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La maldición de Guttmann

marzo 6, 2008

La historia del fútbol se ha formado a partir de leyendas, mitos, héroes caídos, bestias negras y un largo etcétera de términos de cariz casi místico. Pero dentro de la mística difícilmente hemos encontrado espacio para lo que podría denominarse las artes oscuras. Y no. No estamos hablando de sucios defensas centrales. No. Ni mucho menos. Ni tampoco hablamos de la superstición que habitualmente acompaña en mayor o menor grado a los jugadores y entrenadores. Hablamos de algo tan viejo como el mal de ojo. La maldición que Bela Guttman echó sobre el Benfica en el verano de 1962 cuando fue cesado en su cargo de entrenador de las águilas forma parte de esta serie de artes oscuras que en rara ocasión se ven mezcladas con el balompié.

 

El Benfica recibe esta noche –21.30 horas- al Getafe en el partido de ida de la eliminatoria de cuartos de final de la Copa de la Uefa. Un enfrentamiento en el que el conjunto lisboeta parte con la vitola de favorito ante todo un debutante en estas suertes europeas como es el cuadro azulón. Las águilas tienen ante sí la mejor manera de salvar la temporada. Están a 12 puntos de los dragones del Oporto. La Uefa es la tabla de salvación lisboeta. Por ello, el estadio benfiquista vivirá un buen ambiente para empujar a las águilas en esta nueva aventura europea. Pero seguro que esos mismos seguidores que sueñan con volver a ser grandes en Europa tendrán en su cabeza la llamada ‘maldición de Guttmann’. El entrenador húngaro, que llevó al Benfica a ganar dos Copas de Europa en el arranque de los sesenta, fue despedido por la entidad portuguesa debido a que pidió un aumento de sueldo. El día que se despidió del club lo hizo lanzando una sentencia que en aquel momento fue tomada de forma anecdótica pero que se ha convertido en toda una losa para el Benfica. “Sin mí, el Benfica no volverá a ganar una copa europea”. Desde entonces ha disputado seis finales y las ha perdido. Cinco de Copa de Europa y una de la Uefa.Bela Guttmann.

GUTTMANN, EL TROTAMUNDOS. Bela Guttman [Budapest, 1900-Viena, 1981] fue un trotamundos como jugador y también lo fue como entrenador. En su etapa como jugador fue un destacado mediocentro húngaro de origen judío que conquistó dos títulos de Liga con el MKT Budapest, jugó con la selección en los Juegos Olímpicos de París de 1924, y marchó al Hakoah Viena. Este equipo austriaco se convirtió en uno de los más importantes de centroeuropa en la década de los años 20. Su popularidad le llevó a medirse con el West Ham United inglés. El primer partido se disputó en Viena y el resultado fue de empate. Los ingleses se comprometió a disputar el desempate en Londres. Allí, el Hakoah humilló a los hammers endosándoles un rotundo 0-5. Bela Guttmann siempre fue inquieto. Tras una gira por Estados Unidos se quedó asombrado tras disputar un partido en el New York’s Polo Ground ante 46.000 espectadores. Por ello, y porque buena parte de los clubes eran de propiedad judía, decidió marcharse a la liga estadounidense donde jugó 176 partidos hasta su retirada a la edad de 32 años.

Sus inicios en el banquillo estuvieron ligados al Hakoah Viena. Posteriormente marchó al Enschede holandés [actual Twente] y ganó la Liga. También ganó la Liga húngara en la temporada 1938/39 con el Ujpest. Tras la II Guerra Mundial siguió entrenando en Hungría. Se hizo cargo de las riendas del Kispest Honved, con el que ganó otros dos campeonatos. El Honved era propiedad del padre de Ferenc Puskas, detalle que podría ser anecdótico pero que fue crucial en su trayectoria en la institución. Su marcha se produjo tras un roce con Puskas hijo. Guttmann quiso cambiar a un defensa y Puskas se negó. El cambio no se produjo. Guttmann se había dado cuenta que acaba de perder el respeto de sus jugadores. Se sentó en el banquillo, ojeó una revista hasta la conclusión y presentó la dimisión.  

