Archive for the ‘General’ Category

La rebelión de los modestos

marzo 12, 2008

Trofeo de la FA Cup.

Que la FA Cup es diferente es algo que todos los amantes del fútbol han asumido. La mística de la competición de clubes más antigua del mundo no discrimina escudos, presupuestos y grandeza. Todos son iguales y todos pueden ganar, aunque parezca mentira. El pasado fin de semana esto se volvió a poner de manifiesto. Primero en la eliminación del Manchester United ante el Portsmouth y un par de horas después con la del Chelsea ante el Barnsley, el equipo de First Division que en la anterior eliminatoria también acabó con el Liverpool de Rafa Benítez. Al día siguiente, el Cardiff galés volvió a tumbar a un equipo de Premiere como es el Middlesbrough y, posteriormente, dos ‘segundas’ disputaron el último partido de cuartos de final en el que el West Bromwich Albion se clasificó.  

UN FIN DE SEMANA INCREÍBLE. ‘An incredible weekend’, titulaba la web de la FA el pasado fin de semana. “¿Qué ha sucedido?”, pensaban los despistados que no conocían los resultados que había deparado la sexta ronda de la FA Cup inglesa. Un par de clicks después, estos mismos seguidores se llevaban las manos a la cabeza. ¡El Manchester United había caído eliminado en casa por el Portsmouth!. El Pumpey –decimocuarto clasificado- había podido con una de las mejores plantillas del fútbol europeo. Un triunfo que no estuvo exento de suerte. Los diablos rojos hicieron un buen partido, crearon múltiples ocasiones, pero no estuvieron finos en la definición. El 0-0 seguía en el marcador de Old Tratford hasta que una contra visitante acabó en penalti y expulsión y, posteriormente, en el 0-1 final. 

La época más brillante del Pompey en la Copa Inglesa data del periodo de entreguerras. Ganó el título en 1939 y fue finalista en 1929 y 1934. Tras perder en sus dos primeras comparecencias en la final, en 1929 por 2-0 ante el Bolton Wanderers y en 1934 por 2-1 ante el Manchester City, el título iba a llegar en la tercera participación. Fue ante el Wolwerhampton Wanderers, al que se impuso por 4-1. Wembley registró una gran entrada. 99.370 espectadores se dieron cita en sus gradas para ver la que sería la última final de Copa hasta después de la II Guerra Mundial, aunque este dato se desconocía aquel sábado 29 de abril de 1939. El Portsmouth ganó gracias a los tantos de Bert Barlow, John Anderson y Cliff Parker –dos-. El gol de los wolwes fue obra de Dicky Dorsett.

 

La derrota del Manchester United aclaraba el panorama al Chelsea, que minutos después de que se produjese la sorpresa en Old Tratford saltaba al césped de Oakwell. Los blues ya conocían el peligro del Barnsley. En quinta ronda, los del South Yorkshire habían sorprendido al Liverpool en Anfield. Dos goles de Foster y Howard, éste en el último minuto de partido, sirvieron para remontar el tanto inicial de Kuyt. Por ello, el técnico del Chelsea apostó por jugar con buena parte de sus titulares. Alineó a Terry, Carvalho, Essien, Ballack, Malouda, Wright-Phillips, Anelka y Joe Cole. Pero también besó la lona debido a un solitario gol de Odejavi, un suplente habitual del Barnsley que saltó a la efímera fama de la sexta ronda de la FA Cup de 2008.

 

El Barsnley, que actualmente militaba en la zona baja de la First Division, al igual que el Portsmouth sabe lo que es levantar la Copa. Fue en 1912 frente a otro de los semifinalistas de esta temporada: el West Bromwich Albion. El Barnsley ya había perdido una final. La de 1910 ante el Newcastle United en Goodison Park. La final de 1912 era su ocasión de sacarse la espina de la anterior derrota. El camino no había sido nada fácil. Especialmente en cuarta ronda –cuatros de final- en la que necesitó de cuatro encuentros para deshacerse del Bradford City. Tras tres empates a cero, se disputó un cuarto partido en Bramall Lane que se resolvió por un 3-2 favorable al Barnsley. Precisamente Bramall Lane –feudo del Sheffield United- fue un escenario talismán para el Barnsley ya que allí también se proclamó campeón de la Copa de 1912. Pero también fue en un replay ya que el primer choque, disputado en el campo del Crystal Palace, concluyó con 0-0. Tuffnell fue el héroe de la final al hacer el 1-0 que dio el título al Barnsley.

 

LA EXCEPCIÓN GALESA. El domingo 9 de marzo, mientras en España se elegía nuevo gobierno, en Inglaterra se disputaban los otros dos cuartos de final. El primer choque fue el que midió al Middlesbrough con el Cardiff City en el campo del primero. El triunfo sonrió al cuadro galés por 0-2 gracias a los goles de Whittingham y Johnson. El Cardiff City es uno de los clubes galeses que eligieron competir en la liga inglesa en lugar de hacerlo en su propia competición doméstica. Sus años de gloria también se remontan al periodo de entreguerras. Concretamente a los felices años 20. Y tan felices que fueron en Cardiff y más felices pudieron haberlo sido si el golaverage no le hubiese evitado ganar el título de la First Division de 1924. El beneficiario fue el Huddersfield Town. Un año después también cayó en la final de la FA Cup de 1925. Esta vez ante el Sheffield United por 1-0. Tunstall, que acaba de convertirse en el nuevo extremo de la selección inglesa, hizo el gol del triunfo del Sheffield United.

 

Los de Cardiff tuvieron que esperar dos años para regresar a una final de Copa, pero la espera mereció la pena. La final de 1927 fue histórica. Fue la primera final de Copa que se retransmitió radiofónicamente en directo a través del servicio de la BBC. Derek McCulloch y George Allison fueron a ser los encargados de retransmitir el Arsenal-Cardiff City. Curiosamente George Allison se iba a convertir en el técnico gunner en la década de los 30 tras el inesperado fallecimiento de Herbert Chapman. Pero la final también fue histórica por un segundo detalle: el triunfo del Cardiff City. Es la primera y única ocasión que un club no inglés ha ganado la FA Cup.

 

Herbert Chapman, que traía malos recuerdos al Cardiff City porque él había sido el mánager del Huddersfield Town que le arrebató el título liguero de 1924, era el técnico del Arsenal. Chapman fue el primero en llevar a la gloria al Arsenal aunque la gloria no llegó en el primer gran día, es decir, en la final de la Copa de 1927, pero la derrota ante el Cardiff City no influyó en el ánimo de Chapman. Él siguió trabajando para perfeccionar su apuesta táctica, en la que intentó sacar partido de la regla del fuera de juego que había sido instaurada en 1925. Sus reflexiones tácticas quedaron plasmadas en el famoso estilo de juego conocido como la ‘W-M’, en el que creó la figura del mediocentro de contención o stopper, así como el adelantar la línea defensiva para dejar en fuera de juego a los rivales. Una táctica revolucionaria que buscaba neutralizar a los equipos que jugaban con cinco delanteros y que fue fundamental para el gran Arsenal de los años 30, pero eso es otra historia que trataremos más adelante en Once Vs. Once ya que hoy hablamos de los modestos y, por ello, del Cardiff City.

 

Los seguidores galeses acudieron en masa a Wembley, incluso se dice que fueron mayoría en el graderío del tempo del fútbol inglés. El único gol del partido llegó en el minuto 73 y se debió a un fallo del portero galés del Arsenal. Hughie Ferguson recibió un balón con poco espacio para intentar la carrera o para buscar el pase. Por ello realizó un tímido disparo a puerta. El balón rodó sobre el césped de Wembley pero el guardameta gunner no pudo atraparlo y acabó en la red.

EL MÁS LAUREADO DE LOS CUATRO. El West Bromwich Albion fue el cuarto equipo en clasificarse para las semifinales que esta temporada se van a disputar en Wembley los días 5 y 6 de abril. El West Brom tuvo menos problemas que el resto de clasificados. Venció por 1-5 en el campo del Bristol Rovers. Morrison y Miller adelantaron a los baggies, pero Coles recortó distancias para el Bristol Rovers. En el último tercio del duelo llegaron los tres tantos visitantes que certificaron la clasificación del West Bromwich Albion para las semifinales de la FA Cup.

El West Brom de los cuatro semifinalista es la entidad más curtida. Diez finales de Copa es su aval. Cinco títulos –1888, 1892, 1931, 1954 y 1968– les sitúan en la zona media del ránking de ganadores de la FA Cup por delante de históricos como Chelsea –4-, Manchester City –4-, Sheffield United –4-, West Ham United –3-, Sheffield Wednesday –3-, o Nottingham Forest –2-. En la de 1888 se impuso por 2-1 al Preston; en 1892 derrotó por 3-0 al Aston Villa; en 1931 ganó por 2-1 al Birmingham City; en 1954 volvió a imponerse al Preston, esta vez por 3-2; y en 1968 ganó por la mínima –1-0- al Everton. En lo que se refiere a finales perdidas. En 1886 perdió en el replay ante el Blackburn Rovers, que era el vigente campeón. En 1887 cayó por 2-0 ante el Aston Villa, derrota que también se repitió en 1895 aunque por 1-0. En 1912 cayó, como ya hemos citado, por 1-0 ante el Barnsley en el replay. Y su última final perdida data de 1935 cuando el Sheffield Wednesday le derrotó por 4-2 en Wembley. Las vitrinas del West Bromwich Albion también tienen la Liga de 1920 y otros dos subcampeonatos de la antigua First Division –actual Premiere League- correspondientes a las campañas 1924-25 y 1953-54.

LAS SEMIFINALES DE ESTA EDICIÓN. El West Bromwich Albion será el encargado de abrir las semifinales el sábado 5 de abril en Wembley ante el Portsmouth. El Pompey, único representante de la Premiere League, tendrá que cumplir su papel de favorito ante uno de los conjuntos coperos por excelencia en Inglaterra. El domingo 6, el Barnsley tendrá que verse las caras ante el Cardiff City, que por primera vez regresa a Wembley desde que en 1927 derrotase por 1-0 al Arsenal. Los aficionados llenarán la catedral del fútbol inglés, con entradas con precios que oscilan entre 25 y 55 libras, para conocer el nombre de los dos equipos que llegarán a una sorpresiva final. La Copa inglesa de nuevo ha actuado como factoría de los sueños de los equipos más modestos. Tres segundas y un segundón en la Premiere son los inesperados invitados al banquete de la competición más antigua del mundo del fútbol. Disfruten porque tardará en repetirse o quizá sea la última vez en la que los modestos se rebelen dentro del panorama del fútbol moderno y global.

 

Datos del artículo: 

Autor: Carlos A.S.

Fecha: 12 de marzo de 2008. 

Fuentes: The FA, BBC, The Guardian, Goal.com, Wikipedia, the FA Cup Final.co.uk, Football Factory, Soccerbase.com y Soccer Data.  

Fotografía: BBC.

Vídeos: YouToube y 101 great goals.

Hilo musical: Madness: One Step Beyond [Stiff Records, 1979], The Specials: s/t [2Tone Records, 1979] y VV.AA.: A la Mod!  

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La maldición de Guttmann

marzo 6, 2008

La historia del fútbol se ha formado a partir de leyendas, mitos, héroes caídos, bestias negras y un largo etcétera de términos de cariz casi místico. Pero dentro de la mística difícilmente hemos encontrado espacio para lo que podría denominarse las artes oscuras. Y no. No estamos hablando de sucios defensas centrales. No. Ni mucho menos. Ni tampoco hablamos de la superstición que habitualmente acompaña en mayor o menor grado a los jugadores y entrenadores. Hablamos de algo tan viejo como el mal de ojo. La maldición que Bela Guttman echó sobre el Benfica en el verano de 1962 cuando fue cesado en su cargo de entrenador de las águilas forma parte de esta serie de artes oscuras que en rara ocasión se ven mezcladas con el balompié.

 

El Benfica recibe esta noche –21.30 horas- al Getafe en el partido de ida de la eliminatoria de cuartos de final de la Copa de la Uefa. Un enfrentamiento en el que el conjunto lisboeta parte con la vitola de favorito ante todo un debutante en estas suertes europeas como es el cuadro azulón. Las águilas tienen ante sí la mejor manera de salvar la temporada. Están a 12 puntos de los dragones del Oporto. La Uefa es la tabla de salvación lisboeta. Por ello, el estadio benfiquista vivirá un buen ambiente para empujar a las águilas en esta nueva aventura europea. Pero seguro que esos mismos seguidores que sueñan con volver a ser grandes en Europa tendrán en su cabeza la llamada ‘maldición de Guttmann’. El entrenador húngaro, que llevó al Benfica a ganar dos Copas de Europa en el arranque de los sesenta, fue despedido por la entidad portuguesa debido a que pidió un aumento de sueldo. El día que se despidió del club lo hizo lanzando una sentencia que en aquel momento fue tomada de forma anecdótica pero que se ha convertido en toda una losa para el Benfica. “Sin mí, el Benfica no volverá a ganar una copa europea”. Desde entonces ha disputado seis finales y las ha perdido. Cinco de Copa de Europa y una de la Uefa.Bela Guttmann.

