 primeras jornadas de las 34 de las que constaba la Liga. Pero, precisamente, su primera y única derrota de la temporada, cosechada en Nervión ante el Sevilla por 2-1, privó a los de Ormaetxea del título liguero. El Real Madrid de Vujadin Boskov se cruzó en el camino donostiarra y entonó el alirón tras vencer por 3-1 al Athletic de Bilbao en el Bernabéu en el último compromiso del curso. A pesar del sinsabor que dejó el no conseguir una Liga que la Real acarició durante buena parte del campeonato, todo lo demás fueron buenas noticias para Alberto Ormaetxea. Había formado un equipo competitivo en el que se había consolidado el defensa navarro Celayeta [fallecido ayer sábado] y en el que hizo debutar a dos jugadores que iban a tener un papel relevante en la Real Sociedad de los primeros años 80. Se trataba del central irundarra Alberto Górriz, que es el jugador que más veces ha vestido la zamarra txuri urdin,  y del delantero centro vitoriano Pello Uralde. Esa política de sacar a jóvenes valores del filial también llevó a Ormaetxea a incorporar al primer equipo durante la temporada siguiente a Jose Mari Bakero, que con 17 años en la campaña de la primera Liga de la Real Sociedad jugó en 27 encuentros aunque en casi todos ellos saliendo desde el banquillo, y al azpeitarra Juan Antonio Larragaña, que en el Sanse había destacado como centrocampista aunque posteriormente fue reconvertido a líbero por Ormaextea aunque su participación en el primer título fue testimonial ya que disputó nueve partidos, pero estuvo presente en el encuentro en El Molinón.Once inicial que empató (2-2) en El Molinón y dio la primera Liga a la Real Sociedad el 25 de abril de 1981.
PRESIÓN PARA ORMAETXEA. Es cierto que a nadie la amarga un dulce. Lo peor es cuando el dulce empalaga y hace perder la perspectiva a los aficionados. Algo similar  debió pensar Alberto Ormaetxea durante su siguiente temporada en el banquillo de Atocha. La primera vuelta del cuadro donostiarra fue decepcionante para buena parte de la afición txuri urdin. Cinco derrotas –Valencia, Hércules, Real Madrid, Almería y Sporting de Gijón en Atocha- en la primera vuelta, es decir, en los primeros 17 partidos de temporada. La Real Sociedad era cuarta a siete puntos de un Atlético de Madrid que apuntaba al título ya que tenía tres puntos de renta sobre el segundo –Valencia-, seis sobre el Barça –tercero-, y ocho sobre el Real Madrid de Boskov que ocupaba una discreta sexta posición. Un Real Madrid, el de los garcías, que estaba más pendiente de la Copa de Europa, a la cuál llegó a la final que perdería ante el Liverpool [0-1], que de la Liga, aunque iba a reaccionar en la segunda vuelta de campeonato al igual que lo hizo la Real Sociedad.

El Atlético de Madrid, el de los Arteche, Rubén Cano, Dirceu, Julio Alberto, Ruiz, y Marcos Alonso, no tuvo un buen inicio de segunda vuelta. Derrota en Almería en la vigésima jornada [2-1) a las que se le unieron la de la vigésimo segunda en San Mamés [3-1] y el 0-4 logrado por el Betis en el Vicente Calderón en la siguiente fecha del calendario. De esta manera, los colchoneros se presentaron con dos puntos de ventaja sobre el FC Barcelona, que era segundo, en el partido que les iba a enfrentar en el Manzanares a falta de ocho jornadas para la conclusión. Un gol de Marcos acercaba a los rojiblancos al título. Cuatro puntos sobre el Barça, seis sobre Sporting, Real Sociedad y Valencia, y ocho respecto al Betis y al Real Madrid.