Marchó a Italia. Tras pasar por los banquillos de Pádova y Triestina recaló en el AC Milan en 1953. El camino de Trieste a Milan no lo hizo solo. Se llevó a un prometedor defensa de la Triestina: Cesare Maldini. Se convirtió en uno de los jugadores históricos del club rossonero. Fue el encargado de levantar la primera Copa de Europa de los milanistas en 1963. Pero, sobre todo, fue uno de los mejores defensores de su época. Guttmann tuvo un gran equipo a sus órdenes. Contó con el trío ‘gre-no-li’. Es decir, con los delanteros suecos: Gunnar Gren, Gunnar Nordahl y Nils Liedholm. Los tres formaron parte del combinado nacional que había sido oro olímpico en los Juegos de Londres de 1948. Además, también contó con el uruguayo Juan Alberto Schiaffino. Uno de los autores de goles del llamado ‘maracanazo’. Con este plantel, el Milan ganó el título de 1955. Nordahl fue el máximo goleador del torneo. El sueco actualmente es el segundo máximo goleador de la historia del Scudetto. En 1956 salió por la puerta de atrás del Milan y se despidió de Italia tras entrenar al Vicenza.  

SU LLEGADA A PORTUGAL. De Bela Guttmann se dice que fue un gran estratega. La  leyenda dice que el fue el inspiró el 4-2-4 con el que Brasil se proclamó campeona en el Mundial de 1958. Se dice que Guttmann durante su etapa en el MTK decidió fortalecer el medio del campo y para ello comenzó a emplear un 4-2-4 que Bukovi y Sebes también empezaron a utilizar. En 1957 Guttmann volvió a dirigir al Honved. El mítico Honved en el que jugaban: Puskas, Czibor, Kocsis, Bozsik, Budai, Lorant y Grosics.   Con este 4-2-4 el Honved realizó una gira por Brasil. Allí se enfrentó a varios equipos. El conjunto húngaro maravilló y Guttmann se quedó en Brasil para hacerse cargo del Sao Paulo. Un Sao Paulo al que llevó al título en 1957. En este equipo formaron Dino Sani y Mauro Ramos, que ganaron el Mundial de 1958, y, sobre todo, destacaba la presencia del veterano Zizinho. Él fue el primer centrocampista brasileño que impactó a nivel mundial.  

Tras su paso por Brasil, Guttmann puso rumbo a Portugal. En concreto a Oporto. Ganó la Liga con los dragoes. El Benfica se fijó en él y le contrató un año más tarde. Alrededor de este húngaro hay mucha mística y leyenda. Otra de esas leyendas dice que antes de firmar con el Benfica pasó por la barbería. En ella, coincidió con José Bauer, que en ese momento era el técnico del Sao Paulo. A lo largo de la conversación surgió el nombre de un joven mozambiqueño que tenía cautivado a Bauer. Guttmann decidió mandar a un ojeador y Eusebio Ferreira llegó a Lisboa a finales de 1960. Con la pantera negra, Guttmann encontró lo que al Benfica le faltaba para aspirar a la corona continental. De hecho, el primer triunfo europeo de las águilas se remonta a 1960. La irrupción de Eusebio no pudo ser más estrepitosa. En la final del Torneo de París de 1961, el Benfica iba perdiendo 3-0 con el Santos de Pelé y tan sólo habían transcurrido 20 minutos de partido. Guttmann desesperado decidió poner a Eusebio en el campo. El mozambiqueño respondió a la confianza de su entrenador con tres goles que igualaron el partido y que provocaron la reacción de Pelé. El astro brasileño hizo dos goles y su equipo terminó ganando por 6-3. Pero el gran triunfador de la noche fue Eusebio. La crónica de France Football es fiel reflejo de ello: “Eusebio 3, Pelé 2″. 

El camino hasta la final de Berna fue relativamente cómodo para el Benfica. Eliminó al Hearts, Ujpest, AGF y Rapid de Viena. Pero el rival en la final iba a ser el todopoderoso FC Barcelona. El conjunto azulgrana había eliminado en primera ronda al Real Madrid, equipo que había ganado las cinco copas de Europa que se habían disputado hasta la fecha. Tenía un conjunto temible encabezado por los húngaros Kubala, Kocsis y Czibor más Evaristo y Luis Suárez. El Barça partía como favorito. Pero no cumplió. Se estrelló con la madera. Hasta cuatro balones acabaron en los postes. El Benfica no pudo contar con Eusebio en la final debido a que no había podido de arreglar el contrato con el club lisboeta. A pesar de ello, las águilas se impusieron por 3-2 en la prórroga. 