GUTTMANN, EL TROTAMUNDOS. Bela Guttman [Budapest, 1900-Viena, 1981] fue un trotamundos como jugador y también lo fue como entrenador. En su etapa como jugador fue un destacado mediocentro húngaro de origen judío que conquistó dos títulos de Liga con el MKT Budapest, jugó con la selección en los Juegos Olímpicos de París de 1924, y marchó al Hakoah Viena. Este equipo austriaco se convirtió en uno de los más importantes de centroeuropa en la década de los años 20. Su popularidad le llevó a medirse con el West Ham United inglés. El primer partido se disputó en Viena y el resultado fue de empate. Los ingleses se comprometió a disputar el desempate en Londres. Allí, el Hakoah humilló a los hammers endosándoles un rotundo 0-5. Bela Guttmann siempre fue inquieto. Tras una gira por Estados Unidos se quedó asombrado tras disputar un partido en el New York’s Polo Ground ante 46.000 espectadores. Por ello, y porque buena parte de los clubes eran de propiedad judía, decidió marcharse a la liga estadounidense donde jugó 176 partidos hasta su retirada a la edad de 32 años.

Sus inicios en el banquillo estuvieron ligados al Hakoah Viena. Posteriormente marchó al Enschede holandés [actual Twente] y ganó la Liga. También ganó la Liga húngara en la temporada 1938/39 con el Ujpest. Tras la II Guerra Mundial siguió entrenando en Hungría. Se hizo cargo de las riendas del Kispest Honved, con el que ganó otros dos campeonatos. El Honved era propiedad del padre de Ferenc Puskas, detalle que podría ser anecdótico pero que fue crucial en su trayectoria en la institución. Su marcha se produjo tras un roce con Puskas hijo. Guttmann quiso cambiar a un defensa y Puskas se negó. El cambio no se produjo. Guttmann se había dado cuenta que acaba de perder el respeto de sus jugadores. Se sentó en el banquillo, ojeó una revista hasta la conclusión y presentó la dimisión.  

Marchó a Italia. Tras pasar por los banquillos de Pádova y Triestina recaló en el AC Milan en 1953. El camino de Trieste a Milan no lo hizo solo. Se llevó a un prometedor defensa de la Triestina: Cesare Maldini. Se convirtió en uno de los jugadores históricos del club rossonero. Fue el encargado de levantar la primera Copa de Europa de los milanistas en 1963. Pero, sobre todo, fue uno de los mejores defensores de su época. Guttmann tuvo un gran equipo a sus órdenes. Contó con el trío ‘gre-no-li’. Es decir, con los delanteros suecos: Gunnar Gren, Gunnar Nordahl y Nils Liedholm. Los tres formaron parte del combinado nacional que había sido oro olímpico en los Juegos de Londres de 1948. Además, también contó con el uruguayo Juan Alberto Schiaffino. Uno de los autores de goles del llamado ‘maracanazo’. Con este plantel, el Milan ganó el título de 1955. Nordahl fue el máximo goleador del torneo. El sueco actualmente es el segundo máximo goleador de la historia del Scudetto. En 1956 salió por la puerta de atrás del Milan y se despidió de Italia tras entrenar al Vicenza.  

SU LLEGADA A PORTUGAL. De Bela Guttmann se dice que fue un gran estratega. La  leyenda dice que el fue el inspiró el 4-2-4 con el que Brasil se proclamó campeona en el Mundial de 1958. Se dice que Guttmann durante su etapa en el MTK decidió fortalecer el medio del campo y para ello comenzó a emplear un 4-2-4 que Bukovi y Sebes también empezaron a utilizar. En 1957 Guttmann volvió a dirigir al Honved. El mítico Honved en el que jugaban: Puskas, Czibor, Kocsis, Bozsik, Budai, Lorant y Grosics.   Con este 4-2-4 el Honved realizó una gira por Brasil. Allí se enfrentó a varios equipos. El conjunto húngaro maravilló y Guttmann se quedó en Brasil para hacerse cargo del Sao Paulo. Un Sao Paulo al que llevó al título en 1957. En este equipo formaron Dino Sani y Mauro Ramos, que ganaron el Mundial de 1958, y, sobre todo, destacaba la presencia del veterano Zizinho. Él fue el primer centrocampista brasileño que impactó a nivel mundial.  

Tras su paso por Brasil, Guttmann puso rumbo a Portugal. En concreto a Oporto. Ganó la Liga con los dragoes. El Benfica se fijó en él y le contrató un año más tarde. Alrededor de este húngaro hay mucha mística y leyenda. Otra de esas leyendas dice que antes de firmar con el Benfica pasó por la barbería. En ella, coincidió con José Bauer, que en ese momento era el técnico del Sao Paulo. A lo largo de la conversación surgió el nombre de un joven mozambiqueño que tenía cautivado a Bauer. Guttmann decidió mandar a un ojeador y Eusebio Ferreira llegó a Lisboa a finales de 1960. Con la pantera negra, Guttmann encontró lo que al Benfica le faltaba para aspirar a la corona continental. De hecho, el primer triunfo europeo de las águilas se remonta a 1960. La irrupción de Eusebio no pudo ser más estrepitosa. En la final del Torneo de París de 1961, el Benfica iba perdiendo 3-0 con el Santos de Pelé y tan sólo habían transcurrido 20 minutos de partido. Guttmann desesperado decidió poner a Eusebio en el campo. El mozambiqueño respondió a la confianza de su entrenador con tres goles que igualaron el partido y que provocaron la reacción de Pelé. El astro brasileño hizo dos goles y su equipo terminó ganando por 6-3. Pero el gran triunfador de la noche fue Eusebio. La crónica de France Football es fiel reflejo de ello: “Eusebio 3, Pelé 2″. 

El camino hasta la final de Berna fue relativamente cómodo para el Benfica. Eliminó al Hearts, Ujpest, AGF y Rapid de Viena. Pero el rival en la final iba a ser el todopoderoso FC Barcelona. El conjunto azulgrana había eliminado en primera ronda al Real Madrid, equipo que había ganado las cinco copas de Europa que se habían disputado hasta la fecha. Tenía un conjunto temible encabezado por los húngaros Kubala, Kocsis y Czibor más Evaristo y Luis Suárez. El Barça partía como favorito. Pero no cumplió. Se estrelló con la madera. Hasta cuatro balones acabaron en los postes. El Benfica no pudo contar con Eusebio en la final debido a que no había podido de arreglar el contrato con el club lisboeta. A pesar de ello, las águilas se impusieron por 3-2 en la prórroga. 

El título de campeón de Europa lo iba a revalidar en la temporada siguiente. Y lo iba a hacer ante el mismísimo Real Madrid que alcanzó la final y que quería sumar su sexto título en siete ediciones. El conjunto blanco tuvo una difícil eliminatoria de semifinales ante la Juventus. Di Estéfano firmó el tanto del triunfo madridista en Turín. Pero la Juve repitió resultado en Charmartín, infligiendo al Real Madrid la primera derrota europea en casa de su historia. Fue necesario un partido de desempate en París que concluyó con triunfo blanco por 3-1. Si el Real Madrid sufrió en cuartos, el Benfica lo hizo en las semifinales ante el Tottenham Hotspur. 3-1 en Lisboa y derrota por 2-1 en The Lane. La final de Ámsterdam iba a enfrentar a los dos únicos campeones de la competición. Y Guttmann iba a poder contar con Eusebio, que estaba maravillando al continente con el fútbol que tenía en sus botas. Además, Guttmann tenía la posibilidad de tomarse una pequeña revancha con Puskas. El jugador húngaro fue el mejor de los blancos. Firmó tres goles, todos los que hizo el conjunto de Charmartín en aquella tarde. Pero el Benfica hizo cinco, dos de ellos de Eusebio.

Parecía que el Benfica iba a sustituir al Real Madrid en el trono continental. Si los blancos habían dominado la década de los 50 con Di Estéfano como gran abanderado, el Benfica se encomendaba a Eusebio y Guttmann para imponer su tiranía. El Benfica parecía un equipo imbatible. Con un poderío ofensivo notable y con un Eusebio al que ninguna defensa lograba frenar o, al menos, minimizar. Guttmann afrontaba su tercer año en la entidad. El húngaro pensaba que la tercera temporada era la más difícil para un entrenador. Por ello, durante el verano pidió un aumento de sueldo. Las negociaciones entre técnico y directiva no llegaron a buen puerto, hubo mucha tensión y el club decidió cesar Bela Guttmann. Tras el cese, el húngaro profirió la ya cita frase de “sin mí, el Benfica no volverá a ganar una copa europea”. La frase comenzó a tener sus efectos en ese mismo 1962. A finales de año, en la disputa de la Intercontinental que se llevó el Santos de Pelé. 

SEIS DECEPCIONES. Con la derrota en la Intercontinental no se quiso dar mayor importancia a la frase de Guttmann. Normal. Al fin y al cabo, la Intercontinental no era una competición europea y, por supuesto, ¿quién iba a creer esa amenaza cuando se tenía un equipo tan potente?. En 1963 el Benfica alcanzó la final de la Copa de Europa que se iba a disputar en Wembley. El rival era el AC Milan de Nereo Rocco que contaba con Gianni Rivera, Cesare Maldini, Giovanni Trapattoni y José Altafini, que se convirtió en el máximo realizador del torneo con 14 dianas. La final también era el escenario en el que se iban a enfrentar dos de las más grandes figuras futbolísticas del momento: Altafini y Eusebio. Ambos fueron los encargados de inaugurar el marcador. Altafini adelantó al Milan y Eusebio igualó la contienda. Pero Altafini iba a decantar el título con otro gol, logrado a pase de Rivera.   En 1964, el Benfica cayó eliminado en primera ronda por el Borussia de Dortmund. Iba a ser un año después cuando las águilas alcanzasen su cuarta final de la máxima competición continental. De nuevo iba a enfrentarse a un conjunto italiano de la ciudad de Milán, pero esta vez su rival iba a ser el Internazionale, que era el vigente campeón de la competición. El Inter acrecentó la leyenda. Los elementos se aliaron con los neroazurri. El Inter  jugaba en San Siro. La climatología no acompañó, llovió y el agua impidió que el Benfica practicase su estilo ofensivo. El Inter defendió con orden y rigor y, además, consiguió golpear primero gracias al tanto que Jair logró al filo del descanso. Este gol sirvió a los neroazurri para ganar su segunda y última Copa de Europa hasta la fecha. El Benfica perdía por segunda ocasión aunque firmaba un quinquenio de excepción: cuatro finales con dos títulos.  La carrera de Eusebio tocó techo en 1968 y la del Benfica también. La pantera negra fue elegido Balón de Oro por France Football. Fue la primera ocasión en la que se otorgó este premio y el galardón recayó sobre el mejor jugador del momento. El Benfica estaba considerado como el mejor equipo de Europa. Tras eliminar a Gletoran [se deshizo de este rival gracias al valor doble de los goles en campo contrario, primera vez que se utilizó este sistema para decidir una eliminatoria igualada], Saint Etienne, Vasas y Juventus, el Benfica regresó a Wembley. No era un escenario que le traía buenos recuerdos y, además, iba a tener que jugar contra un equipo inglés: el Manchester United de Matt Busby. Un detalle nada anecdótico ya que los diablos rojos no habían conseguido ganar ningún partido fuera de casa durante las eliminatorias previas. En Wembley iban a contar con el apoyo de sus seguidores. Hibernian, Sarajevo, Gornik y Real Madrid fueron sus obstáculos para llegar a Wembley. La final no registró goles hasta la segunda mitad. Bobby Charlton, en el 54’, inauguró el marcador. Jaime Graça igualó minutos después. Se llegó a la prórroga. En ella, Charlton, Best y Kidd hicieron los tantos del United. 4-1. Tercera final perdida para el Benfica.  

15 años iba a tardar el Benfica en regresar a una final europea. No fue en la Copa de Europa, sino en la Copa de la Uefa de la temporada 1982/83. El Benfica contaba en el banquillo con la dirección de un entrenador sueco: Sven-Göran Ericksson. Eliminó a Betis, Waasland, Zürich, AS Roma y Universidad de Cracovia. El equipo a batir era el Anderlecht belga. El club belga había ganado dos Recopas, perdido otra, y dos Supercopas de Europa durante la década de los 70. En esa temporada, antes del partido de vuelta de la eliminatoria ante el Oporto, Van Himst relevó a Tomislav Ivic en el banquillo. Se plantó en la final que se disputaba a doble partido. En la ida, el Anderlecht venció por la mínima gracias a un solitario gol del danés Brylle. El Estadio de la Luz registró un gran lleno para la vuelta. El Benfica acariciaba el título a pesar del resultado en contra que traía de Bélgica. Sheu, en el 36’, adelantó a las águilas e igualaba la final, pero el español Lozano, dos mimutos después del tanto portugués, puso el 1-1 con el que iba a finalizar el partido. La Uefa era para el Anderlecht y Bela Guttmann se reía desde su tumba en Viena, en la que descansaba desde hacía dos años.  

Un año después de que el Oporto levantase su primera Copa de Europa en la final que le enfrentó al Bayern de Munich, el Benfica tenía la posibilidad de romper la maldición de Guttmann en la quinta final continental que iba a disputar tras la marcha del húngaro. De nuevo era finalista de la Copa de Europa. Stuttgart acogió la final. En ella el Benfica iba a tener que enfrentarse con el PSV Eindhoven de Guus Hiddink. El PSV no enamoró a Europa. Europa estaba del lado del Benfica. Ganó tan sólo tres de los nueve partidos que disputó en la competición. A penas hizo goles. Superó los cuartos de final [Girondins] y la semifinal  [Real Madrid] gracias al valor doble de los goles conseguidos fuera de casa y, además, se granjeó la antipatía europea debido a la entrada que Koeman realizó a un jugador francés al que lesionó de gravedad. El PSV contaba con un gran portero bajo palos: Van Breukelen. Además en defensa contaba con el ya citado Koeman y con el belga Gerets, El fútbol en la medular lo creaba el danés Lerby y en las bandas contaba con Vanenburg y Gillhaus. En ataque, el delantero centro era Wim Kieft, El Benfica había eliminado a Partizan, AGF, Anderlecht y Steaua de Bucarest para llegar a la final. El encuentro concluyó 0-0. Se disputó la prórroga y el marcador no se movió. En los penaltis, el PSV acertó con todos mientras que Veloso falló el sexto por parte del Benfica. La maldición estaba más viva que nunca. 