Por su parte, Alberto Ormaetxea no vivía un buen momento. El 2-0 cosechado en Barcelona en la jornada 24 prácticamente les descartaba de la lucha por el título y relegaba a los guipuzcoanos a pelear por la clasificación para la Copa de la Uefa. La afición de Atocha criticaba el juego rácano de los de Ormaetxea y no dudaba en silbar a sus jugadores. Pero esa derrota en el Nou Camp ante el cojunto que dirigía Helenio Herrera fue la última de la Real Sociedad que encarriló siete victorias y un empate que le llevaron a alcanzar el liderato a falta de dos jornadas. En esta racha batió al Real Madrid por 3-1 en San Sebastián. La Real Sociedad fue tremendamente superior a un conjunto blanco que había tomado aire en la Liga gracias al desplome que sufrió el Atlético de Madrid, que sumó 15 puntos de los 34 posibles en la segunda vuelta, y el FC Barcelona, que tan sólo ganó dos de los últimos ocho partidos. El desplome azulgrana en buena medida se debió al secuestro de Quini. El asturiano se perdió seis encuentros desde que el 1 de marzo fuese secuestrado tras ganar al Hércules [6-0] y sus afectados compañeros tan sólo pudieron sumar un punto.

Los jugadores de la Real Sociedad celebrando uno de los goles conseguidos en El Molinón.A falta de dos jornadas el campeonato estaba sumamente emocionante. La Real Sociedad era líder con un punto de renta sobre el Real Madrid y Atlético de Madrid, que se enfrentaban en el Santiago Bernabéu, y dos respecto a Valencia y FC Barcelona. El derbi madrileño favorecía a la Real Sociedad que iba a ver como uno de los dos equipos quedaba descartado para el título siempre y cuando los txuri urdines venciesen al Espanyol en Atocha. La jornada no se pudo saldar mejor para la Real. Derrotas de FC Barcelona y Valencia, por lo que ambos quedaban descartados, triunfo blanco por la mínima [2-1] y victoria sufrida en Atocha ante el Espanyol. Satrústegui e Idígoras dieron la vuelta al tanto inicial de Marañón.  La Real Sociedad iba a afrontar el partido más importante de su historia el domingo 26 de abril de 1981. Lo haría en El Molinón gijonés donde el Sporting quería cerrar con victoria una buena temporada que tendría como colofón la final de Copa que iba a disputar en el Vicente Calderón ante el FC Barcelona.

CITA CON LA HISTORIA. El cuadro asturiano vivía sus mejores momentos, pero la Real Sociedad tenía una cita con la historia. Alberto Ormaetxea alineó en El Molinón al siguiente once inicial: Arconada, Celayeta, Górriz, Kortabarría, Olaizola, Diego Álvarez, Perico Alonso, Zamora, Idígoras, Satrústegui y López Ufarte. Un once que también significaba el triunfo de la cantera txuri urdin. Nueve de los once componentes, todos a excepción de López Ufarte, que se había formado en las filas del Real Unión de Irún, y de Diego Álvarez, que procedía del Eibar, se habían formado en las categorías inferiores de la Real Sociedad. Incluso los dos suplentes que saltaron al césped de El Molinón, José Mari Bakero y Larrañaga, también eran productos del Sanse. En realidad, el éxito de la Real Sociedad supuso el éxito tanto de la cantera txuri urdin como de la guipuzcoana.Los cálculos eran claros. La Real Sociedad necesitaba un punto para ser campeón siempre que el Real Madrid solventase con victoria su compromiso en Valladolid. La empresa parecía más fácil para los blancos que para los blanquiazules. La tarde no pudo empezar de mejor manera para los de San Sebastián. En el minuto 7, Kortabarría transformaba un penalti que adelantaba a la Real Sociedad, pero todo se iba a torcer al borde del descanso. Mesa hacía el 1-1 en Gijón mientras Santilla adelantaba al Real Madrid. Un gol sportinguista daba la Liga a los blancos. Y llegó el gol sportinguista. Lo hizo, de nuevo, Mesa en el primer minuto de la reanudación. La Liga parecía tomar la dirección a Chamartín. La Real necesitaba un gol. La tarde se arreglaba para los txuri urdines cuando Pepe Moré empató el duelo de Valladolid. Todo volvía a depender de un gol, pero esta vez de un gol del Real Madrid. Y llegó por partida doble. Santilla y Stilieke en la recta final sentenciaron el encuentro en Pucela. La Real volvía a necesitar un gol. Los de Ormaetxea volvían a ver los fantasmas que impidieron el título en la temporada anterior y volvían a ver a los blancos celebrar una Liga que habían  acariciado con las manos. Juanito cumplía su promesa y estaba en la mitad de su paseo de rodillas sobre el campo vallisoletano cuando los locutores radiofónicos cantaron gol en El Molinón. Zamora, en la prolongación, acaba de hacer el 2-2 que daba el título a la Real Sociedad.