El título de campeón de Europa lo iba a revalidar en la temporada siguiente. Y lo iba a hacer ante el mismísimo Real Madrid que alcanzó la final y que quería sumar su sexto título en siete ediciones. El conjunto blanco tuvo una difícil eliminatoria de semifinales ante la Juventus. Di Estéfano firmó el tanto del triunfo madridista en Turín. Pero la Juve repitió resultado en Charmartín, infligiendo al Real Madrid la primera derrota europea en casa de su historia. Fue necesario un partido de desempate en París que concluyó con triunfo blanco por 3-1. Si el Real Madrid sufrió en cuartos, el Benfica lo hizo en las semifinales ante el Tottenham Hotspur. 3-1 en Lisboa y derrota por 2-1 en The Lane. La final de Ámsterdam iba a enfrentar a los dos únicos campeones de la competición. Y Guttmann iba a poder contar con Eusebio, que estaba maravillando al continente con el fútbol que tenía en sus botas. Además, Guttmann tenía la posibilidad de tomarse una pequeña revancha con Puskas. El jugador húngaro fue el mejor de los blancos. Firmó tres goles, todos los que hizo el conjunto de Charmartín en aquella tarde. Pero el Benfica hizo cinco, dos de ellos de Eusebio.

Parecía que el Benfica iba a sustituir al Real Madrid en el trono continental. Si los blancos habían dominado la década de los 50 con Di Estéfano como gran abanderado, el Benfica se encomendaba a Eusebio y Guttmann para imponer su tiranía. El Benfica parecía un equipo imbatible. Con un poderío ofensivo notable y con un Eusebio al que ninguna defensa lograba frenar o, al menos, minimizar. Guttmann afrontaba su tercer año en la entidad. El húngaro pensaba que la tercera temporada era la más difícil para un entrenador. Por ello, durante el verano pidió un aumento de sueldo. Las negociaciones entre técnico y directiva no llegaron a buen puerto, hubo mucha tensión y el club decidió cesar Bela Guttmann. Tras el cese, el húngaro profirió la ya cita frase de “sin mí, el Benfica no volverá a ganar una copa europea”. La frase comenzó a tener sus efectos en ese mismo 1962. A finales de año, en la disputa de la Intercontinental que se llevó el Santos de Pelé. 

SEIS DECEPCIONES. Con la derrota en la Intercontinental no se quiso dar mayor importancia a la frase de Guttmann. Normal. Al fin y al cabo, la Intercontinental no era una competición europea y, por supuesto, ¿quién iba a creer esa amenaza cuando se tenía un equipo tan potente?. En 1963 el Benfica alcanzó la final de la Copa de Europa que se iba a disputar en Wembley. El rival era el AC Milan de Nereo Rocco que contaba con Gianni Rivera, Cesare Maldini, Giovanni Trapattoni y José Altafini, que se convirtió en el máximo realizador del torneo con 14 dianas. La final también era el escenario en el que se iban a enfrentar dos de las más grandes figuras futbolísticas del momento: Altafini y Eusebio. Ambos fueron los encargados de inaugurar el marcador. Altafini adelantó al Milan y Eusebio igualó la contienda. Pero Altafini iba a decantar el título con otro gol, logrado a pase de Rivera.   En 1964, el Benfica cayó eliminado en primera ronda por el Borussia de Dortmund. Iba a ser un año después cuando las águilas alcanzasen su cuarta final de la máxima competición continental. De nuevo iba a enfrentarse a un conjunto italiano de la ciudad de Milán, pero esta vez su rival iba a ser el Internazionale, que era el vigente campeón de la competición. El Inter acrecentó la leyenda. Los elementos se aliaron con los neroazurri. El Inter  jugaba en San Siro. La climatología no acompañó, llovió y el agua impidió que el Benfica practicase su estilo ofensivo. El Inter defendió con orden y rigor y, además, consiguió golpear primero gracias al tanto que Jair logró al filo del descanso. Este gol sirvió a los neroazurri para ganar su segunda y última Copa de Europa hasta la fecha. El Benfica perdía por segunda ocasión aunque firmaba un quinquenio de excepción: cuatro finales con dos títulos.  La carrera de Eusebio tocó techo en 1968 y la del Benfica también. La pantera negra fue elegido Balón de Oro por France Football. Fue la primera ocasión en la que se otorgó este premio y el galardón recayó sobre el mejor jugador del momento. El Benfica estaba considerado como el mejor equipo de Europa. Tras eliminar a Gletoran [se deshizo de este rival gracias al valor doble de los goles en campo contrario, primera vez que se utilizó este sistema para decidir una eliminatoria igualada], Saint Etienne, Vasas y Juventus, el Benfica regresó a Wembley. No era un escenario que le traía buenos recuerdos y, además, iba a tener que jugar contra un equipo inglés: el Manchester United de Matt Busby. Un detalle nada anecdótico ya que los diablos rojos no habían conseguido ganar ningún partido fuera de casa durante las eliminatorias previas. En Wembley iban a contar con el apoyo de sus seguidores. Hibernian, Sarajevo, Gornik y Real Madrid fueron sus obstáculos para llegar a Wembley. La final no registró goles hasta la segunda mitad. Bobby Charlton, en el 54’, inauguró el marcador. Jaime Graça igualó minutos después. Se llegó a la prórroga. En ella, Charlton, Best y Kidd hicieron los tantos del United. 4-1. Tercera final perdida para el Benfica.  