La última final que hasta la fecha ha disputado el Benfica fue dos años después de la derrota en Stuttgart. En 1990. El escenario iba a ser el Pratter vienés. Como el Benfica iba a visitar Viena, donde está la tumba de Bela Guttmann, al club se le ocurrió poner punto y final a la maldición. Una delegación lisboeta encabezada por Eusebio hizo una ofrenda foral en la tumba del húngaro y rezó antes de la disputa de la final en la que las águilas iban a volver a verse las caras con el AC Milan. El Milan de Sacchi atemorizaba Europa. Estaba revolucionando el fútbol y ya había ganado una Copa de Europa 12 meses antes en el Camp Nou. El Milan sufrió para llegar a la final. Sobre todo ante el Real Madrid en octavos y ante el Bayern de Munich en semifinales. Derrotó a los alemanes en la prórroga. El camino del Benfica también fue duro y, al igual que el Milan, sufrió en semifinales. El Olympique de Marsella era uno de los conjuntos favoritos para hacerse con el triunfo final. Era el aspirante al trono del Milan, incluso se decía que el único que podía batir al cuadro rossoneroEl Olympique cayó en las semifinales ante el Benfica en un polémico encuentro de vuelta que se resolvió gracias a un tanto de Vata. Tampoco se vio una gran final, pero sí se vio a un Benfica gris, sin ideas para abordar al Milan. Rijkaard, en el 68’, marcó el 1-0 definitivo. Esta fue la última vez que el Benfica se asomó a una final continental que perdió como las cinco anteriores que había  disputado tras la marcha de Bela Guttmann. De momento, la maldición de Guttmann sigue haciendo efecto a las águilas 

Datos del artículo: 
Autor: Carlos A.S.
Fecha de publicación: 06 de marzo de 2008.
Fuentes: As, Uefa, Wikipedia, Fútbol Factory, Jewish Sports y El Iceberg de Madrid.
Fotografía: Jewish Sports.

Intuición y creatividad en la cantera global

febrero 23, 2008

En la última semana, diarios, portales de internet y radios se han hecho eco de la adquisición de Ignasi Miquel Pons por parte del Arsenal. España ha vuelto a ser aguas propicias para la pesca de los gunners. Ignasi Miquel sigue los pasos de Lauren, Reyes, Almunia, Cèsc o Fran Mérida. Desde que Arsène Wenger aterrizó en Highbury, el Arsenal ha destacado por su capacidad de fichar a jóvenes talentos gracias a su gran trabajo de búsqueda de nuevos valores por la aldea global en la que se ha convertido el mercado futbolístico actual. La incorporación de promesas para su formación en las categorías inferiores de los gunners han permitido que el Arsenal vuelva a competir por la Premiere League y que asombre a Europa con el desparpajo y talento de esta generación de jugadores. La necesidad de ser competitivos, las limitaciones presupuestarias y la legislación inglesa han sido los factores que han impulsado la política de la cantera global en el seno del Arsenal. Y malos frutos no le está dando.

Escudo del Arsenal.

EL ÚLTIMO EN LLEGAR. Con 15 años de edad y una estatura de 1,93 metros no es difícil destacar dentro del mundo del fútbol. Ignasi Miquel se ha convertido en la nueva perla española que decide partir hacia Londres para enrolarse en la aventura del Arsenal de Arsène Wenger. El francés de nuevo ha hecho caso a los informes del gallego Francis Cagigao, brazo derecho de Wenger en lo que se refiere al reclutamiento de jóvenes talentos europeos y, sobre todo, españoles. Ignasi, que tras cuatro años en la cantera del Barça fue cortado por “deficiencias técnicas”, llamó la atención de los scouts con su trabajo en el centro de la zaga española que ganó el Torneo Internacional de Santalem para combinados sub-16 que se disputó en esta localidad portuguesa a comienzos de este mes de febrero. Su paso por el torneo luso sirvió para despertar el interés de Manchester United, Arsenal o Celtic, amén el del propio FC Barcelona.

Ignasi Miquel Pons, durante un partido con el Cornellá.Una visita a Londres de la mano de Francis Cagigao, en la que además de tener una primera toma de contacto con las instalaciones de los gunners también conoció a Cèsc y Almunia, le sirvieron para decantarse por la oferta del Arsenal. Ahora, tan sólo cuenta con 15 años, por lo que sus padres han tenido que firmar su contrato y mudar su residencia a la capital inglesa. Ignasi Miquel es el último jugador español en marchar al Arsenal gracias a la triquiñuela legal del cambio de residencia. Cèsc, Fran Mérida y ahora Ignasi Miquel. Es el sexto jugador español en marchar a la entidad de Highbury. Todos ellos fichados por mandato de Francis Cagigao. Al principio de comenzar su trabajo para el Arsenal aconsejó a Wenger fichar a un lateral derecho llamado Lauren (10 millones de euros), posteriormente llegaría el multimillonario traspaso del sevillista Reyes (28 m.), luego llegó el fichaje de Almunia y en los últimos años han llegado contrataciones más baratas, coste 0 prácticamente, gracias al cambio de residencia.  

La apuesta por peinar ligas nacionales, torneos internacionales y competiciones de selecciones permiten al Arsenal hacerse con promesas con las que trabajar en los campos de entrenamiento. La actual plantilla gunner es buen reflejo de esta política implantada desde que llegó Wenger. Pero el Arsenal nunca ha sido un conjunto de cantera. Su búsqueda de perlas es obligatoria. Así lo exige la  necesidad de poder competir con equipos más poderosos económicamente y la propia legislación inglesa. El Arsenal es sabedor que no puede competir con el cheque de fondos ilimitados de Abramovich o con esa máquina de hacer dinero que es el Manchester United. Por ello, Wenger siempre apostó por los jóvenes. Lo hizo desde que llegó al Arsenal. Con la contratación de un joven delantero del PSG llamado Nicolás Anelka que tras rendir a buen nivel en el Asrenal, ganar una Premiere con los gunners, fue traspasado al Real Madrid por 6.000 millones de las antiguas pesetas. La cantera global también da réditos en el campo y en la tesorería. 

Francis Cagigao, en una imagen que acompañó a su entrevista publicada por el diario El Pa�s.Si el factor económico es un obstáculo importante, no menos lo es la legislación inglesa. Para recibir el permiso de trabajo un jugador debe haber disputado el 70% de los partidos internacionales de su selección en los últimos 18 meses. Esto limita su mercado al europeo ya que, como admitió el propio Francis Cagigao en una entrevista al diario El País, “Estamos muy limitados porque no podemos fichar a un Baptista del Sevilla o a un Adriano del Inter, y con 18 años, porque no son europeos”.  

LA RED. La red que el Arsenal ha tejido  por todo el mundo es fiel reflejo de los tiempos modernos en los que vivimos. Si la globalización es un hecho, ¿por qué no sacar partido de ella? Así, Wenger cuenta con Francis Cagigao como brazo derecho de operaciones tanto para España como para Europa. Gracias al gallego a Londres no sólo han llegado los españoles, también lo ha hecho el holandés Robin Van Persie. El único territorio europeo sobre el que Cagigao no tiene toda la responsabilidad es Francia. Es terreno abonado por y para Wenger. Nadie lo conoce como él. Desde tierras galas han llegado los actuales componentes de la primera plantilla: Diaby [defensa de 21 añosformado en la factoría de Clairefontaine que ha llegó a Londres tras jugar una temporada en el Auxerre]; Bacary [defensa de 25 años fichado esta temporada del Auxerre]; Flamini [contratado del Olimpique de Marsella con 20 años]; Song [centrocampista camerunés fichado por el Arsenal con 17 años tras su actuación con el Bastia en la Copa Francesa Sub-18]; Clichy [firmado con 17 años del Cannes] y  Traore [con 16 años se marchó del Mónaco]. A estos casos hay que añadirles el de Emmanuel Adebayor. El delantero que está sorprendiendo internacionalmente gracias a su gran campaña con el Arsenal llegó a Highbury procedente del Mónaco cuando iba a cumplir 21 años. Ha sido ‘Jugador Africano del Año 2006’ gracias a los 11 goles que hizo con Togo en los partidos de clasificación para el Mundial de Alemania. Tras la marcha de Henry, el africano se ha ganado la titularidad y está deslumbrado con su fútbol. Otro acierto de Wenger con delanteros africanos. Si en los 90 fue el descubridor de Weah, al que contrató para el Mónaco y dirigió durante cuatro campañas en las que logró 47 goles y una Copa de Francia, ahora, en la primera década del siglo XXI, ha descubierto a Adebayor. 

África es otro terreno abonado para el Arsenal. No sólo por la habitual relación entre África y Francia, además, Wenger y el Arsenal han abierto una escuela de fútbol en Costal de Marfil. Gracias a ella al primer equipo se han incorporado Kolo Touré y Emmanuel Eboué, que tras pasar varias temporadas en el Beveren belga [club que tiene un acuerdo de colaboración con el Arsenal] se ganó la internacionalidad con su selección y, gracias a ella, la posibilidad de obtener el permiso de trabajo en Inglaterra para poder jugar con el Arsenal.

Pero, como bien decía Francis Cagigao en El País, el Arsenal debe centrarse en jugadores europeos. Dentro de este apartado, además de los españoles y franceses el Arsenal también ha sabido pescar por Europa. El europeo que más destaca, además de Cèsc, es Tomas Rosicky. Promesa checa que se consolidó en el Borussia Dortmund antes de dar el salto a la Premiere con 26 años. Otro de los que está sorprendiendo es el bieloruso Alexander Hbleb, que también procede de la Bundesliga, en concreto del Sttutgart. Pero estos dos llegaron cuando su formación estaba prácticamente completada. No responden al estilo Arsenal. Philippe Senderos y Robie Van Persie sí que se adaptan mejor a esta política de cantera. Senderos fue fichado del Servette a los 18 años de edad mientras que Van Persie llegó del Feyenoord con 21.

El delantero danés del Arsenal Nicklas Bendtner.El nuevo europeo en apuntar maneras desde la cantera es el delantero danés Nicklas Bendtner. El danés estuvo cedido el año pasado en el Birmingham de First Division. Fue pieza fundamental en el esquema de Steve Bruce. Hizo 11 goles, ascendió a la Premiere y logró el campeonato de First Division. Debutó con la selección absoluta en el verano de 2006, ha disputado 14 encuentros internacionales, anotando cinco tantos. Alto, fuerte, poderoso, con gran habilidad para aprovechar su cuerpo y facilidad en la definición son las características de uno de los delanteros llamados a ser importantes en los próximos años. Además su velocidad también le han hecho jugar algunos minutos como extremo izquierdo. El último europeo en recalar en el Arsenal ha sido el portero polaco Fabianski, que estuvo presente en el Mundial de Alemania como tercer portero.  

A este extenso plantel gunner se suman otros tres canteranos de tierras poco fértiles para el Arsenal como son Sudamérica, en este caso Brasil, y la propia Inglaterra, muestra de que la apuesta de cantera de los londinenses se debe más al nuevo marco global del fútbol que a una tradición o filosofía. Las leyes inglesas han hecho que el Arsenal se centre sobre todo en Europa y Áfirca, descuidando Sudamérica aunque eso no quiere decir que los scouts londinenses no miren de reojo a esta parte del mundo. Fruto de ello ha sido la contratación de Denilson. Un joven centrocampista brasileño que se ha formado en el Sao Paulo, con quien ya ganó un Mundial de Clubes al Liverpool en el 2005. Ha sido capitán de las categorías inferiores de la canarinha desde categoría sub-15 hasta sub-19. En opinión de Wenger fue el joven que más evolucionó durante la temporada pasada, de hecho, disputó seis partidos, entre ellos la final de la Carling Cup ante el Chelsea.  

En lo que se refiere a jugadores ingleses, Theo Walcott es el gran estímulo de los gunners, equipo que prácticamente juega sin ningún inglés en su once inicial. Walcott tiene el sambenito de ser ‘the next big thing’ del fútbol ingles. Su inclusión en la lista de jugadores que integraron el plantel de los pross que compitió en el Mundial de Alemania ha hecho levantar mucho revuelo sobre su figura. De hecho, fue incluido en la lista sin haber debutado con el Arsenal y sólo por la expectación que generó su contratación del Southampton. Se ha convertido en el jugador más joven en debutar con la selección inglesa absoluta y el más joven en marcar un gol con la sub-21. Mark Randall es el otro gran proyecto inglés de la cantera gunner. Fue fichado el Milton Keynes. Un centrocampista de calidad y visión de juego que también puede marcar goles, como demuestra los cuatro que logró con el equipo de promesas en la segunda vuelta de su liga. Esta temporada tan sólo ha disputado un encuentro con el primer equipo en la Carling Cup.