La plantilla que alzó el t�tulo de 1982 posando con la copa de la Liga de la edición anterior.

SEGUNDA LIGA.
Lo cierto es que las dos campañas que había firmado la Real Sociedad de Alberto Ormaetxea eran difícilmente mejorables. Récord de imbatibilidad y segunda posición más una Liga hacían tocar techo al plantel guipuzcoano. La temporada 81-82 parecía destinada a realizar una gran campaña europea en el debut en la máxima competición continental. La Copa de Europa era el reto del cuadro txuri urdin, pero la aventura no iba a durar mucho. En la primera eliminatoria, la Real quedaba emparejada con el CSKA de Sofía. Un gol de Jontchev en el minuto 89 dio el triunfo a los búlgaros en el partido de vuelta. Atocha iba a decidir, pero el marcador no se movió y la Real quedó apeada de Europa.

La eliminación europea facilitó el trabajo a la Real Sociedad. Un trabajo que continuaba realizándose con el rigor que Alberto Ormaetxea había implantado desde su llegada al banquillo de Atocha. Trabajo que quedó respaldado con la Liga. Una Liga que hizo que Ormaetxea dejase de ser discutido por la grada de Atocha y comenzase a ser alabado. A pesar de ello, el eibarrés no perdió la perspectiva. Declaró que no vivía de “recuerdos” y respaldo su manifestación haciendo gala de su alto sentido del pragmatismo. No hemos salido este año con puntos de ventaja. En el deporte buscas un fin, si lo consigues no te pares, porque te hundes. Si hace cuatros años fuimos cuartos, luego segundos y primeros, este año no tenemos que ser primerísimos. Si no trabajamos seremos los últimos. Los recuerdos, ni para la vejez, ni para contar a los nietos. Sí, es posible que la afición recuerde el título, pero yo no. De aquellos días sólo me quedo con la imagen del cashero que a nuestro paso dejaba de arar para levantarnos los brazos. Eso sí me emocionó. No sospechaba que nuestro trabajo pudiera tener tal trascendencia”, comentaba en los primeros días de 1982.

Una imagen de Bernd Schuster durante su estancia en el FC Barcelona.El caso es que la Real Sociedad comenzó la Liga con el mismo estado de forma con el que había acabado el curso anterior. En la tercera jornada ya era líder. Liderato que cedió en la decimotercera tras caer por 3-2 en La Romareda. El FC Barcelona, que marchaba al ritmo que marcaba un joven alemán llamado Bernd Schuster, quería la Liga después de siete temporadas. El campeonato volvía a estar apretado aunque no tanto como en la temporada anterior. En la jornada vigésimo tercera, la Real se presentó en el Camp Nou igualada a puntos con el Real Madrid y a uno del conjunto catalán. El Barça era líder y necesitaba respaldar su candidatura al título venciendo al último campeón. En Atocha el partido concluyó con 1-1. El conjunto de Udo Latek venció gracias a los goles de Simonssen y Alexanko. Además, la jornada le salió redonda ya que el Real Madrid no pudo pasar del empate en el Bernabéu ante el Espanyol. Pero el Barça se iba a desplomar como le había sucedido en la campaña anterior. No fue capaz de ganar ninguno de los últimos seis partidos. Tres derrotas consecutivas [Valencia, Osasuna y Espanyol], un empate [Athletic] hicieron que el Barça se presentase en el Bernabéu en la penúltima jornada en situación de extrema necesidad y en mitad de una grave crisis. El Barça estaba igualado a puntos con la Real Sociedad, aunque el gol average le permitía seguir en el liderato, y aventajaba en dos puntos al Real Madrid, que también necesitaba el triunfo para conservar sus opciones ligueras. En la ida, el Barça había ganado por 3-1. Idéntico resultado se produjo en el Bernabéu. El triunfo de la Real ante el Espanyol permitió a los de Ormaetxea dar el salto al primer puesto con un punto de renta sobre FC Barcelona y Real Madrid. En la última jornada visitaba a su vecino y rival, el Athletic Club de Bilbao.Entre medias, la Real también había firmado un buen torneo copero. Eliminó a Bilbao Athletic, Osasuna, Valladolid y Athletic, para caer en la tanda de penaltis del partido de vuelta de la semifinal que le enfrentó al Real Madrid, que terminaría ganando el título al batir al Sporting de  Gijón por 2-1. Esta andanza copera también tuvo su repercusión en Liga. La Real había eliminado al Ahtletic de su competición favorita y los leones querían venganza. Además, una venganza dulce ya que su victoria supondría arrebatarle el título liguero a sus vecinos, idea que estimulaba en el botxo ya que la ausencia del Athletic de la pelea por la liga y la presencia de la Real era algo que se llevaba mal en Bilbao.