15 años iba a tardar el Benfica en regresar a una final europea. No fue en la Copa de Europa, sino en la Copa de la Uefa de la temporada 1982/83. El Benfica contaba en el banquillo con la dirección de un entrenador sueco: Sven-Göran Ericksson. Eliminó a Betis, Waasland, Zürich, AS Roma y Universidad de Cracovia. El equipo a batir era el Anderlecht belga. El club belga había ganado dos Recopas, perdido otra, y dos Supercopas de Europa durante la década de los 70. En esa temporada, antes del partido de vuelta de la eliminatoria ante el Oporto, Van Himst relevó a Tomislav Ivic en el banquillo. Se plantó en la final que se disputaba a doble partido. En la ida, el Anderlecht venció por la mínima gracias a un solitario gol del danés Brylle. El Estadio de la Luz registró un gran lleno para la vuelta. El Benfica acariciaba el título a pesar del resultado en contra que traía de Bélgica. Sheu, en el 36’, adelantó a las águilas e igualaba la final, pero el español Lozano, dos mimutos después del tanto portugués, puso el 1-1 con el que iba a finalizar el partido. La Uefa era para el Anderlecht y Bela Guttmann se reía desde su tumba en Viena, en la que descansaba desde hacía dos años.  

Un año después de que el Oporto levantase su primera Copa de Europa en la final que le enfrentó al Bayern de Munich, el Benfica tenía la posibilidad de romper la maldición de Guttmann en la quinta final continental que iba a disputar tras la marcha del húngaro. De nuevo era finalista de la Copa de Europa. Stuttgart acogió la final. En ella el Benfica iba a tener que enfrentarse con el PSV Eindhoven de Guus Hiddink. El PSV no enamoró a Europa. Europa estaba del lado del Benfica. Ganó tan sólo tres de los nueve partidos que disputó en la competición. A penas hizo goles. Superó los cuartos de final [Girondins] y la semifinal  [Real Madrid] gracias al valor doble de los goles conseguidos fuera de casa y, además, se granjeó la antipatía europea debido a la entrada que Koeman realizó a un jugador francés al que lesionó de gravedad. El PSV contaba con un gran portero bajo palos: Van Breukelen. Además en defensa contaba con el ya citado Koeman y con el belga Gerets, El fútbol en la medular lo creaba el danés Lerby y en las bandas contaba con Vanenburg y Gillhaus. En ataque, el delantero centro era Wim Kieft, El Benfica había eliminado a Partizan, AGF, Anderlecht y Steaua de Bucarest para llegar a la final. El encuentro concluyó 0-0. Se disputó la prórroga y el marcador no se movió. En los penaltis, el PSV acertó con todos mientras que Veloso falló el sexto por parte del Benfica. La maldición estaba más viva que nunca. 