LA TRAYECTORIA DEL CAMBIO. Arsène Wenger lleva una década sentado en el banquillo del Arsenal. Con él ha llegado el gran cambio de la entidad. Cogió un equipo que había invertido mucho dinero en la contratación de estrellas inglesas y continentales de la talla de David Platt o Dennis Bergkamp. Durante sus primeros años también se produjeron algunas grandes contrataciones, como la de Overmars, pero, sobre todo, ha destacado la capacidad del francés para encontrar jóvenes jugadores y para rescatar a otros. Anelka o Vieira responden al primera caso, Henry, al segundo. Esta política de apostar por los jóvenes, como ya se ha mencionado, responde a razones económicas y legislativas, pero no ha sido fácil de aplicar ni conseguir el éxito o, al menos, el reconocimiento que el equipo está teniendo durante esta temporada. Para moverse en esta cantera global, como bien dice Francis Cagigao, “nuestras armas son la intuición y la creatividad”.

Datos del artículo:

Autor: Carlos A.S.
Fecha: 23 de febrero de 2008.
Fuentes: El País, El Mundo, As, Marca, Notas de fútbol, Diarios de fútbol, Brit Corner, Joinfútbol, La Factoría 10, Univisión, Siempre Cantera y Arsenal.
Fotografías: Extraídas de la web de El País.
Vídeos: Youtube
Hilo musical: Mastodon: Blood Mountain [Warner, 2006]; Machine Head: The Blackening [Roadrunner, 2007]; Integrity: Systems Overload [Caroline, 1995]; Baroness: The Red Album [Relapse, 2007].

Las cuatro ligas vascas [Parte I: La Real de Ormaetxea]

febrero 10, 2008

Los primeros años de la década de los 80 significaron el regreso del dominio del fútbol vasco. Cuatro Ligas, dos para la Real Sociedad y otras tantas para el Athletic Club de Bilbao, reverdecieron los viejos éxitos del balompié euskaldun. Hasta el título liguero del club donostiarra, la sequía se extendía desde la campaña 1955-56, en la que el Athletic conquistó su sexta liga. Un sequía de títulos ligueros más grave aún si cabe al tener en cuenta que el fútbol vasco había dominado el primer tercio del siglo XX hasta la Guerra Civil. Un total de 16 campeonatos de España, nombre por el que se conocía a la actual Copa del Rey, desde 1902 hasta 1929, fecha en la que se disputó la primera Liga. A este dominio hay que añadir otras cuatro copas que logró el Athletic en la década de los 30 antes del inicio de la Guerra Civil. Pero el impacto vasco no sólo fue a nivel de resultados ya que incluso llegó a crear un estilo de juego. Un estilo similar al del fútbol de las islas, en buena parte también debido al estado embarrado de los campos del norte peninsular, que provocó que con la llegada del profesionalismo al fútbol patrio los clubes de todo el país incorporasen a jugadores vascos para ser competitivos y que buena parte de la selección nacional estuviese compuesta por jugadores de esta comunidad. Algo que también sucedió durante y después de la conquista de las cuatro ligas vascas.

Kortabarr�a e Iribar portando la ikurriña en el derbi de diciembre de 1976 celebrado en Atocha (San Sebastián).

PRIMEROS INDICIOS. Las década de los 60 no fue fructífera para el fútbol vasco. De hecho, en la élite nacional tan sólo contaba con la presencia del Athletic Club de Bilbao. El conjunto vizcaíno consiguió la copa de 1969 y reedito este título en 1973, pero no ganaba la Liga desde 1956. Tan sólo estuvo dentro de la disputa por el campeonato en la temporada 69-70, en la que quedó un punto por debajo del Atlético de Madrid. Esa geneación de leones también logró la Copa de 1973 y alguno de ellos, como Iribar, Gisasola, Lasa, Villar o Chechu Rojo, junto con algunos nuevos valores como Andoni Goikoetxea, Dani, Amorrortu, Alexanco y el repescado Irureta, llevaron al Athletic Club a la final de la Copa de la Uefa de 1977. Dando las primeras muestras de que el fútbol vasco estaba de vuelta.

El cuadro rojiblanco, tras eliminar Ujpest Dozsa húngaro y al Basel suizo, le tocó enfrentarse con el Milan en octavos de final. Los leones supieron rehacerse del gol que Fabio Capello marcó en el minuto 29 para derrotar a los rossoneri por 4-1, gracias a los tantos de Dani –dos, uno de ellos de penalti- y Carlos –dos-. Especialmente importantes fueron los dos goles logrados por los bilbaínos en los últimos diez minutos. El conjunto de Koldo Aguirre se presentaba en la capital lombarda con un colchón de tres goles, pero el encuentro de vuelta no fue nada fácil. Calloni, en el minuto 83 y de penalti, hacía el 3-0 que eliminaba a los leones pero Madariaga, en el minuto 88, transformó una pena máxima que dio el pase a los bilbaínos. La empresa en cuartos de final tampoco iba a ser fácil ya que al Athletic le iba a tocar medir fuerzas con el FC Barcelona de Cruyff y Neeskens. En la ida en San Mamés, al Athletic le tocó remontar el tanto inicial de Asensi para llevar una renta mínima (2-1) al choque de vuelta en el Nou Camp. El encuentro fue un duelo goleador entre Cruyff e Irureta. El de Irún adelantó en dos ocasiones a los leones, pero el holandés puso sendas réplicas. Al final, el Athletic se clasificó para las semifinales donde se iba a enfrentar con el Racing White Molenbeek belga. El 1-1 logrado en la ida sirvió para clasificar al Athletic Club a su primera final europea.

Iribar saludando al capitán de la Juventus antes del sorteo inicial del partido de ida de la final de la Uefa de 1977 disputado en el Comunale de Tur�n el 4 de mayo.
La final, a partido de ida y vuelta, iba a exigir a los leones imponerse a todo un clásico del calcio: la Juventus de Turín, que entrenaba Giovanni Trapatoni y que contaba con un equipo potente donde destacaban Zoff, Scirea, Cuccureddu, Gentille, Tardelli, Bennetti y Bettega. Todos ellos, una temporada después, formaron parte del combinado italiano que alcanzó las semifinales de la Copa del Mundo de Argentina y ganaron dos Ligas consecutivas con la Juventus (76-77 y 77-78). La ida se disputó en el Comunale turinés. Un solitario gol de Tardelli dio ventaja a la Vecchia Signora para el duelo de vuelta en San Mamés. La Catedral registró un gran lleno y un mejor ambiente para empujar a los leones hacia su primer título europeo pero la gesta no fue posible. Bettega adelantó a los transalpinos nada más comenzar el choque. El Athletic se veía otra vez en la obligación de remontar el partido para tener esperanzas de alcanzar el título. Irureta respondió al gol de Bettega con un tanto en el minuto 11 y Carlos llevó la emoción a la final con una diana en el 77, pero faltó un tanto más. La Uefa se fue a Turín. Once inicial del Athletic en el partido de vuelta de la final de la Copa de la Uefa de 1977 disputado el 18 de mayo en San Mamés (Bilbao).La temporada rojiblanca iba a terminar con otra final perdida. La de Copa ante el Real Betis. 2-2 al termino de 120 minutos y derrota por penaltis, con el famoso penalti de Esnaola. Estas dos finales, la de la Uefa y la de la Copa, fueron una llamada de atención sobre la reactivación del fútbol vasco aunque, en realidad, el Athletic de Bilbao que iba a conquistar las dos Ligas iba a ser muy diferente a este equipo de finales de los 70. Eso sí, tres jugadores que militaban en la plantilla que alcanzó al final de la Uefa iban a ser muy importantes en el esquema de Javier Clemente: Andoni Goikoetxea, Dani y Manu Sarabia, que en la campaña 76-77 hizo su debut con el primer equipo. Alberto Ormaetxea, técnico de la Real Sociedad desde la temporada 1977-78 hasta la 1984-85.
EL SEPTENIO DE ORMAETXEA.
La temporada posterior a que el Athletic llegase a la final de la Uefa iba a ser importante en el conjunto vecino y rival de los leones. En verano, la Real Sociedad decidió relevar a José Antonio Irulegui como entrenador y en su lugar puso a Alberto Ormaextea. Un ex jugador del club, que había sido importante en el ascenso txuri urdin a Primera en el año 1964, que nada más colgar las botas se había hecho cargo del banquillo del Eibar. Un entrenador muy de la escuela vasca. Serio, llegó a declarar a El País que: “no me río, porque en esta profesión no te puedes reír de nadie”, implantó una dinámica de trabajo en la Real que llevó al club donostiarra a unos éxitos inimaginables una década antes. Probablemente su filosofía futbolística quedó retratada en esa misma entrevista de 1982 con Javier Martín. “Yo no quiero balas ni vagos. Quiero trabajadores, no futbolistas de una jugada genial para que los espectadores les saquen el pañuelo. El público vive esa jugada, pero el equipo no.  El público no se acuerda de las 99 jugadas falladas por intentar una genial, y la crítica tampoco. La crítica es superficial. Lo comprendo, porque desconoce las órdenes del entrenador, y no se da cuenta del trabajador silencioso, del que cubre los huecos del genial. Es muy diferente el fútbol del espectador y el de la crítica, al fútbol profesional. Aquellos quieren el espectáculo, el profesional la victoria. Hay que ganar como sea, aunque sea aburriendo, el que hace números circenses es, generalmente, a costa del equipo”. Por lo tanto, la receta del eibarrés estaba compuesta por trabajo, trabajo y más trabajo. Por ello, no resulta complicado entender que su rocoso y serio equipo, que a penas hacía concesiones a la galería, despertase admiración en todo el país pero cierto recelo en el propio San Sebastián. Probablemente, muchos de los que estén leyendo este artículo han podido oír la frase de “la Real ganó dos Ligas pesar a Ormaextea”. El caso es que Alberto Ormaetxea perteneció a ese grupo de técnicos que pasan por los banquillos sin alzar la voz sin llamar la atención por sus declaraciones ya que el eibarrés donde hablaba alto y claro no era en las salas de prensa, por entonces mucho menos abundantes que en la actualidad, sino en el campo de entrenamiento.

AL ESTILO IRIBAR. Mientras en Bilbao Iribar apuraba sus últimos años como profesional, en San Sebastián comenzaba a dar sus primeros pasos un joven y avezado cancerbero donostiarra. Luis Miguel Arconada ya había disputado su primera temporada como titular en el curso en el que Ormaetxea fue segundo de a bordo de Irulegui. Con el de San Sebastián, la Real encontró un seguro de vida, como el Athletic con Iribar. Un portero que intimidaba a sus rivales debido a su seguridad bajo los palos y que se convirtió en el capitán de una generación de futbolistas que iba a llevar a la Real Sociedad a la cúspide del fútbol español. Tal vez su leyenda pudo haber sido mayor si no hubiera mediado el incidente de El Parque de los Príncipes que demostró que el cancerbero de la Real era terrenal. Arconada, portero de la Real Sociedad durante la etapa más gloriosa de la entidad donostiarra.Alberto Ormaetxea conocía al club y sabía que dependía de la cantera, es decir, del Sanse para mantenerse en el puesto. En su primera temporada, el eibarrés subió al primer equipo a Perico Alonso y a Gajate, mientras que otorgó su confianza a una serie de jugadores que ya estaban en plantilla, pero cuyo mejor fútbol estaba por llegar. Era el caso de Arconada, Satrustegui, Zamora y López Ufarte. El devenir txuri urdin en Liga no fue para lanzar cohetes, acabó en undécima posición –el mismo puesto que en el último año de Irulegui-, pero realizó un gran torneo del K.O. Tras eliminar a Acero, Toledo, Xerez, Real Madrid y Valencia, la Real Sociedad se enfrentó en semifinales al Barça de Cruyff. La ida acabó 0-0. En la vuelta, Iriarte adelantó al conjunto vasco, pero Migueli y Rexach remontaron el encuentro y dieron el pase a la final a un conjunto blaugrana que terminaría siendo el campeón tras imponerse (3-1) a Las Palmas.

La Copa dio a Ormaetxea el crédito suficiente para seguir dirigiendo a un equipo que poco a poco se iba adaptando a los planteamientos de su técnico e iba creciendo como conjunto. Este crecimiento se manifestó en las últimas jornadas del campeonato liguero de 1979. Tan sólo perdió uno de los últimos diez partidos de Liga, con triunfo incluido en el Nou Camp por 1-3, que le valió para alcanzar la cuarta posición y disputar la Uefa en el curso siguiente. A pesar de ello, el cuadro de Ormaetxea acabó a seis puntos del campeón –Real Madrid- aunque tan sólo a dos de la segunda posición –Sporting de Gijón-.