El domingo 25 de abril de 1982, Real Sociedad y Athletic Club iban a disputar algo más que un partido. También es cierto que el duelo levantó muchas suspicacias ya que, en esos momentos, el fútbol también era el portavoz de la realidad social que había en el País Vasco. Eran años convulsos, en los que se reclamaba la autonomía de esta comunidad y muchos de los futbolistas no eran ajenos al llamado conflicto vasco. De hecho, en el derbi disputado en Atocha en diciembre de 1976, los dos equipos habían salido al campo portando una ikurriña, algo que estaba prohibido por las leyes del anterior régimen.Once inicial de la Real Sociedad en el partido ante el Atletic de Bilbao de la temporada 1981-82.Situaciones políticas al margen, Ormaetxea alinéo al siguiente once inicial para recibir al Athletic: Arconada, Celayeta, Górriz, Kortabarría, E. Murillo, Diego Álvarez, Perico  Alonso, Zamora, Uralde, Satrústegui y López Ufarte. Un once más ofensivo de lo que era habitual para Ormaetxea aunque tampoco es para extrañar. La Real necesitaba gol para batir a la cuarta zaga menos goleada. Por ello, el eibarrés dispuso sobre Atocha a todo su arsenal. Satrústegui, autor de 13 goles, Pello Uralde, que se había confirmado en el primer equipo haciendo 14 dianas en 28 partidos, López Ufarte, autor hasta ese momento de diez tantos, y Zamora, que sin ser un gran goleador en la temporada anterior había facturado siete goles aunque en ésta tan sólo había hecho dos. El partido transcurrió con cierta normalidad para la Real Sociedad. La victoria le daba el título. Zamora y Ufarte llevaron la alegría al graderío de Atocha que tan sólo sufrió en los últimos cinco minutos de partido, después de que Sarabia marcase el único tanto del Athletic. Además, el Barça empató en casa con el Betis y el Real Madrid cayó en su visita a Santander.

El delantero navarro Satrústegui realizó cuatro dianas en la Copa de Europa de 1983.EL RETO EUROPEO. Tras dos títulos de Liga, la temporada 82-83 se presentaba para la Real Sociedad como la de su asalto al continente europeo. La segunda incursión de la Real Sociedad en la Copa de Europa fue más satisfactoria. En primera ronda, los de Ormaetxea tuvieron que medir fuerzas con el Vikingur noruego. Triunfo por 0-1 [Satrústegui] en la idea y por 3-2 [Uralde –dos- y Satrústegui]. En la siguiente eliminatoria la Real iba a cruzarse con todo un campeón de Europa: el Celtic de Glasgow. El conjunto escocés hincó la rodilla en Atocha al caer por 2-0 [Satrústegui –dos-]. En la vuelta, Uralde encarriló la eliminatoria aunque el Celtic dio la vuelta al marcador con dos tantos de McLeod. La Real Sociedad iba a jugar en cuartos de final ante otro equipo que vestía con rayas horizontales blancas y verdes. El campeón portugués era el Sporting de Lisboa. Los lisboetas se impusieron en la ida por 1-0. Tocaba remontar en Atocha. El campo donostiarra registró un gran lleno y el graderío realizó la suficiente presión como para remontar la eliminatoria. Dos tantos de Larrañaga y José Mari Bakero, que en esta campaña se consolidaron definitivamente en el primer equipo txuri urdin, clasificaron a la Real Sociedad a las semifinales. En ellas, el rival iba a ser el SV Hamburgo, es decir, el campeón de la Bundesliga.