La última final que hasta la fecha ha disputado el Benfica fue dos años después de la derrota en Stuttgart. En 1990. El escenario iba a ser el Pratter vienés. Como el Benfica iba a visitar Viena, donde está la tumba de Bela Guttmann, al club se le ocurrió poner punto y final a la maldición. Una delegación lisboeta encabezada por Eusebio hizo una ofrenda foral en la tumba del húngaro y rezó antes de la disputa de la final en la que las águilas iban a volver a verse las caras con el AC Milan. El Milan de Sacchi atemorizaba Europa. Estaba revolucionando el fútbol y ya había ganado una Copa de Europa 12 meses antes en el Camp Nou. El Milan sufrió para llegar a la final. Sobre todo ante el Real Madrid en octavos y ante el Bayern de Munich en semifinales. Derrotó a los alemanes en la prórroga. El camino del Benfica también fue duro y, al igual que el Milan, sufrió en semifinales. El Olympique de Marsella era uno de los conjuntos favoritos para hacerse con el triunfo final. Era el aspirante al trono del Milan, incluso se decía que el único que podía batir al cuadro rossoneroEl Olympique cayó en las semifinales ante el Benfica en un polémico encuentro de vuelta que se resolvió gracias a un tanto de Vata. Tampoco se vio una gran final, pero sí se vio a un Benfica gris, sin ideas para abordar al Milan. Rijkaard, en el 68’, marcó el 1-0 definitivo. Esta fue la última vez que el Benfica se asomó a una final continental que perdió como las cinco anteriores que había  disputado tras la marcha de Bela Guttmann. De momento, la maldición de Guttmann sigue haciendo efecto a las águilas 

Datos del artículo: 
Autor: Carlos A.S.
Fecha de publicación: 06 de marzo de 2008.
Fuentes: As, Uefa, Wikipedia, Fútbol Factory, Jewish Sports y El Iceberg de Madrid.
Fotografía: Jewish Sports.

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Duelo generacional

marzo 3, 2008

Imagen del partido de ida de los octavos de la final de la Liga de Campeones entre el Arsenal FC y el AC Milan.

Aproximadamente a las 22.40 de la noche del martes 4 de marzo conoceremos el nombre de los primeros cuatro equipos que se despiden de la presente edición de la Liga de Campeones en los octavos de final. El FC Barcelona tiene pie y medio en cuartos de final ya que recibe al Celtic desde la cómoda posición que le da el 2-3 logrado en Glasgow; el Manchester United también cosechó un buen resultado en tierras francesas (1-1) pero deberá evitar que el Olympique de Lyon dé la sorpresa en Old Tratford; mientras que el Sevilla tiene que remontar el 3-2 adverso cosechado en el feudo del Fenerbahçe. Tres eliminatorias que parecen que tienen un favorito claro, otra cosa es que se cumplan los pronósticos, y otra que está abierta: Milan-Arsenal. Los gunners no pudieron en Londres con el actual Campeón de Europa y ahora no pueden perder en San Siro para seguir en la lucha por la corona continental que se le escapó en el 2006. El Guiseppe Meazza lombardo será el escenario donde se represente el segundo y último acto de este duelo generacional que enfrenta a un AC Milan veterano y experimentado en esta suertes europeas ante el bisoño proyecto del Arsenal de Arsène Wenger.

DIFERENCIA JERÁRGICA. El AC Milan de Carlo Ancelotti nunca ha sido un equipo que haya brillado en la liga italiana. Ni mucho menos. De hecho ésta es su séptima campaña en el banquillo rossonero y tan sólo ha ganado un Scudetto (2003-04). Pero, por el contrario, su competición ha sido la Liga de Campeones. El AC Milan, al igual que otros grandes de Europa como Real Madrid, Liverpool o Bayern de Múnich, sufre una fascinación con la máxima competición continental de clubes. Siete Copas de Europa, dos de ellas con Carlo Ancelotti en el banquillo (2002-03 y 2006-07), son el bagaje histórico del club lombardo. Pero a estos siete entorchados hay que sumarle cuatro finales perdidas (1958, 1993, 1995 y 2005). Ancelotti tan sólo ha probado una vez el sinsabor de la derrota en la final de finales. Fue hace casi tres años en Estambul, pero en el curso pasado se tomó venganza deportiva ante el mismo rival –Liverpool- y en el mismo marco –final de la Liga de Campeones-.