La temporada 79-80 iba a ser la de la consolidación definitiva del proyecto de Alberto Ormaetxea. En su tercer año como entrenador se estrenaba en Europa, aunque el rival en la primera eliminatoria no pudo ser más complicado: el Inter. 3-0 en San Siro aunque Satrústegui, con dos goles, a punto estuvo de igualar al eliminatoria en Atocha. Así pues, las esperanzas txuri urdines de realizar una buena temporada volvieron a depositarse en el campeonato de la regularidad. Y lo de buena temporada se quedó corto. La Real Sociedad estableció un nuevo récord de imbatilidad, que sigue vigente, al permanecer invicto durante las 32 primeras jornadas de las 34 de las que constaba la Liga. Pero, precisamente, su primera y única derrota de la temporada, cosechada en Nervión ante el Sevilla por 2-1, privó a los de Ormaetxea del título liguero. El Real Madrid de Vujadin Boskov se cruzó en el camino donostiarra y entonó el alirón tras vencer por 3-1 al Athletic de Bilbao en el Bernabéu en el último compromiso del curso. A pesar del sinsabor que dejó el no conseguir una Liga que la Real acarició durante buena parte del campeonato, todo lo demás fueron buenas noticias para Alberto Ormaetxea. Había formado un equipo competitivo en el que se había consolidado el defensa navarro Celayeta [fallecido ayer sábado] y en el que hizo debutar a dos jugadores que iban a tener un papel relevante en la Real Sociedad de los primeros años 80. Se trataba del central irundarra Alberto Górriz, que es el jugador que más veces ha vestido la zamarra txuri urdin,  y del delantero centro vitoriano Pello Uralde. Esa política de sacar a jóvenes valores del filial también llevó a Ormaetxea a incorporar al primer equipo durante la temporada siguiente a Jose Mari Bakero, que con 17 años en la campaña de la primera Liga de la Real Sociedad jugó en 27 encuentros aunque en casi todos ellos saliendo desde el banquillo, y al azpeitarra Juan Antonio Larragaña, que en el Sanse había destacado como centrocampista aunque posteriormente fue reconvertido a líbero por Ormaextea aunque su participación en el primer título fue testimonial ya que disputó nueve partidos, pero estuvo presente en el encuentro en El Molinón.Once inicial que empató (2-2) en El Molinón y dio la primera Liga a la Real Sociedad el 25 de abril de 1981.
PRESIÓN PARA ORMAETXEA. Es cierto que a nadie la amarga un dulce. Lo peor es cuando el dulce empalaga y hace perder la perspectiva a los aficionados. Algo similar  debió pensar Alberto Ormaetxea durante su siguiente temporada en el banquillo de Atocha. La primera vuelta del cuadro donostiarra fue decepcionante para buena parte de la afición txuri urdin. Cinco derrotas –Valencia, Hércules, Real Madrid, Almería y Sporting de Gijón en Atocha- en la primera vuelta, es decir, en los primeros 17 partidos de temporada. La Real Sociedad era cuarta a siete puntos de un Atlético de Madrid que apuntaba al título ya que tenía tres puntos de renta sobre el segundo –Valencia-, seis sobre el Barça –tercero-, y ocho sobre el Real Madrid de Boskov que ocupaba una discreta sexta posición. Un Real Madrid, el de los garcías, que estaba más pendiente de la Copa de Europa, a la cuál llegó a la final que perdería ante el Liverpool [0-1], que de la Liga, aunque iba a reaccionar en la segunda vuelta de campeonato al igual que lo hizo la Real Sociedad.

El Atlético de Madrid, el de los Arteche, Rubén Cano, Dirceu, Julio Alberto, Ruiz, y Marcos Alonso, no tuvo un buen inicio de segunda vuelta. Derrota en Almería en la vigésima jornada [2-1) a las que se le unieron la de la vigésimo segunda en San Mamés [3-1] y el 0-4 logrado por el Betis en el Vicente Calderón en la siguiente fecha del calendario. De esta manera, los colchoneros se presentaron con dos puntos de ventaja sobre el FC Barcelona, que era segundo, en el partido que les iba a enfrentar en el Manzanares a falta de ocho jornadas para la conclusión. Un gol de Marcos acercaba a los rojiblancos al título. Cuatro puntos sobre el Barça, seis sobre Sporting, Real Sociedad y Valencia, y ocho respecto al Betis y al Real Madrid.

Por su parte, Alberto Ormaetxea no vivía un buen momento. El 2-0 cosechado en Barcelona en la jornada 24 prácticamente les descartaba de la lucha por el título y relegaba a los guipuzcoanos a pelear por la clasificación para la Copa de la Uefa. La afición de Atocha criticaba el juego rácano de los de Ormaetxea y no dudaba en silbar a sus jugadores. Pero esa derrota en el Nou Camp ante el cojunto que dirigía Helenio Herrera fue la última de la Real Sociedad que encarriló siete victorias y un empate que le llevaron a alcanzar el liderato a falta de dos jornadas. En esta racha batió al Real Madrid por 3-1 en San Sebastián. La Real Sociedad fue tremendamente superior a un conjunto blanco que había tomado aire en la Liga gracias al desplome que sufrió el Atlético de Madrid, que sumó 15 puntos de los 34 posibles en la segunda vuelta, y el FC Barcelona, que tan sólo ganó dos de los últimos ocho partidos. El desplome azulgrana en buena medida se debió al secuestro de Quini. El asturiano se perdió seis encuentros desde que el 1 de marzo fuese secuestrado tras ganar al Hércules [6-0] y sus afectados compañeros tan sólo pudieron sumar un punto.

Los jugadores de la Real Sociedad celebrando uno de los goles conseguidos en El Molinón.A falta de dos jornadas el campeonato estaba sumamente emocionante. La Real Sociedad era líder con un punto de renta sobre el Real Madrid y Atlético de Madrid, que se enfrentaban en el Santiago Bernabéu, y dos respecto a Valencia y FC Barcelona. El derbi madrileño favorecía a la Real Sociedad que iba a ver como uno de los dos equipos quedaba descartado para el título siempre y cuando los txuri urdines venciesen al Espanyol en Atocha. La jornada no se pudo saldar mejor para la Real. Derrotas de FC Barcelona y Valencia, por lo que ambos quedaban descartados, triunfo blanco por la mínima [2-1] y victoria sufrida en Atocha ante el Espanyol. Satrústegui e Idígoras dieron la vuelta al tanto inicial de Marañón.  La Real Sociedad iba a afrontar el partido más importante de su historia el domingo 26 de abril de 1981. Lo haría en El Molinón gijonés donde el Sporting quería cerrar con victoria una buena temporada que tendría como colofón la final de Copa que iba a disputar en el Vicente Calderón ante el FC Barcelona.

CITA CON LA HISTORIA. El cuadro asturiano vivía sus mejores momentos, pero la Real Sociedad tenía una cita con la historia. Alberto Ormaetxea alineó en El Molinón al siguiente once inicial: Arconada, Celayeta, Górriz, Kortabarría, Olaizola, Diego Álvarez, Perico Alonso, Zamora, Idígoras, Satrústegui y López Ufarte. Un once que también significaba el triunfo de la cantera txuri urdin. Nueve de los once componentes, todos a excepción de López Ufarte, que se había formado en las filas del Real Unión de Irún, y de Diego Álvarez, que procedía del Eibar, se habían formado en las categorías inferiores de la Real Sociedad. Incluso los dos suplentes que saltaron al césped de El Molinón, José Mari Bakero y Larrañaga, también eran productos del Sanse. En realidad, el éxito de la Real Sociedad supuso el éxito tanto de la cantera txuri urdin como de la guipuzcoana.Los cálculos eran claros. La Real Sociedad necesitaba un punto para ser campeón siempre que el Real Madrid solventase con victoria su compromiso en Valladolid. La empresa parecía más fácil para los blancos que para los blanquiazules. La tarde no pudo empezar de mejor manera para los de San Sebastián. En el minuto 7, Kortabarría transformaba un penalti que adelantaba a la Real Sociedad, pero todo se iba a torcer al borde del descanso. Mesa hacía el 1-1 en Gijón mientras Santilla adelantaba al Real Madrid. Un gol sportinguista daba la Liga a los blancos. Y llegó el gol sportinguista. Lo hizo, de nuevo, Mesa en el primer minuto de la reanudación. La Liga parecía tomar la dirección a Chamartín. La Real necesitaba un gol. La tarde se arreglaba para los txuri urdines cuando Pepe Moré empató el duelo de Valladolid. Todo volvía a depender de un gol, pero esta vez de un gol del Real Madrid. Y llegó por partida doble. Santilla y Stilieke en la recta final sentenciaron el encuentro en Pucela. La Real volvía a necesitar un gol. Los de Ormaetxea volvían a ver los fantasmas que impidieron el título en la temporada anterior y volvían a ver a los blancos celebrar una Liga que habían  acariciado con las manos. Juanito cumplía su promesa y estaba en la mitad de su paseo de rodillas sobre el campo vallisoletano cuando los locutores radiofónicos cantaron gol en El Molinón. Zamora, en la prolongación, acaba de hacer el 2-2 que daba el título a la Real Sociedad.

La plantilla que alzó el t�tulo de 1982 posando con la copa de la Liga de la edición anterior.

SEGUNDA LIGA.
Lo cierto es que las dos campañas que había firmado la Real Sociedad de Alberto Ormaetxea eran difícilmente mejorables. Récord de imbatibilidad y segunda posición más una Liga hacían tocar techo al plantel guipuzcoano. La temporada 81-82 parecía destinada a realizar una gran campaña europea en el debut en la máxima competición continental. La Copa de Europa era el reto del cuadro txuri urdin, pero la aventura no iba a durar mucho. En la primera eliminatoria, la Real quedaba emparejada con el CSKA de Sofía. Un gol de Jontchev en el minuto 89 dio el triunfo a los búlgaros en el partido de vuelta. Atocha iba a decidir, pero el marcador no se movió y la Real quedó apeada de Europa.

La eliminación europea facilitó el trabajo a la Real Sociedad. Un trabajo que continuaba realizándose con el rigor que Alberto Ormaetxea había implantado desde su llegada al banquillo de Atocha. Trabajo que quedó respaldado con la Liga. Una Liga que hizo que Ormaetxea dejase de ser discutido por la grada de Atocha y comenzase a ser alabado. A pesar de ello, el eibarrés no perdió la perspectiva. Declaró que no vivía de “recuerdos” y respaldo su manifestación haciendo gala de su alto sentido del pragmatismo. No hemos salido este año con puntos de ventaja. En el deporte buscas un fin, si lo consigues no te pares, porque te hundes. Si hace cuatros años fuimos cuartos, luego segundos y primeros, este año no tenemos que ser primerísimos. Si no trabajamos seremos los últimos. Los recuerdos, ni para la vejez, ni para contar a los nietos. Sí, es posible que la afición recuerde el título, pero yo no. De aquellos días sólo me quedo con la imagen del cashero que a nuestro paso dejaba de arar para levantarnos los brazos. Eso sí me emocionó. No sospechaba que nuestro trabajo pudiera tener tal trascendencia”, comentaba en los primeros días de 1982.

Una imagen de Bernd Schuster durante su estancia en el FC Barcelona.El caso es que la Real Sociedad comenzó la Liga con el mismo estado de forma con el que había acabado el curso anterior. En la tercera jornada ya era líder. Liderato que cedió en la decimotercera tras caer por 3-2 en La Romareda. El FC Barcelona, que marchaba al ritmo que marcaba un joven alemán llamado Bernd Schuster, quería la Liga después de siete temporadas. El campeonato volvía a estar apretado aunque no tanto como en la temporada anterior. En la jornada vigésimo tercera, la Real se presentó en el Camp Nou igualada a puntos con el Real Madrid y a uno del conjunto catalán. El Barça era líder y necesitaba respaldar su candidatura al título venciendo al último campeón. En Atocha el partido concluyó con 1-1. El conjunto de Udo Latek venció gracias a los goles de Simonssen y Alexanko. Además, la jornada le salió redonda ya que el Real Madrid no pudo pasar del empate en el Bernabéu ante el Espanyol. Pero el Barça se iba a desplomar como le había sucedido en la campaña anterior. No fue capaz de ganar ninguno de los últimos seis partidos. Tres derrotas consecutivas [Valencia, Osasuna y Espanyol], un empate [Athletic] hicieron que el Barça se presentase en el Bernabéu en la penúltima jornada en situación de extrema necesidad y en mitad de una grave crisis. El Barça estaba igualado a puntos con la Real Sociedad, aunque el gol average le permitía seguir en el liderato, y aventajaba en dos puntos al Real Madrid, que también necesitaba el triunfo para conservar sus opciones ligueras. En la ida, el Barça había ganado por 3-1. Idéntico resultado se produjo en el Bernabéu. El triunfo de la Real ante el Espanyol permitió a los de Ormaetxea dar el salto al primer puesto con un punto de renta sobre FC Barcelona y Real Madrid. En la última jornada visitaba a su vecino y rival, el Athletic Club de Bilbao.Entre medias, la Real también había firmado un buen torneo copero. Eliminó a Bilbao Athletic, Osasuna, Valladolid y Athletic, para caer en la tanda de penaltis del partido de vuelta de la semifinal que le enfrentó al Real Madrid, que terminaría ganando el título al batir al Sporting de  Gijón por 2-1. Esta andanza copera también tuvo su repercusión en Liga. La Real había eliminado al Ahtletic de su competición favorita y los leones querían venganza. Además, una venganza dulce ya que su victoria supondría arrebatarle el título liguero a sus vecinos, idea que estimulaba en el botxo ya que la ausencia del Athletic de la pelea por la liga y la presencia de la Real era algo que se llevaba mal en Bilbao.