Los jugadores de la Real Sociedad celebran el tanto de Diego Álvarez que empataba el partido y la eliminatoria de la Copa de Europa de 1983.El primer episodio de la eliminatoria se disputó en Atocha. El balance no fue bueno para la Real Sociedad. 1-1 y gracias. Rolff adelantó a los alemanes y Gajate igualó en los últimos minutos. Tocaba hazaña en Hamburgo. Y lo cierto es que la Real estuvo a punto de dar el campanazo y derrotar a uno de los favoritos a hacerse con al corona continental. El otro favorito era la Juventus de Turín que estaba emparejado con el Widzew. Jakobs adelantó al Hamburgo pero Diego Álvarez marcó un gol que igualaba el partido y la eliminatoria. El encuentro se iba a la prórroga cuando Von Hessen marcó y clasificó al Hamburgo, que terminaría ganando el título.

TRANSICIÓN HACIA LA PUERTA DE SALIDA. Tras dos títulos de Liga, la Real Sociedad experimentó un lógico bajón de resultados y de rendimiento en la temporada 82-83. A pesar de ello, la Real Sociedad tuvo tiempo de ganar la primera Supercopa de la historia. Fue al Real Madrid. El cuadro donostiarra recibía al Real Madrid en Atocha en el partido de vuelta. Los blancos habían ganado 1-0 en el Santiago Bernabéu y tenían que defender esta renta el día de los inocentes. Un tanto de Uralde igualó la eliminatoria y la envió a la prórroga. En ella, dos nuevos tantos del delantero vitoriano, que firmó un hat-trick, y otro de López Ufarte sirvieron para poner el 4-0 en el marcador y dar el título a la Real Sociedad.

El triunfo en la Supercopa, la exigencia de la Copa de Europa y la irrupción del Athletic de Javier Clemente distrajeron a los donostiarras de la lucha por el campeonato. La temporada siguiente volvió a ser de transición. Una transición que también se produjo en los despachos de la entidad. Iñaki Alkiza sustituyó en la presidencia a José Luis Orbegozo en la campaña 83-84. Transición y cambios que también afectaron a Alberto Ormaetxea. Tres temporadas después de haber logrado el segundo título de Liga, en las que su equipo había finalizado consecutivamente en séptima, sexta, y, de nuevo, séptima posición, le enseñaron la puerta de salida. El galés John Benjamin Toshack aterrizaba en Atocha procedente del fútbol inglés mientras que Alberto Ormaetxea se marchaba al Hércules sin hacer ruido y por la puerta de atrás. Ya lo decía el eibarrés. Los recuerdos no valen de nada. Curioso lo de Ormaetxea. Tras llevar a la Real Sociedad a ganar dos títulos de Liga, una Supercopa y a alcanzar una semifinal de Copa de Europa se despedía de su casa y casi del fútbol. No sirvieron de nada las 157 victorias logradas en los 324 partidos en los que dirigió a la Real Sociedad. Eran otros tiempos y un británico lucía más para comenzar el proyecto de Alkiza. Más curioso si cabe es el caso de Ormaetxea si lo comparamos con el de Javier Clemente. El rubio de Barakaldo, al igual que el técnico guipuzcoano, ganó dos Ligas, pero le sacó un mayor provecho. Su carrera dura hasta nuestros días mientras que la del fallecido Alberto Ormaetxea acabó su etapa de entrenador en el anonimato del banquillo ilicitano.

Datos del artículo 
Autor: Carlos A.S.
Fecha: 10 de febrero de 2008-02-10 
Fuentes consultadas: Liga de Fútbol Profesional, Athletic Club de Bilbao, Real Sociedad de San Sebastián, Uefa, El País, El Mundo, ABC y Wikipedia.

Hilo musical:
Kula Shaker: K [Columbia, 1996]
Sam Roberts: Chemical City [Universal, 2006]
Ocean Colour Scene: Moseley Shoals [MCA, 1996]