Desde que el de Reggiolo se hiciese cargo del equipo milanista los números son bastante elocuentes. En sus cinco participaciones en Liga de Campeones ha alcanzado las semifinales en todas a excepción de en la temporada 2003-04 en la que cayó en cuartos de final ante el Deportivo de la Coruña. Tres finales, con dos títulos, y una semifinal, en la que cayó con polémica en el partido de vuelta ante el a la postre campeón: el Barça. No es difícil de entender. Un plantel veterano que muestra su competitividad y experiencia en los torneos que requieren esfuerzos a corto plazo. Y más si es la última posibilidad de salvar la temporada, como ocurrió en el curso pasado y como está ocurriendo en el presente. La última jornada de la Seria A no fue propicia para el Milan. Un empate a 1-1 en casa ante el Lazio combinado con el triunfo de la Fiorentina ante la Juventus han hecho que el cuadro viola coja cuatro puntos de ventaja sobre los rossoneri en la lucha por el cuarto puesto. Distancia recuperable para los de Ancelotti pero el mensaje del técnico ante el Lazio fue claro. Descanso para su guardia pretoriana. A excepción de Seedorf, que además se lesionó en el transcurso del partido, Gattuso y Pato, el resto eran suplentes habituales. El 0-0 siempre es un resultado peligroso para el encuentro de vuelta en casa y Ancelotti lo sabe, como todo buen conocedor de las competiciones europeas de clubes, por ello quiso dar descanso a sus pilares. 

La diferencia jerárquica en Europa entre AC Milan y Arsenal FC es notable. Mientras lo rossoneri han ganado todas las competiciones internacionales de clubes, los gunners tan sólo pueden sacar pecho con la Recopa de 1994 y, siendo benévolos, con la Copa de Ferias de 1970. Su historial europeo es muy pobre. Y además de pobre de mal recuerdo para los aficionados del Arsenal que han visto como su equipo en poco más de una década ha perdido tres finales: la Recopa de 1995, la Copa de la Uefa de 2000 y la Liga de Campeones de 2006. Europa es la asignatura pendiente tanto del Arsenal como del propio Arsène Wenger. Asignatura pendiente más acusable si hablamos de Copa de Europa o Liga de Campeones. La entidad londinense disputó en dos ocasiones la vieja Copa de Europa. Pudo hacerlo una tercera pero su título liguero de 1989 coincidió con la vigencia de la sanción a los equipos ingleses. En su primera incursión fue apeado en cuartos de final por un Ajax de Ámsterdam que iba lanzado hacia su segundo título consecutivo. En la segunda, primera en la que hubo una fase de grupos después de dos rondas previas aunque a la competición no se la conocía como Liga de Campeones, fue en la temporada 1991-92. En segunda ronda fue eliminado por el Benfica.

Ya con Arsène Wenger en el banquillo y dentro del marco de la Liga de Campeones el Arsenal tampoco ha brillado. No ha sido un habitual de las últimas rondas. Excepto en el 2006, año en el que perdió la final ante el FC Barcelona, las decepciones europeas han sido tónica habitual en Highbury. Tan sólo en dos ocasiones ha alcanzado los cuartos de final. En 2001 perdió ante el Valencia y en 2004 ante el Chelsea. Además en cuatro de nueve participaciones no consiguió pasar de la fase de grupos.

NUEVOS AIRES. Esta falta de brillo en los torneos continentales y, sobre todo, las derrotas en las finales europeas han creado una cierta aura de perdedor o eterno aspirante alrededor del Arsenal. Prácticamente es el único de los grandes de Inglaterra que no ha vivido sus días de vino y rosas en Europa. Liverpool, Manchester United, Aston Villa,Tottenham Hotspur, Everton e incluso equipos más modestos como el Nottingham Forest o el propio Chelsea han sumado títulos continentales y, sobre todo, han protagonizado grandes gestas europeas. El Arsenal se aferra con vigor a esa Recopa ganada al Parma gracias a un solitario gol de Alan Smith.

Esa fama de eterno aspirante que tienen los gunners también ha sido ganada a pulso a nivel doméstico. Es difícil encontrar un equipo con tantos segundos puestos. Ocho en Liga -cinco de ellos en la etapa Wenger– siete en FA Cup y Charity Shield, cuatro en Copa de la Liga, dos en Recopa, uno en Liga de Campeones y otro en la Supercopa de Europa. Esta Supercopa de Europa de la temporada 1994-95 es el único enfrentamiento a ida y vuelta que han tenido Arsenal y AC Milan. En aquella ocasión, como en ésta, los italianos contaban con el factor campo a su favor, por entonces por ser el vigente Campeón de Europa. Al igual que hace dos semanas, los rossoneri arrancaron un 0-0 en la ida. En la vuelta ganaron por 2-0.