El domingo 25 de abril de 1982, Real Sociedad y Athletic Club iban a disputar algo más que un partido. También es cierto que el duelo levantó muchas suspicacias ya que, en esos momentos, el fútbol también era el portavoz de la realidad social que había en el País Vasco. Eran años convulsos, en los que se reclamaba la autonomía de esta comunidad y muchos de los futbolistas no eran ajenos al llamado conflicto vasco. De hecho, en el derbi disputado en Atocha en diciembre de 1976, los dos equipos habían salido al campo portando una ikurriña, algo que estaba prohibido por las leyes del anterior régimen.Once inicial de la Real Sociedad en el partido ante el Atletic de Bilbao de la temporada 1981-82.Situaciones políticas al margen, Ormaetxea alinéo al siguiente once inicial para recibir al Athletic: Arconada, Celayeta, Górriz, Kortabarría, E. Murillo, Diego Álvarez, Perico  Alonso, Zamora, Uralde, Satrústegui y López Ufarte. Un once más ofensivo de lo que era habitual para Ormaetxea aunque tampoco es para extrañar. La Real necesitaba gol para batir a la cuarta zaga menos goleada. Por ello, el eibarrés dispuso sobre Atocha a todo su arsenal. Satrústegui, autor de 13 goles, Pello Uralde, que se había confirmado en el primer equipo haciendo 14 dianas en 28 partidos, López Ufarte, autor hasta ese momento de diez tantos, y Zamora, que sin ser un gran goleador en la temporada anterior había facturado siete goles aunque en ésta tan sólo había hecho dos. El partido transcurrió con cierta normalidad para la Real Sociedad. La victoria le daba el título. Zamora y Ufarte llevaron la alegría al graderío de Atocha que tan sólo sufrió en los últimos cinco minutos de partido, después de que Sarabia marcase el único tanto del Athletic. Además, el Barça empató en casa con el Betis y el Real Madrid cayó en su visita a Santander.

El delantero navarro Satrústegui realizó cuatro dianas en la Copa de Europa de 1983.EL RETO EUROPEO. Tras dos títulos de Liga, la temporada 82-83 se presentaba para la Real Sociedad como la de su asalto al continente europeo. La segunda incursión de la Real Sociedad en la Copa de Europa fue más satisfactoria. En primera ronda, los de Ormaetxea tuvieron que medir fuerzas con el Vikingur noruego. Triunfo por 0-1 [Satrústegui] en la idea y por 3-2 [Uralde –dos- y Satrústegui]. En la siguiente eliminatoria la Real iba a cruzarse con todo un campeón de Europa: el Celtic de Glasgow. El conjunto escocés hincó la rodilla en Atocha al caer por 2-0 [Satrústegui –dos-]. En la vuelta, Uralde encarriló la eliminatoria aunque el Celtic dio la vuelta al marcador con dos tantos de McLeod. La Real Sociedad iba a jugar en cuartos de final ante otro equipo que vestía con rayas horizontales blancas y verdes. El campeón portugués era el Sporting de Lisboa. Los lisboetas se impusieron en la ida por 1-0. Tocaba remontar en Atocha. El campo donostiarra registró un gran lleno y el graderío realizó la suficiente presión como para remontar la eliminatoria. Dos tantos de Larrañaga y José Mari Bakero, que en esta campaña se consolidaron definitivamente en el primer equipo txuri urdin, clasificaron a la Real Sociedad a las semifinales. En ellas, el rival iba a ser el SV Hamburgo, es decir, el campeón de la Bundesliga.

Los jugadores de la Real Sociedad celebran el tanto de Diego Álvarez que empataba el partido y la eliminatoria de la Copa de Europa de 1983.El primer episodio de la eliminatoria se disputó en Atocha. El balance no fue bueno para la Real Sociedad. 1-1 y gracias. Rolff adelantó a los alemanes y Gajate igualó en los últimos minutos. Tocaba hazaña en Hamburgo. Y lo cierto es que la Real estuvo a punto de dar el campanazo y derrotar a uno de los favoritos a hacerse con al corona continental. El otro favorito era la Juventus de Turín que estaba emparejado con el Widzew. Jakobs adelantó al Hamburgo pero Diego Álvarez marcó un gol que igualaba el partido y la eliminatoria. El encuentro se iba a la prórroga cuando Von Hessen marcó y clasificó al Hamburgo, que terminaría ganando el título.

TRANSICIÓN HACIA LA PUERTA DE SALIDA. Tras dos títulos de Liga, la Real Sociedad experimentó un lógico bajón de resultados y de rendimiento en la temporada 82-83. A pesar de ello, la Real Sociedad tuvo tiempo de ganar la primera Supercopa de la historia. Fue al Real Madrid. El cuadro donostiarra recibía al Real Madrid en Atocha en el partido de vuelta. Los blancos habían ganado 1-0 en el Santiago Bernabéu y tenían que defender esta renta el día de los inocentes. Un tanto de Uralde igualó la eliminatoria y la envió a la prórroga. En ella, dos nuevos tantos del delantero vitoriano, que firmó un hat-trick, y otro de López Ufarte sirvieron para poner el 4-0 en el marcador y dar el título a la Real Sociedad.

El triunfo en la Supercopa, la exigencia de la Copa de Europa y la irrupción del Athletic de Javier Clemente distrajeron a los donostiarras de la lucha por el campeonato. La temporada siguiente volvió a ser de transición. Una transición que también se produjo en los despachos de la entidad. Iñaki Alkiza sustituyó en la presidencia a José Luis Orbegozo en la campaña 83-84. Transición y cambios que también afectaron a Alberto Ormaetxea. Tres temporadas después de haber logrado el segundo título de Liga, en las que su equipo había finalizado consecutivamente en séptima, sexta, y, de nuevo, séptima posición, le enseñaron la puerta de salida. El galés John Benjamin Toshack aterrizaba en Atocha procedente del fútbol inglés mientras que Alberto Ormaetxea se marchaba al Hércules sin hacer ruido y por la puerta de atrás. Ya lo decía el eibarrés. Los recuerdos no valen de nada. Curioso lo de Ormaetxea. Tras llevar a la Real Sociedad a ganar dos títulos de Liga, una Supercopa y a alcanzar una semifinal de Copa de Europa se despedía de su casa y casi del fútbol. No sirvieron de nada las 157 victorias logradas en los 324 partidos en los que dirigió a la Real Sociedad. Eran otros tiempos y un británico lucía más para comenzar el proyecto de Alkiza. Más curioso si cabe es el caso de Ormaetxea si lo comparamos con el de Javier Clemente. El rubio de Barakaldo, al igual que el técnico guipuzcoano, ganó dos Ligas, pero le sacó un mayor provecho. Su carrera dura hasta nuestros días mientras que la del fallecido Alberto Ormaetxea acabó su etapa de entrenador en el anonimato del banquillo ilicitano.

Datos del artículo 
Autor: Carlos A.S.
Fecha: 10 de febrero de 2008-02-10 
Fuentes consultadas: Liga de Fútbol Profesional, Athletic Club de Bilbao, Real Sociedad de San Sebastián, Uefa, El País, El Mundo, ABC y Wikipedia.

Hilo musical:
Kula Shaker: K [Columbia, 1996]
Sam Roberts: Chemical City [Universal, 2006]
Ocean Colour Scene: Moseley Shoals [MCA, 1996]

The Crazy Gang’s Years

febrero 5, 2008

Si en los artículos sobre Eric Cantona y los primeros años de la Premiere League han servido para inaugurar el blog contando los cambios que se produjeron en el fútbol inglés a través de la figura del francés y del juego del United, el Wimbledon FC y sus años de la Crazy Gang significan todo lo contrario. El fútbol inglés en su más pura expresión combatiendo y tuteando a los paladines del nuevo credo continental que se extendía por las islas. Patadón y tentetieso. Brega, entrega, disputa, macarradas varias y goles de estrategia fueron los principales ingredientes del particular estilo que el Wimbledon FC mostró durante las 14 temporadas que estuvo en la élite.

Wimbledon FC posando en Wembley con la Copa de 1988.

S

eguramente todos los aficionados al fútbol alguna vez han soñado con que el club de su ciudad, de su pueblo o de su barrio, un día se codee con los grandes equipos que ve a diario en la televisión. Medir fuerzas en la Copa, dar algún susto, ir subiendo desde la base de la pirámide del fútbol para acercarse a la cúspide. Algo parecido fue lo que le sucedió al Wimbledon FC durante las décadas de los años 80 y 90. En una década pasó de estar fuera del fútbol profesional a ganar una final de la FA Cup al todopoderoso Liverpool. Durante los diez años siguientes se convirtió en uno de los equipos ingleses más británicos que recuerde. En plena transición de la Premiere League, en la que desembarcaban los talentos y las ideas continentales, el Wimbledon FC tiró de la esencia del fútbol de las islas para firmar grandes temporadas en las que finalizó por delante de históricos como Liverpool, Everton, Tottenham Hotspur o Arsenal. Durante estas dos décadas gloriosas para el Wimbledon FC, el juego del equipo gozó del espíritu de la llamada Crazy Gang –pandilla loca-, como en los años 80 denominó Wally Dones al plantel londinense en el que, además de él mismo, jugaban otros ilustres del club de tacañón [Andrés Montes dixit] como Vinnie Jones, Lawrie Sánchez, Dennis Wise o John Fashanu.El Wimbledon FC campeón de la Souther League de 1976.
WELCOME TO 1975.
Después de superar cuatro eliminatorias previas y otras dos del torneo de Copa, el Wimbledon FC saltó a la primera línea informativa nacional gracias a que, en los primeros días de 1975 y en la tercera ronda, eliminó al Burnley de la First División, convirtiéndose en el primer equipo no profesional en eliminar a todo un Primera División en el siglo XX. En la siguiente ronda, el cuadro londinense tuvo el honor de medirse con el campeón de Liga, el Leeds United. El Wimbledon logró un 0-0 en Ellan Road pero en la vuelta, que se disputó en el campo del Crystal Palace [Selhurst Park] ante 40.000 espectadores, perdió por 0-1.
En aquella participación copera, el Wimbledon ya demostró esa tenacidad y esa lucha hasta el final de la que haría gala en sus años más gloriosos.

El conjunto londinense no logró entrar en las categorías del fútbol profesional hasta 1977 [Fourth División], después de varios intentos y tras ganar tres títulos consecutivos de la Southern League. Ascenso a Third Division (78-79), descenso a Fourth Division (79-80), nuevo ascenso a Third [80-81], otro descenso a Fourth [81-82] y ascenso con campeonato en la 82-83. Entre ascenso y descenso, en la campaña 79-80, el Wimbledon se hace con los servicios de Wally Downes, que podría ser algo anecdótico de no haberse sido él el que acuño el apodo ‘crazy gang’ [en honor a un grupo de cómicos de la década de los 40] para denominar al plantel de los dons. Nadie mejor que él para personificar ese espíritu de lucha que caracterizó al Wimbledon.   

Nigel Winterburn corriendo la banda durante su estancia en el Wimbledon FC.

En 1984, el club londinense en lugar de cumplir con el habitual descenso de Tercera a Cuarta, logró el ascenso a Segunda al finalizar en segunda posición tras el Oxford, del que en esa misma temporada había incorporado a un lateral izquierdo que posteriormente triunfaría en el Arsenal: Nigel Winterburn. En las filas del Wimbledon alcanzó internacionalidad con la selección sub-21. Otro de los jugadores destacados del equipo londinense era su guardameta David Beasant, que había llegado al club en el verano de 1980 con 20 años de edad. A los Winterburn y Beasant se les unió un delantero de origen ecuatoriano que quedará en la memoria de los seguidores dons: Lawrie Sánchez. Hizo el gol del ascenso a First División y el tanto que dio la Copa de 1988 al Wimbledon FC. Antes del ascenso, en el mes de marzo, el club londinense contrató a un interior zurdo del Southampton. Un  interior zurdo con malas pulgas que posteriormente terminaría haciendo carrera en el Chelsea ocupando la demarcación de mediocentro. Sí, ese en el que están pensando, Dennis Wise, otro de los clásicos de la crazy gang. Pero, también en ese mismo mes de marzo, el Wimbledon se reforzó con un delantero centro del Millwall: John Fashanou. En los 65 partidos que había disputado con los lions había logrado 19 goles.

EN LA ÉLITE. La llegada a la máxima competición inglesa hizo que el Wimbledon FC vendiese a buena parte de los jugadores carismáticos con los que se había logrado el ascenso como Winterburn, Hodges, Morris o Gage. Pero, por el contrario, llegaron otros que se iban a convertir en clásicos de la institución y, sobre todo, llegó uno de los principales estiletes de la crazy gang. Vinnie Jones, procedente del Wealdstone, John Scales, del Bristol Rovers, y Terry Phelan, del Swansea, fueron algunas de las caras nuevas en llegar a Londres. El primer año no pudo ser mejor para los dons. Finalizaron la temporada en una más que meritoria sexta posición, por delante del Manchester United que dirigía un recién llegado Alex Ferguson.

Se suele decir que la segunda temporada es más complicada que la primera porque es la de la consolidación de estos equipos modestos entre los mejores clubes del país. Lo cierto es que la consolidación del Wimbledon no pudo ser mejor. Acabó en la séptima plaza de la clasificación y firmó un gran torneo copero al alcanzar la final ante el Liverpool. Antes de llegar al partido definitivo de Wembley, el Wimbledon tuvo que derrotar a West Brom, por 4-1 con dos goles de Wise, al Mansfield, por 2-1 con tantos de Cork y Phelan, y en quinta ronda le tocó visitar Sant James’ Park. El Newcastle tenía cuentas pendientes con el Wimbledon tras su encuentro liguero. Un duelo en el que Vinnie Jones sacó la cara sucia que le popularizó en su particular duelo con Paul Gascoinge. Un gol de Gibson a los seis minutos del inicio encarriló un encuentro que sentenciaron Gayle y Fashanu.  El primer tiempo del partido de cuartos de final no fue esperanzador para los dons. El Watford se adelantó merced a un gol de Malcolm Allen y, antes del intermedio, Gayle dejó con diez a los dons. Pero, como ya he mencionado antes, el espíritu de pelea de la crazy gang fue una de las señas de identidad del Wimbledon. Young y Fashanou firmaron la remontada. A semifinales. En ellas, en partido disputado en el terreno del Tottenham Hotspur, el Wimbledon se iba a enfrentar al Luton Town. Harford adelantó al Lutton y Fashanu igualó tras transformar un penalti que significaba su vigésimo primer gol de la temporada. Wise deshizo el empate a falta de diez minutos para la conclusión.

El capitán David Beasant recoge la Copa de 1988.UN DÍA GRANDE EN WEMBLEY. El Wimbledon se presentaba en la final de la FA Cup por sus méritos y después de un gran sufrimiento. Pero la tarea para el último partido de la temporada se antojaba complicada para la crazy gang. El rival era el temible Liverpool de Dalglish que llegó a la cita después de haber ganado su cuarta liga de la década con nueve puntos de ventaja sobre el Manchester United y tras mantenerse invicto durante los 29 primeros partidos de temporada. Si en Inglaterra había un club cuyo nombre fuese sinónimo de éxito, ése era el Liverpool. Los de Anfield habían conquistado tres Copas de Europa al principio de la década y dominaban con mano de hierro el campeonato con siete títulos en los últimos diez años. El Wimbledon tenía que batir a un equipo que había gastado [cerca de 4 millones de libras] más en los traspasos de sus tres delanteros –Beardsley, Barnes y Aldridge- que los dons en toda su historia. La gran preocupación del Wimbledon era cómo frenar el juego ofensivo que se creaba a parte de los pases en cortos entre Beardsley, Barnes y Houghton. Para ello, el técnico del Wimbledon puso a Wise a marcar a Barnes para frenar el juego de los reds. Y, lo más sorprendente, es que así fue. El Liverpool no carburaba y Lawrie Sánchez, en el 37, sembró la incertidumbre al enviar un balón a la red de la meta de Grobbelaar.

La defensa del Liverpool se sorprende ante el gol de Lawrie Sánchez.

La defensa del Liverpool asiste sorprendida al gol de Lawrie Sánchez.El equipo de Kenny Dalglish estaba obligado a remontar y el Wimbledon sacó su garra para defender el 1-0 que le daba la Copa. El espíritu de los dons quedó reflejado en su portero. David Beasant, que en sus primeros años en Londres fue seguido muy de cerca por el Liverpool, fue el otro héroe de la final al atajar un penalti a John Aldridge. El joven delantero que había aprendido a amar los colores de los reds en el fondo de The Kop era el relevo natural de Ian Rush, que en el verano de 1987 fue traspasado a la Juventus. Aldridge no sólo era el relevo de Rush debido a su parecido físico ya que también lo era por su instinto goleador. 26 dianas firmó en su primera temporada con el conjunto de Anfield. Además, John Aldridge no había fallado ninguno de los 11 penaltis que había intentado. Y además nunca un portero había parado una pèna máxima en la historia de las finales de la Copa inglesa. El bueno de Aldridge, que un año después puso rumbo a la Real Sociedad, falló el penalti que nadie pensaba que se podía fallar. Tras la final, David Beasant reconoció ante la prensa que tenía muy bien estudiados los lanzamientos del capitán de Irlanda. “He visto muchos de sus penaltis en televisión y sé que si el portero no se mueve él suele patear a la izquierda”. La parada del penalti permitió al Wimbledon firmar una de las mayores sorpresas de la historia de las finales de la Copa inglesa.

Perspectiva del penalti parado por Beasant a Aldridge.Perspectiva del penalti parado por Beasant a Aldridge en la final de la Copa de 1988.


THE CRAZY 90’s. A pesar del triunfo en la Copa, el Wimbledon no pudo disputar la Recopa de 1989 debido a la exclusión que sufrían los clubes ingleses desde la tragedia de Heysel. Las siguientes temporadas fueron de transición para los dons y también de cambios en la composición de esta peculiar pandilla chiflada. Tras su gran actuación en la final de Copa de 1988, David Beasant fue traspasado al Newcastle por 800.000 libras. Vinnie Jones tardó un año más en marcharse al Leeds United y Dennis Wise dos para ser transferido al Chelsea reportando a las arcas del Wimbledon FC más de dos millones de libras [650.000 el primero y 1,6 millones el segundo].

A pesar de la marcha de estos tres puntales del equipo, hasta la fundación de la Premiere League en 1992, el Wimbledon se mantuvo sin relativos problemas siempre por la zona media de la tabla e incluso acarició la zona europea en la temporada 1990-91. Pero el inicio de 1992 iba a ser fundamental para los dons. Al banquillo de Selhurst Park, donde se había trasladado el Wimbledon FC, llegó Joe Kinnear. El que fuera central del Tottenham Hotspur recibía su primera oportunidad de dirigir a un equipo en la máxima categoría del fútbol inglés. Salvó la categoría y se quedó para llevar las riendas del proyecto del Wimbledon en la Premiere League que se estrenaba en la campaña 1992-93.  

Joe Kinnear tenía un plan para el Wimbledon FC. El entrenador irlandés implantó un estilo de juego muy característico. Un estilo que el muy bien conocía. El típico kick and rush británico en su más pura versión. Formó un equipo aguerrido tomando la base que quedaba de 1988 con Sánchez, Fashanu, Gayle, Gibson, Scales y Clark, a los que se habían unido Warren Barton y Robbie Earle. Durante el verano firmó al delantero del Brentford Dean Holdsworth, que en su primer año con la camiseta de los dons firmó 19 dianas en Liga, incorporó a un joven Gerald Dobbs, que en esa temporada fue expulsado en cuatro ocasiones, pero, sobre todo, recuperó a Vinnie Jones, que estaba en el  Chelsea tras su paso por Leeds United y Sheffield Wednesday. La pandilla contaba con su capo. Con estos ingredientes y utilizando el juego en largo y de pelea por el rechace, el Wimbledon intentó contrarrestar los efectos del passing game del Liverpool que empezaba aplicar el Manchester United con Eric Cantona a la cabeza y que posteriormente se iba a extender en la segunda mitad de la década por los principales equipos de la Premiere League como Newcastle United, Blackburn Rovers, Arsenal o Chelsea.

Efan Ekoku, con la camiseta del Norwich.Con este sistema, el Wimbledon fue duodécimo en la primera Premiere League. En la temporada siguiente, sin a penas reforzar el plantel, los dons rozaron Europa pero acabaron en sexta posición. El Wimbledon hizo de Selhurst Park todo un fortín del que tan sólo cedió cuatro derrotas durante toda la temporada. El cuadro londinense quería dar el salto a Europa pero no disponía del suficiente dinero como para fichar a jugadores importantes. Además perdió a dos históricos: Lawrie Sánchez y Fashanu. Ante la necesidad de fortalecer el ataque y ante la falta de recursos económicos, Kinnear apostó por jugadores que se podían acoplar perfectamente a su rocoso y físico sistema. Incorporó por 900.000 libras a Efan Ekoku, un delantero nigeriano que había hecho 12 goles con el Norwich, y al centrocampista noruego  Øyvind Leonhardsen, que hizo cuatro tantos en su debut en Inglaterra. Con estos mimbres, de nuevo, el Wimbledon volvió a completar una buena temporada alcanzando la novena posición.

El Wimbledon estaba cerca de algo grande pero la siguiente temporada fue decepcionante. Coqueteó con el descenso, del que le separaron cinco puntos. De esta manera, la campaña 96-97 no estaba predestinada para el éxito. Pero sucedió todo lo contrario. Se fichó al delantero jamaicano Jason Euell y al defensa galés del Swindom Ben Tatcher. En la Liga estuvo en la línea que había mostrado el equipo durante los primeros años de Kinnear, acabó en octava posición. Pero se destapó en Copa y Copa de la Liga. En ambas competiciones alcanzó las semifinales tras eliminar a los vigentes campeones [Manchester United y Aston Villa] y en ellas fue eliminado por los que a la postre resultarían los ganadores de las finales [Chelsea y Leicester City].

Esta fue la última gran temporada de la crazy gang que dirigió Joe Kinnear en la década de los 90. El técnico irlandés dejaría el banquillo de los dons en la 98-99 debido a problemas cardíacos y la entidad londinense entraría en una serie de problemas económicos que afectaron a la parcela deportiva. En la 99-00, descendió a First Division debido a su derrota en Southampton y al sorprendente triunfo del Bradford en Liverpool. Los problemas económicos se acrecentaron y, al final, el equipo, como si de una franquicia se tratase, se trasladó al Milton Keynes y cambió su nombre por el de MK Dons, a pesar de la irritación de los fans tradicionales del barrio londinense.

Datos del artículo

Autor: Carlos A.S
Fecha: 5 de febrero de 2008

Fuentes consultadas: The FA, Premiere League, Football.co.uk, Soccer Base, Football Club History Database, Historical Dons, Liverpool FC y Wikipedia.

Fotografías extraídas de historicaldons.com 

Hilo musical:
Tom Petty: Fool Moon Fever [MCA, 1989]
Bad Religion: Against the Grain [Epitaph, 1990]
Los Chicos: Launching Rockets [Rock Is Pain, 2007]
Jon Spencer Blues Explosion: Now, I Got Worry [Matador, 1996]
The Delta 72: The R&B of Membership [Touch &  Go, 1996]

Eric el Rojo [parte 1]

febrero 1, 2008

Erik el Rojo [nacido en el siglo X como Erik Thorvaldsson]  fue un pirata y comerciante vikingo dedicado por imperante necesidad a la exploración de los confines del mar. A él, se le adjudica la primera colonia humana en las tierras de Groenlandia, si bien es cierto que antes ya hubo intentonas para establecer campamentos en estas gélidas tierras, todas ellas fracasaron hasta que llegó Erik el Rojo. La figura de este explorador vikingo tiene ciertos paralelismos con la de este otro Eric el rojo, éste con ‘c’ y no con ‘k’, que durante la década de los 90 descubrió Inglaterra para los futbolistas continentales. No corrían buenos tiempos para el fútbol inglés. Tras los incidentes de la final de la Copa de Europa de Heysel de 1985, la UEFA había decidido excluir a todos los clubes ingleses de las competiciones europeas e incluso la pérfida albión estuvo a punto de no ver a su selección competir en el Mundial de Italia, en el que alcanzó las semifinales. Diez años de exclusión para el Liverpool, que después se quedaron en siete, y cinco para el resto de clubes ingleses.

La exclusión supuso un serio revés para el fútbol inglés que había ganado siete de las últimas ocho ediciones de la Copa de Europa. Liverpool [76-77, 77-78, 80-81 y 83-84], Nottingham Forest [78-79 y 79-80] y Aston Villa [81-82]. Un dominio que acabó aquel 29 de mayo, tanto en el terreno de juego [la Juve se impuso por 1-0 al Liverpool] como en lo simbólico, ya que desde esa final comenzó el dominio del fútbol latino con los títulos de Juventus, Oporto, Milan, FC Barcelona y Olimpique de Marsella. Los ingleses estaban fuera y no volverían hasta la temporada 1990-1991, aunque lo hicieron por la puerta grande. El Manchester United, ya con Alex Fergusson en el banquillo de los diablos rojos, se impuso en la final de la Recopa al FC Barcelona de Johan Cruyff, que esa misma temporada ganó la primera de las cuatro ligas que conquistó el dream team. Dos goles del ex barcelonista Mark Hughes dieron el triunfo al ManU. Un Mark Hughes que había regresado a Inglaterra tras militar en el FC Barcelona y Bayern de Munich.El ejemplo de Mark Hughes sirve para reflejar lo que la sanción supuso para los clubes y jugadores tanto ingleses como británicos. Los cinco años de sanción supusieron un freno importante para las tesorerías de los clubes y además restó atractivo a la competición doméstica. Tanto los jugadores de las islas como los de la Europa continental comenzaron a descartar las ofertas de los principales clubes ingleses al no poder disputar competición europea alguna, algo que también contribuyó a potenciar los campeonatos ligueros de España, Italia, Francia y, en menor medida, Alemania. De esta manera, jugadores como Mark Hughes [FC Barcelona y Bayern de Munich], Gary Lineker [FC Barcelona], Glen Hoddle [Mónaco], Chris Waddle [Olimpique de Marsella], David Platt [Bari, Juventus y Sampdoria] o Ian Rush [Juventus] y entrenadores  como Terry Venables [FC Barcelona] o John Bejamin Toshack [Real Sociedad y Real Madrid]  tuvieron que ganarse, con mayor o menor fortuna, la vida en el continente. Con esta diáspora comenzó el bajón de un fútbol inglés que recobró su importancia en Europa a través de un club [Manchester United] y de un jugador francés [Eric Cantona]. 

Los iniciosEric Cantona, con la camiseta del Auxerre
Eric Cantona se crió futbolísticamente en las categorías inferiores del Auxerre que dirigía ese extraño fenómeno de los banquillos llamado Guy Roux. De allí partió al Martiques de la Segunda francesa para regresar al Auxerre en 1986 ya con un contrato profesional. Sus actuaciones fueron lo suficientemente convincentes como para formar parte del equipo nacional sub-21 que conquistó el campeonato europeo de la categoría en 1988. En aquel equipo, además de l’enfant terrible Cantona, estaban otros jugadores como
Franck Sauzée, Laurent Blanc o Franck Silvestre.
 