Si la diferencia en términos de jerarquía europea es notable a favor de los rossoneros. Si dejamos la historia a un lado y nos centramos en el presente de las plantillas, otra diferencia salta a la vista. La edad media de ambos equipos. El AC Milan presenta una media de edad de 30 años mientras que el Arsenal tiene una de 24. Mirando los onces iniciales de la ida, el Arsenal tan sólo alineó a dos mayores de 30 años -Lehmann y Gallas- mientras que el Milan a siete. Tras la final derrota ante el FC Barcelona, el Arsenal apostó por la reconstrucción total. Ya venía anunciándolo pero tras la final de París fue una realidad. Cole, Pirés, Ljumberg, Henry, Cambell y Bergkamp habían cumplido su ciclo. Los Hbleb, Fábregas, Eboué, Senderos y Van Persie pedían su hueco. Antecediendo a otros habituales de Wenger en este curso como Adebayor, Bacary, Bendtner, Walcott, Diaby o Song. Por su parte, los de Milanello a penas han renovado el bloque ni tampoco han apostado por rejuvenecerlo durante toda la etapa de Ancelotti. Salvo la llegada de Kaká, Gilardino y la más reciente de Pato, el resto de fichajes han sido de jugadores consolidados y veteranos. Nesta, Seedorf, Favalli, Cafú, Emerson, Inzaghi y Ronaldo son buen reflejo de esta política de fichajes. La jerarquía y la veteranía del AC Milan de Carlo Ancelotti convierte al cuadro rossonero en uno de los rivales a evitar en Liga de Campeones.

PRECEDENTES. Como ya hemos dicho, el único enfrentamiento en competiciones europeas entre Arsenal y AC Milan es el de la Supercopa de 1994. Boban y Massaro hicieron los goles que dieron el título al Milan en el partido de vuelta disputado en San Siro el 8 de febrero de 1995. En lo que se refiere a enfrentamientos del Arsenal con equipos italianos y del Milan con ingleses, los londinenses presentan mejores números. Las cinco veces que se ha medido a escuadras transalpinas en eliminatorias a ida y vuelta ha pasado. Su balance en Europa ante los italianos es de diez victorias, ocho empates y cinco derrotas. Nunca ha ido a Italia con un 0-0 en la ida, excepto en el enfrentamiento con el Milan en la Supercopa de Europa. La única vez que llevó un empate (1-1) fue ante la Juventus, a quién derrotó en Turín por 0-1 en la Recopa de 1980. La única visita del Arsenal de Wenger al Guiseppe Meazza en Liga de Campeones se saldó con un rotundo 1-5 que sirvió para clasificar a los gunners a octavos de final a costa del Inter.

La estadística del AC Milan ante conjuntos ingleses es favorable a los italianos en lo que se refiere a eliminatorias a ida y vuelta. Ha pasado en seis ocasiones y ha caído en tres. A lo que hay que sumar una Recopa ganada en 1973 al Leeds United. Nueve victorias, ocho empates y nueve derrotas. Tan sólo una vez regresó de las islas con un 0-0. Fue en la primera ronda de la Copa de la Uefa de la temporada 1974-75 y su rival, el Everton. El cuadro rossonero se impuso en la vuelta por 1-0 y se clasificó para la siguiente ronda.

Teorías jerárquicas y cuentas de la vieja a parte, esta noche –20.45 horas/Canal + Deportes- sobre el césped de San Siro se planteará todo un duelo generacional. La vieja guardia de Europa, encarnada por el AC Milan y en su eterno capitán Paolo Maldini, mide fuerzas con el nuevo y joven Arsenal. ¿Jóvenes y sobradamente preparados? La respuesta, esta noche.

Datos del artículo: 
Autor: Carlos A.S.
Fecha de publicación: 03 de marzo de 2008. 
Fuentes: Uefa, RSSSF, Goal.com, BBC, Soccer Base, Pasión Rossonera, AC Milan y Arsenal.
Fotografía: Uefa
 
Hilo musical: The Black Crowes: Warpaint [Silver Arrow, 2008] y The Southern Harmony and Musical Companion [Def American, 1992]; The Faces: Long Player [Warner Bross, 1971].