Los siguientes años para Cantona fueron de mucho movimiento. Muchas maletas tuvo que preparar el bueno de Eric. Tras el Europeo sub-21, el Olimpique de Marsella se fijó en él. No duró mucho en Marsella. Tras un partido amistoso ante el Torpedo de Moscú, Cantona comenzó a exhibir su particular humor al quitarse de malos modos la camiseta cuando fue relevado. Un mes de sanción interna. Meses después se despachó a gusto con el seleccionador galo en televisión, lo que le costó quedarse fuera del equipo nacional. Cesión al Girondins. Seis meses en Burdeos para poner pies en polvorosa y enrolarse en el Montpellier, donde se enzarzó en una pelea, no tuvo el apoyo del vestuario y fue sancionado. Regreso a Marsella. Tapie había accedido a la presidencia del Olimpique y Beckenbauer se sentaba en el banquillo. Ganó la Liga pero fue transferido al Nimes. Allí, en diciembre de 1991, Cantona volvió a liarla. Tiró de malos modos un balón al colegiado del encuentro, se le abrió expediente y fue sancionado por un mes. Llamó “idiotas” a los miembros del comité y la sanción se le amplió a tres. Por ello, decidió retirarse de la práctica activa del fútbol, pero Michael Platini, que por entonces era el seleccionador galo, persuadió a Catoná para que no colgase las botas. A sugerencia de Gerard Houllier, que era técnico ayudante de Platini, Cantona se marchó a Inglaterra para relanzar su carrera profesional.   

El panorama inglés 
La sanción no sólo había apartado de las competiciones europeas al fútbol ingles, también lo había dejado anquilosado en el modelo futbolístico propio del norte de Europa. Tampoco era tan extraño. Con ese estilo de fútbol fuerza, alto ritmo de juego, balón largo, pelea por la conquista del rechace y escasa creación en la medular, el fútbol inglés había conquistado Europa. En Inglaterra no se había tomado contacto con ninguno de los dos equipos que estaba revolucionado el fútbol europeo: el Milan de Arrigo Sacchi y el FC Barcelona de Johan Cruyff. La exclusión se unió a la barrera natural haciendo al fútbol inglés impermeable de las nuevas tendencias continentales. Además, en la campaña anterior, el United topó con el Barça en la final de la Recopa y venció por 2-1. El viejo fútbol inglés parecía estar por encima de esos nuevos conceptos tácticos que se extendían por la Europa continental como un reguero de pólvora.

Cantona con la copa de la liga de 1992.En ese panorama, Eric Cantona tuvo una prueba con el Sheffield Wednesday de Trevor Francis. Superó esa prueba pero el contrato que le presentó el club inglés no satisfizo sl francés. Terminó firmando por el Leeds United. La suerte del último título de la First Division, a partir de la campaña siguiente la liga inglesa pasó a denominarse Premiere League, pudo decidirse en ese contrato. El Leeds United fue el campeón, el Sheffield Wednesday acabó tercero a siete puntos y el Manchester United fue segundo a cuatro del primero. Howard Wilkinson en el banquillo  contó como piezas básicas de su equipo con Gordon Strachan, el veterano y habilidoso mediapunta escocés llegó a Leeds procedente del Manchester United por la nada desdeñable cifra de 300.000 libras, Lee Chapman, que había sido fichado del Nottingham Forest por 400.000 libras y que en esta campaña firmó 20 goles que le llevaron a ser el máximo goleador de todas las competiciones inglesas, David Batty, que posteriormente también alzaría el título liguero con el Blackburn Rovers, Gary McCallister, uno de los últimos grandes centrocampistas salidos del fútbol escocés, el cancerbero John Lukic y un joven centrocampista galés llamado Gary Speed. El francés disputó 18 partidos de Liga con el Leeds United entre el 8 de febrero de 1992 y el 27 de noviembre del mismo año. 18 partidos y nueve goles. Cantona firmó algunos buenos encuentros en esa temporada, la mayoría desde el banquillo, pero fue una grata sorpresa para la liga, sobre todo por la bella factura de sus goles. 

Los diablos rojos y la Premiere
Alan Shearer fue el traspaso más caro del curso 92-93.La temporada 1992-93 fue la del cambio en la liga inglesa. Cambio de denominación. De First Division se pasó a denominar Premiere Legue. Pero, sobre todo, fue el año en el que el dinero entró en los clubes. Una nueva competición que traía de la mano un jugoso contrato con el operador Sky. Gracias a esta entrada de dinero, los clubes se movieron en el mercado y se propiciaron importantes traspasos. El que más gastó fue el Blackburn Rovers que regresaba a la élite con un ambicioso proyecto liderado por el millonario Jack Walter. Pagó 3,5 millones de libras [al cambio de la época, más de 400 millones de las antiguas pesetas] al Southampton por el último gran rematador del fútbol: Alan Shearer; 1,3 al Middlesbrough por el delantero Stuart Ripley; 1,5 a mitad de temporada por el delantero Kevin Gallacher del Coventry y, tres días después, 700.000 libras por el joven lateral izquierdo del Chelsea Graeme Le Saux. Pero si lo del Blackburn fue una gran inversión, para que se hagan una idea, en ese mismo verano el Liverpool pagaba al Tottenham 2,3 millones por Paul Stewart y 1 millón al Watford por el portero David James; el Leeds abonaba al Arsenal 2 millones de traspaso por David Rocastle; el Newcastle se hacía con los servicios del delantero Andy Cole del Bristol City por 1,75 millones; el Arsenal contrataba al reciente campeón de Europa con Dinamarca John Jensen por una cifra ligeramente superior al millón de libras. Pero, tras la contratación de Alan Shearer, también llamaron la atención las cifras de otros dos traspasos. Por un lado, los 2 millones de libras que desembolsó el Tottenham Hotspur para contratar a Tedy Sheringham, que esa temporada lideró la clasificación de la Liga con 22 dianas, y, por otro, 2,3 millones que abonó el Aston Villa al Liverpool por Dean Saunders. 

El dinero fluía pero no tanto como en el campeonato italiano. Los traspasos ingleses no llegaban a la altura de los que se podía permitir la lira. Una lira, es decir, un calcio que caminaba fuerte por Europa al ritmo marcial que imponía el Milan de Sacchi. La Juve pagó cuatro millones de libras por Andy Moller y la Fiorentina 3,5 por adquirir a Brian Laudrup, que había dirigido con maestría a Dinamarca hacia el título de la Eurocopa de Suecia de 1992. La libra no podía competir con la lira. Como ejemplo, el central titular de la selección Des Walker se marchó del Forest a la Sampdoria por 1,5 millones de libras y un salario que no estaba al alcance de ningún club británico. Este traspaso, incluso también demostró la fortaleza de la lira respecto a la peseta, ya que el central fue pretendido por el Real Madrid. Y si lo de Des Walker fue sintomático, los 5,5 millones de libras que el Lazio pagó al Tottenham por Paul Gascoigne fue toparse de bruces con la realidad. La libra, es decir, la Premiere League no podía competir con la lira y el Calcio. Un traspaso mucho más modesto iba a ser crucial para el desarrollo de los primeros años de la Premiere League. Eric Cantona se fue ganando el respeto de la liga por sus actuaciones dentro de los terrenos de juego, especialmente recordado fue su hat-trick al Liverpool en la Charity Shield de 1992 que acabó ganando el Leeds United por 4-3, pero una serie de malos partidos, especialmente en Copa de Europa ante el Glasgow Rangers, le llevaron al banquillo, lo que provocó su insatisfacción. Una gran actuación en la derrota del Leeds United ante el Watford en Copa de la Liga puso fin a su trayectoria en el conjunto del norte de Inglaterra. Una llamada de Alex Ferguson llevó al francés a Old Tratford a cambio de 1,2 millones de libras.  

Alex Ferguson se encontraba agobiado en el banquillo. Había llegado al ManU procedente del Aberdeen, con quien ganó una Recopa ante el Real Madrid. Sus primeros años en Old Tratford no fueron buenos. La presión de más de 20 años sin ganar la liga se hacía notar. De hecho, se dice que salvó la cabeza en la final de Copa de 1990. El United se midió al Crystal Palace y necesitó de un replay para recibir el trofeo de manos de la reina de Inglaterra. Título copero que le permitió tomar parte de la Recopa de 1991, que a la postre terminaría en Old Tratford. El subcampeonato liguero y la Copa de la Liga de 1992 le habían dejado el crédito mínimo para seguir una temporada más. Los diablos rojos tenían un equipo compacto. Con un joven Peter Schmeichel en la portería, una defensa sólida con los centrales Steve Bruce y Gary Pallister más el entrañable lateral izquierdo irlandés Denis Irwin que era secundado por un correcto Paul Parker en el derecho, un incipiente extremo izquierdo galés llamado Ryan Giggs, Paul Ince, uno de los mediocentros más corajudos, batalladores y broncos que ha dado el fútbol inglés, y un tándem atacante formado por Hughes y McClair. Por contar, esa plantilla contaba hasta con todo un mito del fútbol inglés y del Manchester United. Bryan Robson, de profesión centrocampista y capitán tanto del ManU como de la selección, apuró sus últimos días como diablo rojo logrando ese tan deseado título de liga.  

Ryan Giggs, a la izquierda, celebra un gol con Catona.El United lo tenía todo para ser campeón pero le faltaba un genio con genio e ingenio. Cantona ejerció a la perfección ese papel. Eric el Rojo, como rápidamente le apodaron en Manchester, apelativo que posteriormente daría paso al de Eric The King, lideró a los diablos rojos hacia su primer título de liga en 26 años. No fue nada fácil. Enfrente tuvo a un Aston Villa que aspiraba a reeditar la gloria del título de 1981. En las filas de los villanos se encontraban, además del ya citado delantero galés Dean Saunders, buena parte de la columna de la selección de Irlanda, con el central ex ManU. en la década de los 80 Paul McGrarth a la cabeza, el lateral Staunton y el medio Houghton, dos ex jugadores de la Real Sociedad como Kevin Richardson y Dalian Atkinson más Dwight York, joven delantero de Trinidad y Tobago que posteriormente triunfaría en el Manchester United. Al final, diez fueron los puntos que separaron a ambos equipos aunque la afición de Old Tratford nunca olvidará aquel encuentro agónico ante el Sheffield Wednesday. Faltaban seis jornadas para la conclusión del campeonato, el Aston Villa tenía un punto más que el ManU y recibía en el Villa Park al Coventry. El encuentro finalizó 0-0. Por su parte, el Manchester United recibía al Wednesday. Las noticias desde el Villa Park eran favorables hasta que John Seridam, de penalti en el minuto 65, ponía el 0-1 en el marcador de Old Traford. Pallister vio la roja y dejó a su equipo por debajo en el marcador y con diez jugadores. La suerte parecía volver a burlarse de los diablos rojos hasta que dos goles de Steve Bruce, minutos 86 y 90, llevaron el delirio a la afición local que vio como su equipo superaba al Aston Villa en la clasificación y como terminó adjudicándose el título tras 26 años de espera. El título del United también supuso un récord particular para Cantona. El francés fue el primer jugador en la historia del fútbol inglés en ganar dos ligas consecutivas con diferentes equipos.

 Bruce y Robson con la copa de liga de 1993.

El mejor del curso

La temporada 93-94 se presentaba como la de la confirmación. La confirmación Cantona y del propio Manchester United a la élite. Cantona había encontrado su sitio, era un jugador querido por su club, desequilibrante, único en la competición y tan sólo le quedaba comenzar a desplegar el fútbol que llevaba dentro. Alex Ferguson conocía y sabía valorar a un espécimen único como el francés. Por ello, decidió blindar el centro del campo con la adquisición de Roy Keane por 3,75 millones de libras. El ex del Nottingham Forest junto con Paul Ince estaban destinados a formar una pareja en la medular que liberase del trabajo defensivo a Cantona. Así lo hicieron. Dos pitbulls malencarados que permitieron a Eric Cantona hacer lo que mejor sabía, es decir, jugar a fútbol y ser el jugador más desequilibrante de la Premiere League, De hecho, recibió hasta el título de ‘Mejor Jugador de la Temporada’ al mismo tiempo que batió el récord de expulsiones en una misma campaña con cuatro. Sus números fueron bastante elocuentes de su evolución. En su primer año con la camiseta de los diablos rojos, el francés jugó 21 partidos, todos ellos de titular excepto uno, y marcó nueve goles. En su segundo año, disputó 34 en la Premiere, todos ellos de titular, para anotar 18 goles. Sus tantos, asistencias e importancia en el juego le llevaron a ser el más destacado de la campaña en Inglaterra.


El Manchester United apoyado en el galo logró revalidar el título de liga y además también consiguió el doblete al ganarle al Chelsea la final de la Copa por 4-0, con gol incluido de Cantona. El único equipo que pudo plantarle cara al United durante esta temporada fue el Blackburn Rovers que esa temporada volvió a hacer un gran desembolso para pelear la liga. De esta manera, a Ewood Park llegaron el delantero Chris Sutton (5 millones/Norwich), David Batty (2,75/Leeds Utd.); Paul Warhust (2,7/Sheffield Wednesday); el guardameta Tim Flowers (2,4/Southampton), Andy Morrison (500.000 libras/Plymouth); Ian Pearce (300.000/Chelsea) y Paul Harford (libre/Arsenal). A pesar de estos refuerzos, el Blackburn Rovers fue segundo a ocho puntos del Manchester United pero comenzaba a dar señales de lo que se convirtió en realidad en la temporada siguiente. Realmente, el Blackburn peleó la liga hasta la penúltima jornada en la que una inesperada derrota ante el Coventry (2-1) le situó a cinco puntos del United.